Para una pareja jubilada que gasta USD 500 al mes en alimentos, vivir en un estado que no grava los comestibles puede representar un ahorro anual de entre USD 300 y USD 500. La diferencia adquiere peso en hogares que dependen del Seguro Social o de una pensión fija, porque se acumula en cada compra y no depende de decisiones extraordinarias de consumo.
Cinco estados sin impuesto estatal
Alaska, Delaware, Montana, New Hampshire y Oregon no aplican un impuesto estatal general sobre las ventas. Sin embargo, la exención no tiene el mismo alcance. Delaware y Oregon son los únicos de la lista sin un impuesto estatal general a las compras minoristas ni un gravamen local amplio al consumo, por lo que el cargo en el supermercado suele ser de 0%. En Alaska, los gobiernos locales pueden imponer sus propias tasas e incluso incluir los alimentos.

La alternativa más extendida es eximir los alimentos no preparados aunque exista un impuesto general. Texas y Florida aplican ese modelo; Nevada también deja fuera del impuesto estatal a los comestibles y los medicamentos. Con una tasa hipotética del 6% sobre USD 6.000 de compras anuales, el costo sería de unos USD 360. Una tasa cercana al 8% elevaría la carga a aproximadamente USD 480.
El panorama cambió recientemente: Oklahoma eliminó el impuesto estatal a los comestibles en 2024, mientras Arkansas e Illinois lo hicieron desde el 1 de enero de 2026. En los tres estados, no obstante, pueden continuar vigentes los impuestos locales. Por eso, la tasa de la ciudad o el condado puede modificar de forma relevante el ahorro anunciado a nivel estatal.
Para elegir un destino de retiro, el impuesto a la comida debe compararse con el costo de vivienda, salud y transporte, además del tratamiento fiscal de pensiones y cuentas 401(k). Antes de mudarse, conviene verificar qué productos están exentos y calcular la tasa local: un recargo de apenas 1% o 2% puede representar hasta USD 120 anuales sobre ese mismo presupuesto de alimentos.
