El dólar abrió el 1 de julio de 2026 a 17.54 pesos por unidad según datos de Investing, mientras el peso mexicano registraba una ganancia acumulada de 0.37 % en los últimos siete días. La divisa local inició el mes con pérdidas en un ambiente de cautela vinculado a reportes sobre la posible no renovación del T-MEC por parte de Estados Unidos.
El tipo de cambio promedio en ventanilla se ubicó en 17.42 pesos, con precios de compra de 17.11 y venta de 17.73. En los principales bancos las cotizaciones mostraron variaciones: Banorte reportó 16.25-17.85, BBVA 16.62-17.75 y Banamex 16.93-17.91. El Diario Oficial de la Federación fijó el tipo de cambio en 17.46 pesos.
Efectos sectoriales concretos
La presión sobre el peso afecta de inmediato a importadores de insumos intermedios, que enfrentan costos más altos en dólares. Sectores como el automotriz y el electrónico, que dependen de cadenas de suministro integradas bajo el T-MEC, ven reducida su margen de maniobra. Por el contrario, exportadores de productos terminados en dólares obtienen un beneficio temporal en sus ingresos reportados en pesos, aunque este efecto se diluye si los volúmenes de venta caen por menor demanda estadounidense.

El alza de los Cetes a 28 días hasta 6.30 % refleja la respuesta del mercado de deuda ante la incertidumbre comercial. Esta elevación encarece el financiamiento para empresas medianas que dependen del crédito local y reduce el atractivo de invertir en proyectos de largo plazo en territorio mexicano.
Tres lecturas estructurales
La primera lectura apunta a que la revisión del T-MEC ya no es solo un ejercicio técnico, sino un instrumento de presión política. Si Estados Unidos decide mantener el tratado bajo revisión continua hasta 2036, las decisiones de inversión extranjera directa se pospondrán, especialmente en sectores que requieren certidumbre contractual de al menos una década. Esta dinámica ya se observó entre 2017 y 2019, cuando la renegociación inicial redujo la llegada de capitales manufactureros en un 12 % según datos de la Secretaría de Economía.
La segunda lectura se refiere al efecto sobre la inflación importada. Un peso más débil eleva el precio de bienes intermedios y de consumo final provenientes de Asia y Europa. Aunque el Banco de México cuenta con reservas y una política restrictiva, el traspaso a precios internos podría alcanzar entre 0.4 y 0.7 puntos porcentuales adicionales en el segundo semestre si la depreciación se sostiene por encima de 17.80 pesos.
La tercera lectura destaca la asimetría entre grandes corporaciones y pequeñas empresas. Las primeras pueden cubrir su exposición cambiaria mediante derivados o renegociar contratos con proveedores estadounidenses. Las segundas carecen de acceso a instrumentos financieros sofisticados y absorben el impacto completo en márgenes de utilidad, lo que acelera procesos de consolidación o salida del mercado en sectores como el textil y el agroindustrial.
Perspectivas de los actores involucrados
El gobierno mexicano prioriza la extensión del T-MEC por 16 años adicionales para blindar la certidumbre jurídica. Sin embargo, la postura de Washington de evaluar el tratado bajo revisión comercial permanente genera fricción en las negociaciones bilaterales. Los empresarios canadienses, por su parte, observan con atención cualquier señal de fragmentación del bloque, ya que una ruptura tripartita complicaría sus cadenas de suministro hacia el sur.
Los inversionistas institucionales extranjeros han reducido su posición en bonos mexicanos de duración media, según flujos reportados por el Banco de México en junio. Esta salida selectiva de capitales de cartera presiona adicionalmente al tipo de cambio y obliga al gobierno a ofrecer rendimientos más altos para colocar nueva deuda.
Escenarios futuros y riesgos
Si las negociaciones sobre el T-MEC avanzan con señales positivas antes de septiembre, el peso podría recuperar terreno hacia 17.20-17.30 pesos. En cambio, un estancamiento prolongado o declaraciones hostiles desde Washington elevarían la probabilidad de que el tipo de cambio supere 18.00 pesos en el cuarto trimestre. Los datos de empleo estadounidense y la confianza del consumidor seguirán siendo variables clave que amplifiquen o atenúen estas oscilaciones.
El riesgo geopolítico en Medio Oriente añade una capa adicional de volatilidad. Cualquier escalada que eleve el precio del petróleo incrementaría los ingresos petroleros de México, pero también presionaría los precios internos de combustibles y fertilizantes, complicando el balance fiscal y la política monetaria. La combinación de incertidumbre comercial y shocks energéticos externos representa el escenario de mayor riesgo para la estabilidad cambiaria en los próximos seis meses.
Las empresas que operan bajo el T-MEC deben evaluar escenarios de diversificación geográfica de proveedores y clientes. Aquellas que mantengan una exposición excesiva al mercado estadounidense sin coberturas adecuadas enfrentarán márgenes comprimidos y posibles recortes de personal si la depreciación se prolonga.
