EE.UU. impulsó el alza global de emisiones de CO2 en 2025

Estados Unidos concentró más de un tercio del incremento mundial de emisiones de dióxido de carbono procedentes del sector energético durante 2025, según el informe anual publicado el 30 de junio por el Instituto de Energía en colaboración con Ember, Kearney y KPMG. El repunte, atribuido principalmente al encarecimiento del gas natural, rompió una década de reducciones sostenidas en el país y contrastó con la trayectoria de otras grandes regiones emisoras.

Las emisiones globales del sector energético alcanzaron 35.806 millones de toneladas métricas de CO2, un aumento del 1,1 % respecto al año anterior. Aunque el crecimiento fue modesto en términos porcentuales, su distribución geográfica resultó muy desigual: la mayor parte del alza se originó en un solo país que venía registrando descensos anuales promedio del 0,7 % desde 2015.

El retorno al carbón por motivos de precio

El consumo de carbón en Estados Unidos creció un 10 % en 2025. Este salto se explica por un mecanismo de mercado conocido como sustitución de combustible: cuando el precio del gas natural supera cierto umbral, las centrales eléctricas que disponen de capacidad de carbón optan por este último, más barato en ese momento, aunque emita aproximadamente el doble de CO2 por unidad de energía generada. El informe señala que el encarecimiento del gas se debió a un aumento simultáneo de la demanda en Europa, Oriente Medio y América del Norte, que tensionó los mercados internacionales y elevó los precios.

La infraestructura de generación con carbón todavía existente en Estados Unidos permitió una respuesta rápida a esa señal de precio. A diferencia de Europa, donde el consumo de carbón ha descendido de forma estructural gracias a políticas de cierre de plantas y expansión renovable, el sistema norteamericano conservó suficiente capacidad de respaldo fósil para revertir temporalmente su trayectoria de descarbonización.

Comparación regional: trayectorias divergentes

China, el mayor emisor absoluto, registró un aumento del 0,7 % en sus emisiones energéticas. Aunque sigue siendo el principal contribuyente global, su ritmo de crecimiento fue inferior al de Estados Unidos y muy inferior a los registros de las décadas anteriores. Europa, por su parte, limitó el incremento al 0,5 %, a pesar del mismo encarecimiento del gas. El bloque compensó parte de la mayor demanda con renovables y mantuvo la tendencia de reducción del carbón iniciada años atrás.

El contraste entre estas tres regiones muestra que el aumento global no fue homogéneo. Un único país, que representaba una fracción decreciente de las emisiones mundiales, concentró una porción desproporcionada del crecimiento en 2025. Esta concentración plantea interrogantes sobre la resiliencia de las políticas climáticas ante fluctuaciones de precios de los combustibles fósiles.

El avance de las renovables y los límites del sistema

La generación renovable creció un 9,1 % a nivel mundial, liderada por la energía solar, cuya producción aumentó un 30 %. Por primera vez fuera del período de la pandemia, la combinación de eólica y solar aportó más nueva capacidad al sistema global que cualquier combustible fósil individual. Toda la electricidad adicional generada en 2025 provino de fuentes de bajo carbono.

Sin embargo, el carbón, el petróleo y el gas alcanzaron máximos históricos de consumo absoluto. La demanda eléctrica mundial creció un 3 %, impulsada por vehículos eléctricos, centros de datos e inteligencia artificial. Estos últimos consumieron 788 TWh, equivalentes al 2 % de la demanda global y al 15 % del incremento registrado ese año. El sistema energético, por tanto, crece simultáneamente en todas sus dimensiones: las tecnologías limpias avanzan, pero el aumento de la demanda impide una reducción neta de los combustibles fósiles.

Implicaciones para la transición energética

El episodio de 2025 ilustra la sensibilidad de las emisiones a las señales de precio en mercados donde persiste capacidad instalada de combustibles fósiles. Mientras la expansión renovable continúa, la volatilidad de los precios del gas puede generar reversiones temporales en países que no han completado el cierre ordenado de plantas de carbón. Europa y China muestran trayectorias distintas, pero ninguna de ellas está exenta de riesgos si la demanda eléctrica sigue acelerándose por la electrificación del transporte y el crecimiento de los centros de datos.

El informe del Instituto de Energía subraya que la transición energética no consiste únicamente en añadir capacidad limpia, sino también en gestionar la reducción estructural de los activos fósiles más intensivos en carbono. El caso estadounidense de 2025 demuestra que, sin esa reducción, los avances renovables pueden verse parcialmente neutralizados por episodios de sustitución de combustible inducidos por el mercado.

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