El petróleo sube con fuerza ante la reanudación del conflicto entre Estados Unidos e Irán

Los precios del petróleo se encaminan a cerrar una semana de fuertes ganancias después de que Estados Unidos e Irán reanudaran los enfrentamientos militares, en un conflicto que se prolonga desde hace siete meses. Aunque el Brent retrocedía 0.15%, hasta 95.38 dólares por barril, y el West Texas Intermediate (WTI) bajaba 0.41%, a 90.93 dólares, ambos referentes acumulan avances semanales relevantes: 6.6% y 8.8%, respectivamente.

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El combustible amplifica el impacto

El principal foco de presión ya no está únicamente en el crudo. Los precios medios del gasóleo en Estados Unidos alcanzaron máximos históricos, afectados por la interrupción de suministros vinculada a la escalada entre Washington y Teherán y por los ataques ucranianos contra refinerías rusas. El encarecimiento del diésel tiene un efecto transversal: eleva los costos del transporte, la producción y la distribución, y puede trasladarse con rapidez a los precios al consumidor.

Claudio Galimberti, economista jefe de Rystad Energy, señaló que la exposición de todos los sectores al gasóleo ayuda a explicar el aumento de los rendimientos de los bonos del Tesoro estadounidense. Los mercados anticipan que una energía más cara mantendrá la inflación elevada durante más tiempo, lo que limita el margen de los bancos centrales para reducir las tasas de interés y encarece el financiamiento de los gobiernos.

Washington sostiene que los flujos de petróleo de Oriente Medio han recuperado niveles casi normales en las últimas semanas. Sin embargo, analistas y servicios de seguimiento de buques petroleros advierten que las rutas continúan gravemente alteradas. Esa divergencia mantiene elevada la prima de riesgo: incluso sin una caída inmediata de la oferta, cualquier nuevo ataque contra instalaciones energéticas o corredores marítimos podría acelerar las cotizaciones.

Los ataques estadounidenses de esta semana, que dejaron decenas de muertos y heridos, incluidos civiles iraníes, representan los choques más violentos entre ambos países desde julio. La combinación de tensión militar, combustible récord y mayores costos de endeudamiento refuerza el riesgo de una desaceleración global más abrupta, especialmente si la presión energética se prolonga.

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