El repunte económico enfrenta límites estructurales

La economía mexicana registró en el segundo trimestre de 2026 su mayor expansión trimestral desde finales de 2020, pero la recuperación aún no muestra la solidez suficiente para considerarse una aceleración sostenida. De acuerdo con la estimación oportuna del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), el Producto Interno Bruto (PIB) aumentó 1.5 por ciento entre abril y junio, después de una contracción de 0.6 por ciento en el trimestre previo.

El dato también fue favorable en términos anuales: frente al segundo trimestre de 2025, la actividad económica creció 2.1 por ciento, muy por encima del avance de 0.4 por ciento observado en los primeros tres meses del año. Con ello, el PIB acumuló una expansión anual de 1.2 por ciento durante el primer semestre, el mejor desempeño para un periodo comparable de los últimos cuatro semestres.

Una mejora que depende de la base de comparación

La magnitud del repunte debe interpretarse con cautela. El crecimiento anual parte de una base debilitada por el retroceso registrado en el trimestre anterior, lo que amplifica la variación estadística. El Instituto Mexicano de Ejecutivos de Finanzas (IMEF) consideró que la estimación del PIB sorprendió al alza, aunque advirtió que la aritmética del año mejora sin que necesariamente lo haga el ritmo subyacente de la economía.

Según el análisis del organismo, el llamado arrastre estadístico dejado por el primer semestre se ubica cerca de 1.2 por ciento anual. Esto significa que, incluso si el PIB permaneciera prácticamente sin cambios durante la segunda mitad de 2026, la economía podría cerrar el año alrededor de esa tasa. El resultado, por tanto, no depende únicamente de nuevos avances, sino también del punto de partida que dejó el primer semestre.

El impulso no se distribuyó de manera uniforme

La evolución dentro del trimestre también limita una lectura plenamente optimista. El IMEF señaló que el mayor impulso se concentró en abril, asociado principalmente con la construcción y con obras de infraestructura vinculadas a la organización del Mundial. En mayo, ese avance se revirtió, mientras que junio mostró apenas una recuperación parcial.

Esta trayectoria implica que el tercer trimestre comenzó sin un impulso inercial claro. Para mantener el ritmo observado entre abril y junio, la economía necesitaría generar nuevos motores de crecimiento, en lugar de depender del efecto de actividades concentradas en un solo mes. La diferencia es relevante: un repunte basado en proyectos específicos puede elevar temporalmente la producción, pero no necesariamente fortalece el consumo, la inversión privada o la productividad de forma duradera.

La información disponible todavía no permite determinar cuánto del crecimiento provino de una recuperación generalizada y cuánto de sectores concretos. La estimación oportuna del INEGI ofrece una primera aproximación al desempeño trimestral, pero la composición detallada y las revisiones posteriores serán necesarias para evaluar la calidad del avance.

La confianza empresarial continúa en terreno pesimista

La cautela de las empresas contrasta con la fuerza aparente del dato del PIB. En julio, el Indicador Global de Opinión Empresarial de Confianza del INEGI se ubicó en 48.2 puntos, apenas 0.1 unidades por encima de junio y 0.7 puntos por debajo del nivel registrado un año antes. El indicador acumula 27 meses consecutivos de descensos anuales y 17 meses por debajo de los 50 puntos, umbral que separa las percepciones pesimistas de las optimistas.

El debilitamiento abarca a los cuatro sectores considerados. La mayor caída mensual correspondió al comercio, cuyo indicador descendió a 48.4 puntos, mientras que la construcción mejoró 0.9 unidades y llegó a 47.2 puntos. A pesar de ese repunte, la confianza en la construcción permanece por debajo de 50 puntos desde hace 23 meses, una señal de que la mejora sectorial aún no representa un cambio de tendencia consolidado.

La brecha entre el crecimiento observado y la confianza empresarial puede explicarse, en parte, por la naturaleza temporal del repunte. Las empresas toman decisiones de contratación, ampliación de capacidad e inversión con base en sus expectativas de demanda y en las condiciones de operación futuras, no sólo en el resultado de un trimestre. Por eso, un dato positivo del PIB no basta para modificar rápidamente sus planes.

Inversión privada: el principal punto de vulnerabilidad

La percepción sobre el momento adecuado para invertir revela una debilidad más prolongada. En las manufacturas, el indicador correspondiente acumula 158 meses por debajo de 50 puntos, mientras que en la construcción suma 182 meses. Se trata de más de 13 y 15 años, respectivamente, de una valoración predominantemente negativa sobre las condiciones para aumentar el capital productivo.

La encuesta mensual del Banco de México entre especialistas del sector privado refuerza esa lectura. En julio, ninguno de los analistas consultados consideró que fuera un buen momento para invertir. El 41 por ciento lo calificó como malo y el 59 por ciento restante dijo no estar seguro. El mismo resultado de cero por ciento se había observado en marzo y mayo.

Esta percepción no implica que toda la inversión esté detenida, pero sí sugiere que los nuevos proyectos enfrentan un umbral de incertidumbre elevado. Cuando las empresas retrasan decisiones de largo plazo, la economía puede conservar cierto crecimiento por obras públicas, exportaciones o efectos estadísticos, aunque pierde capacidad para ampliar su potencial productivo.

Seguridad y Estado de derecho, entre los riesgos señalados

Los especialistas consultados por el Banco de México identificaron los factores de gobernanza como el principal obstáculo para el crecimiento en los próximos meses. La inseguridad pública recibió una calificación de preocupación de 6.3 en una escala de uno a siete, seguida por otros problemas relacionados con la falta de Estado de derecho, con 5.9.

Estas preocupaciones afectan la actividad por distintos canales: elevan los costos de operación, dificultan la logística, reducen la certidumbre sobre el cumplimiento de contratos y pueden limitar la llegada de capital a determinadas regiones o sectores. Su impacto no siempre aparece de inmediato en las cifras trimestrales, pero influye en la decisión de emprender proyectos que requieren varios años para recuperar la inversión.

El repunte del segundo trimestre mejora la perspectiva estadística para 2026 y evita una lectura de estancamiento inmediato. Sin embargo, la debilidad de la confianza, la falta de disposición para invertir y los riesgos asociados con la seguridad y el Estado de derecho apuntan a una economía con capacidad de recuperación limitada. Sin una mejora persistente en la demanda y en las condiciones para invertir, el crecimiento podría mantenerse más cerca de una inercia moderada que de una expansión estructural durante el resto de la administración.

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