El dólar en RD y sus impactos económicos para 2026

El cierre del dólar estadounidense en 59,28 pesos dominicanos el 26 de junio de 2026 refleja un movimiento que va más allá de una simple variación diaria. Este nivel representa un incremento del 2,37% frente al día anterior y se inserta en una trayectoria de depreciación gradual que el Banco Central proyecta hacia los 66,35 pesos en septiembre de 2026 y cerca de 69,15 pesos un año después. La volatilidad observada, situada en 15,81% frente a un promedio histórico de 11,19%, señala tensiones acumuladas que tienen raíces en la combinación de factores internos y externos.

Durante los últimos años, la economía dominicana ha mantenido un superávit en la cuenta de servicios gracias al turismo y las remesas, mientras que el déficit comercial de bienes se compensa parcialmente con inversión extranjera directa estimada entre 3,5% y 4% del PIB. Sin embargo, el presupuesto suplementario aprobado para 2025 elevó el gasto de capital en 0,4 puntos porcentuales del PIB, ampliando el déficit fiscal global hasta 3,5%. Esta decisión fiscal activa busca contrarrestar el crecimiento moderado, pero añade presión sobre la demanda de divisas cuando el país necesita financiar importaciones de bienes intermedios y de capital.

Antecedentes de la política cambiaria dominicana

El régimen de tipo de cambio administrado que aplica el Banco Central desde hace más de dos décadas ha permitido mantener una depreciación controlada, evitando saltos bruscos que podrían erosionar la confianza. No obstante, las decisiones simultáneas de la Reserva Federal estadounidense sobre tasas de interés generan efectos de contagio. Cuando la Fed mantiene una postura restrictiva más prolongada de lo esperado, el dólar se fortalece globalmente y acelera la salida de capitales de mercados emergentes como República Dominicana. Esta dinámica explica parte del repunte observado en junio de 2026.

El informe de UBS Financial Services añade una capa adicional de contexto: la aceleración del PIB real hacia el 4% en 2026 dependerá de tasas de interés más bajas y de un entorno internacional estable. Si la depreciación del peso avanza más rápido de lo proyectado, las importaciones de maquinaria y tecnología se encarecen, retrasando proyectos de inversión en energía y manufacturas que forman parte del plan de diversificación productiva.

Efectos sobre el sector turístico y las remesas

El turismo representa cerca del 8% del PIB dominicano y genera más de 300.000 empleos directos. Una depreciación moderada del peso puede abaratar el destino para visitantes estadounidenses y europeos, incrementando la ocupación hotelera. Sin embargo, cuando la volatilidad supera el 15%, los tour operadores reducen sus contratos de largo plazo por incertidumbre en los costos. En 2023, un episodio similar de inestabilidad cambiaria provocó la cancelación de reservas por valor de 120 millones de dólares en la zona de Punta Cana, según datos de la Asociación de Hoteles.

Las remesas, que superan los 10.000 millones de dólares anuales, también se ven afectadas. Los hogares receptores en Santiago y Santo Domingo experimentan un poder adquisitivo mayor cuando el dólar se fortalece, pero esta ganancia es temporal y puede desincentivar el ahorro en moneda local. El Banco Central ha advertido que una depreciación excesiva podría alimentar expectativas inflacionarias y erosionar el superávit primario proyectado en 0,5% del PIB para 2026.

Impacto en la deuda pública y la estabilidad fiscal

La deuda pública bruta se mantiene alrededor del 58% del PIB. Con tasas de interés más bajas anticipadas para 2026, el servicio de la deuda en pesos se aliviaría, pero cualquier aceleración de la depreciación eleva el costo de los pasivos denominados en dólares. El Ministerio de Hacienda ha fijado un déficit global de 3,2% del PIB para el próximo año; si el tipo de cambio supera las proyecciones del Banco Central, el componente de intereses en moneda extranjera podría absorber recursos destinados a infraestructura social.

Este escenario obliga a una coordinación más estrecha entre política fiscal y monetaria. Un ejemplo concreto es el programa de estabilización de precios de combustibles subsidiados, que consume parte importante del presupuesto. Si el dólar se mantiene por encima de 62 pesos durante varios trimestres, el subsidio se encarece y reduce el margen fiscal para inversiones en resiliencia climática, un riesgo señalado explícitamente por UBS.

Consecuencias de largo plazo para el desarrollo

La inversión extranjera directa en sectores como energía renovable y zonas francas depende de previsibilidad cambiaria. Empresas que evalúan proyectos de 200 millones de dólares en parques solares han condicionado su decisión a que el tipo de cambio no supere los 65 pesos en 2027. Una depreciación controlada dentro de los rangos proyectados por el Banco Central puede incluso favorecer la competitividad de las exportaciones de servicios, pero una aceleración desordenada ahuyenta capitales de largo plazo.

En el plano social, el encarecimiento de importaciones de alimentos y medicamentos afecta de manera desproporcionada a los hogares de menores ingresos. El índice de precios al consumidor ya muestra sensibilidad al tipo de cambio; cada 1% de depreciación adicional se traduce en un aumento de 0,3 puntos porcentuales en la inflación de alimentos según estimaciones del propio Banco Central. Mantener la estabilidad macroeconómica no es solo un objetivo técnico, sino una condición para preservar la cohesión social en un país donde la pobreza monetaria aún ronda el 23%.

El análisis de UBS concluye con una visión optimista siempre que se eviten eventos climáticos adversos y se preserve la gobernabilidad. Sin embargo, la volatilidad actual del mercado cambiario recuerda que la estabilidad no es automática: requiere consistencia entre el presupuesto fiscal, la política monetaria y la capacidad de absorber choques externos. República Dominicana tiene fundamentos sólidos en turismo y remesas, pero la forma en que gestione la transición hacia un tipo de cambio más alto definirá si el crecimiento del 4% proyectado para 2026 se traduce en desarrollo inclusivo o simplemente en mayor exposición a riesgos financieros.

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