El peso mexicano inició la jornada del viernes 7 de agosto de 2026 alrededor de 17.20 unidades por dólar, una cotización que volvió a colocar a la moneda nacional frente a uno de sus soportes técnicos más observados. La divisa recibió respaldo de la decisión del Banco de México (Banxico) de mantener sin cambios su tasa de referencia y de un reporte laboral de Estados Unidos que resultó considerablemente más débil de lo previsto.
La combinación de ambos factores redujo temporalmente la presión sobre el tipo de cambio. Mientras Banxico preservó el diferencial de tasas favorable para los activos denominados en pesos, las cifras de empleo estadounidense moderaron las expectativas de un endurecimiento adicional por parte de la Reserva Federal. Sin embargo, analistas advierten que la recuperación del peso todavía depende de la estabilidad financiera internacional y de la ausencia de nuevos episodios de aversión al riesgo.
Banxico prolonga la pausa monetaria
La Junta de Gobierno de Banxico decidió por unanimidad el jueves 6 de agosto mantener la tasa de interés en 6.50%. Con ello, el banco central extendió por segunda reunión consecutiva la pausa iniciada en junio, después de un periodo en el que el mercado había seguido con atención la trayectoria de la inflación y las condiciones financieras globales.
La autoridad monetaria también retrasó hasta el cuarto trimestre de 2027 su previsión para que la inflación converja de manera sostenida al objetivo de 3%. El ajuste refleja una valoración más cautelosa sobre la velocidad con la que disminuirán las presiones sobre los precios. Banxico reconoció que la inflación continúa moderándose, aunque a un ritmo más lento que el estimado previamente.
Entre los riesgos señalados por el banco central se mantienen la persistencia de la inflación subyacente, los conflictos internacionales y una eventual depreciación del peso. Estos elementos limitan el margen para reducir las tasas con rapidez, pero al mismo tiempo mantienen elevado el rendimiento relativo de los instrumentos mexicanos frente a los de economías desarrolladas.

El diferencial de tasas sostiene al peso
Felipe Mendoza, analista de mercados de EBC Financial Group, explicó que la decisión de Banxico conserva uno de los principales apoyos financieros para el peso: la diferencia entre las tasas de México y Estados Unidos. La Reserva Federal mantuvo el 29 de julio su rango objetivo entre 3.50% y 3.75%, mientras que la tasa mexicana permanece en 6.50%.
Este diferencial favorece las operaciones conocidas como carry trade, mediante las cuales los inversionistas buscan financiarse en monedas con tasas relativamente bajas para colocar recursos en activos que ofrecen mayores rendimientos. El flujo puede beneficiar al peso mientras persista la confianza en la economía mexicana y la volatilidad cambiaria permanezca contenida.
No obstante, la estrategia también puede revertirse con rapidez. Un cambio en las expectativas sobre las tasas estadounidenses, un deterioro de las condiciones globales o un aumento de la incertidumbre geopolítica puede provocar salidas de capital y presionar nuevamente al tipo de cambio. Por esa razón, el nivel de 17.20 pesos no representa por sí mismo una garantía de estabilidad, sino una referencia dentro de un mercado sensible a las noticias internacionales.
La inflación anual cae a 3.12%
Durante la mañana del viernes, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía reportó que la inflación general anual descendió a 3.12% en julio, desde 3.37% en junio. Se trata de su nivel más bajo en más de seis años. En términos mensuales, los precios al consumidor aumentaron apenas 0.03%.
La inflación subyacente se ubicó en 3.95% anual. Este indicador excluye algunos de los componentes más volátiles y es seguido con especial atención por Banxico porque permite observar con mayor claridad la persistencia de las presiones internas. Aunque el descenso de la inflación general mejora el panorama inmediato, el nivel de la subyacente ayuda a explicar la prudencia del banco central y la decisión de prolongar la pausa.
El resultado mantiene la inflación general dentro del rango de variabilidad establecido alrededor del objetivo puntual de 3%. Aun así, el retraso en la previsión de convergencia muestra que la autoridad monetaria no considera resuelto el problema inflacionario. La evolución de servicios, salarios y otros componentes internos será determinante para definir los próximos movimientos de la tasa.
Un informe laboral debilita al dólar
El segundo impulso para el peso llegó desde Estados Unidos. Las nóminas no agrícolas disminuyeron en 23 mil puestos durante julio, frente al incremento de aproximadamente 80 mil empleos que esperaba el mercado. La tasa de desempleo se ubicó en 4.1%, según el Buró de Estadísticas Laborales estadounidense.
La publicación del informe provocó una caída del dólar frente a varias de las principales monedas. El índice que mide su desempeño contra una canasta de divisas retrocedió alrededor de 0.46%, mientras los operadores redujeron sus apuestas sobre un eventual endurecimiento monetario de la Reserva Federal.
El dato fue relevante porque un mercado laboral más débil puede disminuir la presión para que la Reserva Federal mantenga una postura restrictiva. Sin embargo, un solo informe no determina por sí mismo la política monetaria. La autoridad estadounidense también evaluará la trayectoria de la inflación, el consumo y los próximos indicadores de actividad antes de modificar sus decisiones.
El soporte de 17.20 marca la jornada
Antes de conocerse las cifras de empleo, Mendoza había planteado dos escenarios para el dólar frente al peso. Un reporte laboral significativamente más sólido podía impulsar el tipo de cambio hacia 17.35 o 17.40 pesos por dólar. El resultado se movió en sentido contrario y reforzó la posibilidad de una apreciación adicional de la moneda mexicana.
En ese contexto, el analista ubicó en 17.10 e incluso 17.05 pesos las siguientes referencias potenciales si el soporte de 17.20 fuera rebasado de forma consistente. Se trata de una proyección técnica, no de un pronóstico garantizado. La liquidez disponible, la reacción de los mercados estadounidenses y cualquier acontecimiento geopolítico pueden modificar rápidamente la dirección del peso.
Energía y comercio, desafíos pendientes
Más allá del movimiento diario, México enfrenta retos que pueden influir en la fortaleza estructural de su moneda. Mendoza mencionó la incertidumbre asociada con las revisiones comerciales entre México, Estados Unidos y Canadá, la evolución de la inversión y la capacidad de la infraestructura energética para atender nuevos proyectos industriales.
La disponibilidad de electricidad se ha convertido en un factor central para transformar el nearshoring en inversión productiva. El plan eléctrico mexicano contempla aumentar la capacidad de generación en cerca de 30 gigawatts hacia 2030, además de ampliar las redes de transmisión y las subestaciones, de acuerdo con información recopilada por el Fondo Monetario Internacional.
Estas limitaciones no necesariamente generan una presión inmediata sobre el peso, pero sí pueden condicionar el crecimiento y la llegada de capital en los próximos años. Por ahora, el diferencial de tasas, la inflación descendente y la debilidad reciente del dólar favorecen a la moneda mexicana; su permanencia en niveles de 17 pesos dependerá de que esas condiciones se mantengan y de que los riesgos internos y externos no vuelvan a dominar la agenda financiera.
