Abdul El-Sayed obtuvo la candidatura demócrata al Senado por Michigan tras imponerse por un estrecho margen a Haley Stevens, aspirante respaldada por el Comité Estadunidense-Israelí de Asuntos Públicos (AIPAC) y por figuras relevantes del partido. El resultado, con 48.5 por ciento frente a 47.5 por ciento, adquiere relevancia nacional porque ocurrió pese a una amplia diferencia de recursos y porque coloca en el centro del debate electoral la política de Estados Unidos hacia Israel y Gaza.
El-Sayed, hijo de inmigrantes egipcios y defensor del fin de la ayuda militar estadounidense a Israel, podría convertirse en el primer senador musulmán del país si gana la elección legislativa de noviembre. Su victoria también fortalecería a la corriente demócrata que cuestiona el respaldo militar y diplomático tradicional de Washington a Tel Aviv, un bloque que ha tenido entre sus voces más visibles al senador Bernie Sanders y a la representante Alexandria Ocasio-Cortez.

Una contienda marcada por el gasto externo
Registros de financiamiento electoral citados por medios estadounidenses indican que AIPAC destinó alrededor de 20 millones de dólares a campañas contra El-Sayed y otros 10 millones para respaldar a Stevens. A esa cifra se habrían añadido cerca de 30 millones de dólares procedentes de grupos conservadores alineados con la misma estrategia. En conjunto, el candidato vencedor fue superado aproximadamente nueve a uno en gastos electorales, un desequilibrio que no se tradujo en el resultado esperado por sus adversarios.
La elección de Michigan era considerada una de las principales apuestas de AIPAC durante las primarias de 2026. La organización, que se define como bipartidista, ha invertido más de 104 millones de dólares en este ciclo electoral, según los registros disponibles. Su objetivo declarado es preservar un consenso entre demócratas y republicanos favorable a Israel, particularmente en asuntos vinculados con asistencia militar, seguridad regional y política exterior.
Sin embargo, el caso de El-Sayed sugiere que el dinero externo no siempre logra neutralizar una campaña con arraigo local, identidad política definida y capacidad de movilización. Su mensaje combinó críticas a la ayuda militar a Israel con temas internos, entre ellos el costo de vida, la atención sanitaria y las desigualdades económicas. Esa combinación le permitió presentar la postura sobre Oriente Medio no como un asunto aislado, sino como parte de una discusión más amplia sobre prioridades presupuestarias y representación política.
El cambio de opinión pública
La contienda ocurre en un contexto de modificación sostenida de la percepción estadounidense sobre el conflicto israelí-palestino. De acuerdo con Gallup, en 2026 la simpatía general hacia los palestinos alcanzó 41 por ciento, por encima del 36 por ciento registrado para los israelíes. Es la primera vez que esa medición sitúa a los palestinos por delante de Israel en el balance nacional de afinidades.
La diferencia con años anteriores es notable. En 2018, 64 por ciento de los estadounidenses decía simpatizar más con Israel, mientras 19 por ciento se inclinaba por Palestina. El cambio ha sido particularmente pronunciado entre los demócratas, donde la distancia favorable a Israel se revirtió. Entre los republicanos, el apoyo a Tel Aviv también disminuyó respecto de 2014, aunque continúa siendo mayoritario. Una parte del electorado conservador cuestiona que recursos federales se destinen a compromisos externos mientras persisten presiones económicas dentro del país.
Especialistas y dirigentes políticos asocian esta evolución con la guerra en Gaza, la magnitud de la crisis humanitaria y la cobertura pública de las operaciones militares israelíes. Organizaciones académicas y de derechos humanos han formulado acusaciones graves sobre la conducta de Israel en el enclave, mientras el gobierno israelí sostiene que sus acciones responden a objetivos de seguridad y a la necesidad de combatir a Hamas. La guerra con Irán también ha reforzado entre sectores del electorado la preocupación por una posible ampliación regional del conflicto.
Las primarias como terreno decisivo
La estrategia de AIPAC y de otras organizaciones proisraelíes se concentra de manera especial en las elecciones primarias. El cálculo es que, si los principales partidos nominan candidatos favorables a la relación tradicional con Israel, la elección general ofrecerá menos margen para alterar esa política. Según The Intercept, AIPAC intervino en 80 por ciento de las primarias al Congreso de 2024 y respaldó a 388 candidatos; únicamente cuatro de ellos perdieron.
Los resultados de 2026 muestran, no obstante, límites a esa fórmula. En julio, una mayoría de demócratas en la Cámara de Representantes votó a favor de bloquear la ayuda militar a Israel: 103 contra 90. Dos años antes, una propuesta comparable sólo reunió 37 votos demócratas. El dato no implica una ruptura total de la bancada con la política tradicional, pero sí evidencia que el debate interno ha dejado de ser marginal.
La presión sobre legisladores disidentes ha sido visible en varios estados. En Kentucky, el republicano Thomas Massie, único representante de su partido que apoyó cortar transferencias militares a Israel, perdió la primaria de su distrito después de una campaña que incluyó cientos de miles de dólares en publicidad contra su candidatura y a favor de su rival, Ed Gallrein. En Nueva Jersey, el exlegislador Tom Malinowski fue derrotado tras una inversión destinada a cuestionar su propuesta de condicionar la ayuda a Israel.
Una disputa que seguirá en noviembre
El desenlace de Michigan no elimina la capacidad financiera ni organizativa del lobby proisraelí. Tras la primaria, AIPAC anunció que participará activamente contra El-Sayed en la elección general, una decisión que tensiona su caracterización como actor apartidista. La organización afirmó que busca impedir el avance de una agenda que considera radical y antiisraelí; sus críticos responden que esa intervención pretende limitar el debate democrático sobre la política exterior estadounidense.
Ocasio-Cortez celebró públicamente el triunfo de El-Sayed y sostuvo que AIPAC no pertenece al Partido Demócrata ni a sus procesos internos. La respuesta resume una disputa mayor: no sólo se discute la relación con Israel, sino también el peso de los grupos de interés en la selección de candidatos. La elección de noviembre determinará si la victoria de Michigan fue una excepción derivada de condiciones locales o una señal de que el consenso bipartidista sobre Israel atraviesa una transformación más profunda.
