El desempleo cae a 8,1% en Colombia, pero la calidad del empleo abre un nuevo debate

Colombia registró en julio de 2026 una tasa de desempleo de 8,1%, la más baja para ese mes en lo corrido del siglo XXI, según el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane). El indicador descendió 0,7 puntos porcentuales frente al 8,8% observado en julio de 2025, mientras la población ocupada aumentó en 578.000 personas hasta alcanzar 24,5 millones.

Una mejora que entra en la disputa política

La publicación de las cifras abrió de inmediato un debate político. El expresidente Gustavo Petro atribuyó el resultado a la política económica de su administración y aseguró, en su cuenta de X, que el dato representa un éxito del Gobierno que entregó. Gustavo Bolívar, exdirector del Departamento de Prosperidad Social, también destacó la creación de puestos de trabajo y calificó el comportamiento laboral como una “patria milagro”.

El dato permite a los sectores cercanos al anterior Gobierno defender una narrativa de recuperación del empleo. Sin embargo, la lectura de las estadísticas exige distinguir entre una reducción del número de desocupados y una transformación sostenida de las condiciones del mercado laboral. La cifra nacional es favorable, pero convive con altos niveles de informalidad, brechas de género y fuertes diferencias territoriales.

Más ocupados, con protagonismo del trabajo por cuenta propia

La reducción de desempleados fue de 160.000 personas, equivalente a una caída anual de 6,9%. Al mismo tiempo, la tasa global de participación pasó de 64,6% a 64,8%, y la tasa de ocupación subió de 58,9% a 59,5%. Esto indica que el resultado no provino principalmente de una salida de personas del mercado laboral: hubo más población buscando empleo y también más población trabajando.

La composición de ese crecimiento es determinante. Los trabajadores por cuenta propia pasaron de 9,7 millones a 10,1 millones y explicaron 1,7 puntos porcentuales del aumento total de la ocupación. También crecieron los empleadores, los empleados públicos y los trabajadores particulares. El avance del trabajo independiente puede reflejar dinamismo emprendedor, pero también revela que una proporción relevante de la generación laboral no necesariamente se vincula a empleos asalariados estables, con protección social y capacidad de ingresos predecibles.

El Estado y los servicios lideraron la creación de empleo

Por ramas de actividad, administración pública y defensa, educación y atención de la salud humana aportaron conjuntamente 404.000 nuevos ocupados frente a julio de 2025. La concentración del aumento en estos sectores muestra el peso de los servicios, y especialmente de las actividades asociadas al Estado, en la expansión reciente del empleo.

En contraste, agricultura, ganadería, caza, silvicultura y pesca perdieron 204.000 puestos de trabajo, la mayor disminución sectorial del período. También se presentaron caídas en transporte, alojamiento y servicios de comida, actividades financieras y de seguros, y servicios públicos. La divergencia entre sectores importa porque limita una interpretación uniforme del dato: el mercado laboral mejora en el agregado, pero algunas actividades que sostienen economías regionales y empleo de menor calificación continúan bajo presión.

La brecha femenina persiste pese a la reducción

La tasa de desempleo de las mujeres fue de 10,1%, frente a 6,7% entre los hombres. Aunque la diferencia se redujo a 3,4 puntos porcentuales en comparación con julio de 2025, la distancia sigue siendo amplia. La mejora general, por tanto, no elimina una desigualdad estructural que condiciona el acceso femenino al empleo formal, la permanencia laboral y la autonomía económica.

Entre los jóvenes de 15 a 28 años, la desocupación llegó a 14,1% en el trimestre móvil mayo-julio. Esta tasa, superior al promedio nacional, confirma que la entrada al mercado laboral sigue siendo más difícil para la población joven, incluso en un contexto de expansión de la ocupación. El desafío no se limita a crear vacantes: requiere trayectorias laborales que permitan acumular experiencia, estabilidad e ingresos suficientes.

Las ciudades muestran una realidad menos favorable

En las 13 principales ciudades y áreas metropolitanas, el desempleo fue de 8,5%, ligeramente superior al 8,4% registrado un año antes. Quibdó presentó la mayor tasa, con 23%, seguida de Cartagena y Sincelejo, mientras Medellín reportó la menor cifra, con 7%. La mejora nacional se concentró en buena medida en cabeceras municipales distintas de las principales ciudades y en centros poblados y rural disperso.

La informalidad descendió en todos los dominios geográficos, aunque todavía representó 54,5% de los ocupados del país. Ese nivel establece el principal límite para celebrar el 8,1% como una solución completa: menos desempleo es una señal relevante, pero la sostenibilidad del avance dependerá de que la creación de puestos se traduzca en empleo formal, productivo y menos desigual entre territorios, edades y géneros.

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