El Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación entregó a la Auditoría Superior de la Federación un inventario de bienes muebles por 864 millones 634 mil 394 pesos al cierre de la Cuenta Pública 2025. Esta cifra incluye una flotilla de vehículos blindados, mobiliario de diseñador, obras de arte, equipo de gimnasio y dispositivos tecnológicos como drones y lentes de realidad virtual. El reporte detalla gastos concretos que superan los estándares habituales en dependencias públicas y plantea interrogantes sobre la asignación de recursos en un órgano encargado de resolver controversias electorales.
La flotilla vehicular como primer ancla de gasto
El rubro más cuantioso corresponde a 22 automóviles eléctricos modelos 2025 y 2026 valuados entre 457 mil y 484 mil pesos cada uno, además de camionetas japonesas de 702 mil 600 pesos y tres vehículos estadounidenses blindados de 1.6 millones de pesos por unidad. Los sistemas de blindaje para Suburban y Tahoe oscilan entre 1.1 y 1.2 millones adicionales por vehículo. Estos montos acumulan casi 98 millones de pesos en un solo ejercicio fiscal. La adquisición simultánea de unidades de alta gama en un tribunal que no realiza patrullajes ni operaciones de campo genera cuestionamientos sobre la proporcionalidad entre función institucional y nivel de equipamiento.
La justificación implícita suele remitir a protocolos de seguridad para magistrados. Sin embargo, la ausencia de desglose detallado sobre amenazas específicas que justifiquen blindaje de esa magnitud debilita esa línea argumental. Comparaciones con tribunales electorales estatales muestran que la mayoría opera con vehículos estándar sin adaptaciones de ese costo, lo que sugiere que el estándar adoptado por el TEPJF responde a decisiones internas más que a lineamientos uniformes del Poder Judicial.
Mobiliario de diseñador y obras de arte como segundo ancla
El inventario registra libreros modelo inglés de 218 mil 550 pesos, mesas de juntas de 213 mil 433 pesos y escritorios ejecutivos Kent que alcanzan 142 mil 917 pesos por pieza. En paralelo, se declararon dos esculturas de 154 mil y 100 mil pesos respectivamente, además de una pintura decorativa de 80 mil pesos. El total en arte y objetos decorativos asciende a 2.2 millones de pesos. Estos bienes se distribuyen en pasillos y oficinas sin que exista una política pública de adquisición de patrimonio artístico para tribunales electorales.

La presencia de piezas de la firma López Morton en el inventario indica una preferencia por proveedores de alto perfil. Desde la perspectiva de la ASF, estos rubros deben someterse a criterios de austeridad republicana establecidos en leyes secundarias. Desde la óptica del TEPJF, el equipamiento busca proyectar una imagen de institucionalidad ante litigantes y observadores internacionales. Ambas posturas colisionan cuando se contrasta el monto con el presupuesto anual destinado a capacitación de funcionarios electorales en entidades federativas.
Equipo de gimnasio y tecnología como tercer ancla
A pesar de no contar con un área oficial de ejercicio físico, el tribunal reportó caminadoras Precor, Life Fitness y True de hasta 102 mil 80 pesos cada una, dos elípticos de 52 mil 971 pesos y cinco bicicletas de spinning. En el rubro tecnológico se adquirieron drones Phantom de 105 mil 581 y 56 mil 468 pesos, junto con cinco lentes Meta Quest 3 de 14 mil 848 pesos por unidad. Estos equipos se clasificaron bajo el rubro de seguridad, aunque su uso operativo no aparece detallado en los programas anuales de trabajo.
La adquisición de realidad virtual en un tribunal especializado en materia electoral resulta particularmente llamativa. Organismos internacionales como la Organización de Estados Americanos han señalado que los recursos destinados a tecnología deben alinearse con necesidades de conteo de votos, transmisión de resultados y capacitación ciudadana, no con equipamiento de oficina de uso individual. La falta de evidencia sobre el aprovechamiento de estos dispositivos abre espacio a interpretaciones de gasto discrecional.
Perspectivas de los actores involucrados
La ASF recibe el informe como parte de sus facultades de fiscalización posterior y puede emitir observaciones que deriven en recomendaciones o, en casos de irregularidad, en denuncias ante la Fiscalía Especializada en Combate a la Corrupción. Organizaciones de la sociedad civil dedicadas a transparencia, como México Evalúa, han documentado que los tribunales electorales locales presentan inventarios significativamente más modestos, lo que refuerza la percepción de asimetría. Por su parte, legisladores de oposición han anunciado solicitudes de comparecencia de magistrados para explicar la justificación presupuestal.
Desde el interior del TEPJF se argumenta que la modernización de activos responde a la necesidad de mantener condiciones dignas de trabajo para personal de alto nivel y de garantizar la integridad física de quienes resuelven controversias de alto perfil. Esta postura choca con la realidad presupuestaria de otras áreas del Poder Judicial que operan con restricciones más estrictas tras la reforma de 2024.
Riesgos institucionales y proyecciones futuras
La acumulación de bienes de lujo en un órgano cuya función principal es la resolución de conflictos electorales puede erosionar la confianza ciudadana en momentos de alta polarización política. Estudios del Banco Mundial sobre gobernanza judicial indican que la percepción de opulencia en tribunales reduce la legitimidad de sus resoluciones, independientemente de su calidad técnica. Si la ASF emite observaciones relevantes, el TEPJF podría enfrentar procesos de revisión presupuestal más rigurosos en ejercicios subsecuentes.
A mediano plazo, la discusión podría derivar en propuestas legislativas que limiten el margen de discrecionalidad en adquisiciones de bienes muebles para órganos autónomos. La experiencia de otros países latinoamericanos muestra que auditorías exhaustivas de este tipo suelen preceder reformas de austeridad que afectan tanto el nivel de equipamiento como la capacidad de retención de personal calificado. El equilibrio entre funcionalidad institucional y rendición de cuentas seguirá siendo el eje central del debate en los próximos ciclos presupuestales.
