El Banco Central Europeo estudia elevar del 1% al 2% el coeficiente de reservas mínimas que los bancos deben mantener en cuentas sin remuneración. Según seis fuentes consultadas por Reuters, la medida busca reducir los desembolsos anuales que el Eurosistema realiza sobre el exceso de liquidez, actualmente valorado en 2,16 billones de euros y remunerado al 2,25%. Esta propuesta, aún en fase preliminar, podría adoptarse en otoño como parte de la revisión del marco operativo.
Los cálculos internos indican que duplicar las reservas obligatorias —que pasarían de 173.560 millones a aproximadamente 347.000 millones de euros— recortaría en casi 4.000 millones de euros la factura anual de intereses que pagan los bancos centrales. El ajuste llega tras el reciente aumento de la tasa de depósito desde el 2% hasta el 2,25%, impulsado por las tensiones inflacionarias derivadas del conflicto con Irán.
Impacto directo sobre la rentabilidad bancaria
Los bancos comerciales verían congelada una porción adicional de sus depósitos sin percibir intereses. Aunque el sector ha registrado beneficios récord en 2024 y 2025, el encarecimiento del pasivo no remunerado podría reducir márgenes en entidades con elevada dependencia de depósitos minoristas, especialmente en Alemania y Países Bajos. El Bundesbank, que ya escalona pérdidas a lo largo de varios ejercicios, obtendría un alivio inmediato al disminuir el volumen de liquidez excedentaria sobre la que paga el 2,25%.

El precedente de 2012, cuando el BCE redujo el coeficiente del 2% al 1% en plena crisis de deuda, muestra que un movimiento en sentido contrario puede contraer la capacidad de préstamo si no se acompaña de otras facilidades de liquidez. Las entidades medianas, con menor acceso a mercados mayoristas, podrían verse obligadas a ajustar sus planes de crédito hipotecario y empresarial.
Tres implicaciones estructurales
Primero, la medida refuerza el control de la liquidez sin necesidad de nuevas subidas de tipos. Al absorber parte del exceso generado por los programas de compra de bonos de la década pasada, el BCE reduce la presión sobre su propio balance y limita el riesgo de que los bancos centrales nacionales deban solicitar recapitalización a sus gobiernos. Segundo, el cambio introduce un sesgo contractivo permanente que podría endurecer las condiciones financieras incluso si la tasa de depósito se estabiliza. Tercero, la decisión podría acelerar la fragmentación entre bancos con distintos niveles de exceso de reservas, favoreciendo a las entidades más eficientes en la gestión de colateral.
Estas tres líneas de efecto no son independientes: la reducción de liquidez excedentaria fortalece la transmisión de la política monetaria, pero también eleva el costo de oportunidad del crédito en un momento en que la zona euro busca sostener el crecimiento tras la desaceleración de 2025.
Perspectivas de los distintos actores
El BCE prioriza la sostenibilidad de su balance y la credibilidad ante los gobiernos, que han visto mermados los dividendos procedentes de los bancos centrales. Los bancos centrales nacionales con mayores pérdidas —Bundesbank, Banque de France y De Nederlandsche Bank— apoyan la medida por su impacto inmediato en las cuentas. Los gobiernos, por su parte, observan con atención cualquier iniciativa que evite transferencias adicionales desde los presupuestos públicos. En el lado opuesto, las asociaciones bancarias europeas han advertido que un aumento abrupto podría encarecer el crédito a pymes y hogares, especialmente en países donde los depósitos constituyen la principal fuente de financiación estable.
Riesgos y tendencias futuras
Un riesgo evidente es la contracción del crédito en un entorno de crecimiento moderado. Si los bancos trasladan el costo del mayor encaje a los tipos de interés aplicados a clientes, la demanda de préstamos podría debilitarse más de lo previsto. Otro riesgo radica en la posible migración de depósitos hacia instrumentos fuera del perímetro regulatorio, como fondos del mercado monetario, lo que complicaría el control de la liquidez agregada. A más largo plazo, la revisión del marco operativo prevista para este año podría incorporar mecanismos compensatorios, como facilidades de liquidez a plazo o ajustes en las operaciones de mercado abierto, para mitigar los efectos secundarios del aumento de reservas.
La decisión que se adopte en otoño marcará el tono de la política monetaria para los próximos dos años. Si el BCE opta por implementar el cambio de forma gradual, el sector bancario dispondrá de margen para adaptar sus balances; una aplicación rápida, en cambio, reforzaría la señal de endurecimiento pero aumentaría la probabilidad de tensiones en los mercados de financiación a corto plazo.
