El Banco Central Europeo (BCE) se encamina a elevar sus tasas en 25 puntos básicos la próxima semana, según ING, en el que sería el segundo aumento del año. La decisión responde principalmente al repunte de la inflación energética: se prevé que el índice general permanezca por encima del 3% interanual durante el resto de 2026.
La economía de la eurozona, sin embargo, ha mostrado una resistencia mayor de la esperada frente a la guerra en Oriente Medio. El impulso procede en parte de los estímulos fiscales ya aprobados y de la reasignación de pedidos hacia empresas europeas tras el cierre del estrecho de Ormuz. La inflación subyacente y la de servicios todavía no reflejan una presión suficientemente intensa como para hablar de un sobrecalentamiento.

El dilema después de septiembre
Tras el alza prevista, la tasa de depósito quedaría en el 2,5%, dentro del rango que el propio BCE considera neutral. ING anticipa revisiones moderadas al alza en las previsiones de crecimiento e inflación, apoyadas por una mejora previa del crecimiento del primer trimestre y por el encarecimiento del petróleo. Los mercados ya descuentan al menos otro incremento antes de fin de año, aunque la continuidad del ciclo está lejos de estar decidida.
La división interna añade incertidumbre. Isabel Schnabel y el gobernador del banco central irlandés, Gabriel Makhlouf, han mostrado disposición a endurecer más la política monetaria. No obstante, el economista Carsten Brzeski advierte que ir por encima del nivel neutral implicaría asumir que la economía necesita una política restrictiva, una conclusión difícil de justificar cuando el repunte de precios proviene sobre todo de un choque de oferta.
El aumento de los rendimientos de los bonos también será central en el debate. Al encarecer el financiamiento, ya está endureciendo las condiciones monetarias sin nuevas decisiones del BCE; pero si ese ajuste se vuelve excesivo o desigual entre países, podría agravar los problemas fiscales y elevar el riesgo de recesión. La deuda pública, las elecciones presidenciales francesas de 2027 y la futura sucesión de Christine Lagarde harán más delicado el equilibrio entre controlar la inflación y no alimentar la inestabilidad financiera.
