El Ateneo reconoce la trayectoria de Catón

La conmemoración por los 50 años de egreso de la Generación 109 del Ateneo Fuente se convirtió en un reconocimiento a la trayectoria de Armando Fuentes Aguirre, conocido públicamente como Catón. Durante el acto, celebrado en Saltillo, el empresario y exdirigente nacional de la Cámara de Comercio, Jorge Dávila Flores, destacó la influencia del escritor en la educación, el periodismo, la cultura y la formación cívica de varias generaciones.

Una ceremonia marcada por la memoria

La reunión convocó a mujeres y hombres que concluyeron sus estudios en el plantel hace medio siglo. El encuentro tuvo como eje la permanencia de los vínculos construidos durante la etapa escolar y la identidad compartida por quienes pasaron por una de las instituciones educativas más antiguas de Saltillo y del estado de Coahuila.

El Ateneo Fuente fue fundado en 1867, en el contexto de la consolidación del proyecto liberal impulsado por la Reforma. Desde entonces, sus aulas han estado asociadas con la formación académica y con la discusión de asuntos públicos. La institución lleva el nombre de Juan Antonio de la Fuente, abogado y diplomático saltillense que ocupó la Secretaría de Relaciones Exteriores durante el gobierno de Benito Juárez.

La trayectoria de De la Fuente también está ligada a una conocida respuesta dirigida al emperador francés, a quien habría advertido: “No luchéis contra mi patria. Mi patria es invencible”. Esa referencia histórica forma parte de la tradición cívica con la que el Ateneo ha construido su identidad y explica el uso habitual del calificativo “glorioso” para referirse al plantel.

El homenaje a una voz influyente

Jorge Dávila Flores tomó la palabra durante la ceremonia y sostuvo que el acto no estaría completo sin reconocer a una persona cuya vida ha dejado huella en distintos ámbitos de la vida nacional. En su intervención describió a Armando Fuentes Aguirre como una voz respetada, inteligente y cercana, capaz de convertir la palabra en una herramienta de enseñanza y la crítica en un ejercicio de reflexión.

Dávila Flores atribuyó a Catón una influencia que trasciende la publicación de textos y columnas. De acuerdo con su testimonio, el escritor acompañó a generaciones enteras en momentos decisivos de su formación y contribuyó a orientar a estudiantes con firmeza, sensibilidad y una marcada vocación humanista. “Catón no solamente educó estudiantes: ayudó a formar mujeres y hombres de bien”, afirmó.

El reconocimiento también se relaciona con la trayectoria pública de Dávila Flores. Empresario y expresidente nacional de la Cámara de Comercio, se le atribuye la creación de El Buen Fin, campaña comercial que cada año busca estimular el consumo mediante promociones y descuentos, con participación de establecimientos y consumidores en todo el país.

La identidad ateneísta como vínculo permanente

Fuentes Aguirre recordó que en otra ocasión expresó que no existen “exateneístas”, porque quien alguna vez fue ateneísta conserva esa condición para siempre. La frase, según relató, se volvió proverbial y volvió a escucharse durante la reunión de la Generación 109.

La permanencia de esa expresión revela el peso que la institución mantiene en la memoria de sus antiguos alumnos. Más que una denominación académica, el término funciona como una identidad compartida que se reactiva en los reencuentros y en los homenajes. La ceremonia, por ello, no se limitó a recordar una fecha de egreso: también puso en primer plano la relación entre la experiencia escolar, la vida profesional y el sentido de pertenencia.

La respuesta personal de Catón

En su columna, Fuentes Aguirre explicó que decidió reproducir las palabras de Dávila Flores pese a que podían parecer contrarias a la modestia. La justificación, señaló, tiene un carácter personal: se describió como un niño inseguro, un adolescente aún más inseguro y un adulto que conserva esa sensación hasta el presente.

El escritor afirmó que no posee la confianza en sí mismo que suelen promover los libros de superación personal y que ha recorrido la vida con una sensación constante de incertidumbre. También señaló que esa experiencia no le resulta exclusiva, pues conoce a otros escritores que enfrentan inseguridades semejantes.

Desde esa perspectiva, el homenaje adquiere un significado distinto. No se presenta únicamente como una distinción pública, sino como una palabra de aliento recibida en un momento determinado. Fuentes Aguirre agradeció a Dávila Flores por haber pronunciado el mensaje y a los lectores por conocerlo, al considerar que ese gesto le ayuda a continuar su camino profesional y personal.

El humor como cierre de la columna

La pieza mantiene el tono característico de Catón y combina la reflexión autobiográfica con relatos breves de humor. Al inicio presenta una anécdota sobre una pareja que, después de pasar dos días en un hotel de playa, recibe un cobro calculado por persona. El novio entrega dos mil pesos, mientras su acompañante le recuerda en voz baja que la estancia había durado seis días, remate que el autor presenta como una muestra irónica de honradez.

Más adelante incluye la historia de Don Ruguito, un hombre mayor que intenta encontrar un lugar para satisfacer una necesidad menor y habla con ternura a la parte de su cuerpo que identifica como “chita”, término utilizado en la comarca donde vive para referirse de forma abreviada a una muchachita. El texto concluye con Empédocles Etílez, quien llega a casa de madrugada y explica a su esposa que las cantinas cierran precisamente a esa hora.

La combinación de homenaje, memoria institucional, vulnerabilidad personal y humor resume el estilo con el que Catón ha construido una relación duradera con sus lectores. En el marco del aniversario de la Generación 109, el reconocimiento del Ateneo Fuente subrayó tanto su vínculo con la institución como la influencia que sus palabras han ejercido dentro y fuera de las aulas.

Artículos relacionados

Últimos artículos