El yen roza los 158 por dólar y reaviva el temor a una intervención de Japón

Las divisas asiáticas avanzaron frente al dólar este jueves, pero el movimiento que concentró la atención fue el repunte del yen hacia la zona de 158 unidades por dólar. El par USD/JPY cayó un 0,6%, hasta 157,81, después de que la moneda japonesa llegara a fortalecerse un 0,5% y prolongara una subida del 1,2% registrada durante la sesión de Nueva York del miércoles. En los mercados volvió a instalarse la pregunta de cuánto tiempo tolerarán las autoridades una depreciación que eleva el coste de las importaciones y complica la política económica.

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El yen alcanzó un máximo intradía de 157,95 en Asia, extendiendo una ganancia nocturna del 0,9%. Aunque el retroceso del dólar frente a la moneda japonesa todavía no iguala la magnitud de anteriores operaciones oficiales, la proximidad de los 158 ha elevado la vigilancia de los operadores. En este tipo de episodios, el nivel nominal no es el único factor relevante: también importan la velocidad del movimiento, la volatilidad y la percepción de que la caída responde a operaciones especulativas.

La ministra de Finanzas de Japón, Satsuki Katayama, y el secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, han indicado que sus gobiernos están dispuestos a intervenir nuevamente si las condiciones lo requieren. Esas advertencias buscan disuadir posiciones excesivamente unidireccionales, pero su eficacia depende de que el mercado crea que existe voluntad y capacidad para actuar. La experiencia reciente demuestra que una intervención puede frenar temporalmente al yen, aunque resulta más difícil cambiar una tendencia si persisten las diferencias de tasas entre Japón y Estados Unidos.

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El Banco de Japón se convierte en el siguiente punto de inflexión

La reunión de política monetaria del Banco de Japón, prevista para el 18 de septiembre, ha adquirido una importancia central. El miembro del consejo Hajime Takata afirmó el miércoles que un aumento de 25 puntos básicos no estaba necesariamente garantizado, aunque también dejó abierta la posibilidad de subidas consecutivas. Sus comentarios modificaron el equilibrio de expectativas: los mercados comenzaron a asignar una pequeña probabilidad a un incremento de 50 puntos básicos, frente a una probabilidad cercana al 90% para un alza de 25 puntos básicos al comienzo de la semana.

La apreciación del yen se produjo, por tanto, mientras los inversores elevaban sus apuestas sobre una postura más restrictiva del BOJ. Una tasa más alta puede ofrecer cierto respaldo a la moneda al reducir el atractivo relativo de financiarse en yenes para invertir en activos extranjeros. Sin embargo, la autoridad monetaria debe calibrar cuidadosamente cualquier ajuste: un endurecimiento demasiado rápido podría poner presión sobre una economía que aún depende de condiciones financieras favorables, mientras que una respuesta insuficiente mantendría viva la presión cambiaria.

Por qué algunos analistas dudan de que ya haya una intervención

DBS expresó cautela ante la interpretación del reciente repunte. La entidad señaló que la caída del dólar frente al yen ha sido mucho menor que la observada durante intervenciones anteriores y que el yen no ha superado al won surcoreano en lo que va de semana. Esa comparación es significativa porque, si la fortaleza de la moneda japonesa obedeciera principalmente a una operación oficial, cabría esperar un comportamiento más destacado frente a otras divisas regionales.

También resulta relevante el calendario. Tras la decisión del BOJ del 18 de septiembre habrá un receso de tres días, periodo en el que el volumen de operaciones podría disminuir. Un mercado menos líquido puede amplificar los movimientos y hacer más efectiva una intervención, pero también elevar el riesgo de oscilaciones desordenadas. Para los operadores, la combinación de una reunión inminente, declaraciones oficiales y menor liquidez constituye un incentivo para reducir posiciones demasiado expuestas al yen.

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La evolución del yen no puede separarse del entorno global. El índice del dólar estadounidense retrocedió un 0,1%, hasta 99,43, pese a que la moneda sigue respaldada por las expectativas de un posible aumento de tasas de la Reserva Federal en septiembre. Los mercados descuentan ahora una probabilidad del 61% para ese movimiento y esperan el informe de nóminas no agrícolas de Estados Unidos del viernes como la principal prueba para confirmar o cuestionar esa previsión.

Al mismo tiempo, los renovados enfrentamientos entre Estados Unidos e Irán en torno al estrecho de Ormuz impulsaron al petróleo y reforzaron la demanda de activos considerados refugio. Las interrupciones o amenazas sobre los flujos energéticos pueden trasladarse rápidamente a los precios al consumidor. Esa posibilidad complica el trabajo de los bancos centrales: el encarecimiento del crudo reduce el margen para recortar tasas y puede obligar a mantener una política restrictiva durante más tiempo, incluso si el crecimiento pierde fuerza.

El comportamiento regional muestra que no hay un solo motor

El resto del mercado asiático ofreció señales mixtas. El dólar australiano se mantuvo cerca de 0,72 dólares, después de que Australia informara un crecimiento del 0,4% trimestral en junio y del 2,1% interanual, por encima de la previsión anual del 1,8%. El superávit comercial de julio, de 1.923 millones de dólares australianos, también superó las expectativas, aunque quedó prácticamente estable frente a junio.

El dólar neozelandés avanzó alrededor de un 0,2%, recuperándose parcialmente de la caída del 0,67% sufrida el miércoles tras el aumento de tasas del Banco de la Reserva de Nueva Zelanda, considerado moderado en su tono. La rupia india ganó terreno con fuerza: el USD/INR descendió un 0,8%, hasta 94,237, apoyado por depósitos de no residentes en moneda extranjera por 127.230 millones de dólares, que amplían la capacidad del banco central para respaldar la divisa.

El won surcoreano operó prácticamente sin cambios, mientras el dólar cedió un 0,1% frente al dólar de Singapur y un 0,09% frente al ringgit malasio, hasta 4,0395. En Malasia, los inversores aguardan la decisión del Banco Negara, para la que se prevé el mantenimiento de la tasa de política nocturna en el 2,75%.

La lectura más amplia es que el yen se encuentra atrapado entre dos fuerzas: la posibilidad de una respuesta más firme del BOJ y la persistencia de un diferencial de tasas que favorece al dólar. Si los datos laborales estadounidenses fortalecen las expectativas de la Reserva Federal y el petróleo continúa subiendo, la presión externa podría reaparecer rápidamente. Si, en cambio, el BOJ confirma una trayectoria de normalización más agresiva, la amenaza de intervención dejaría de ser el único apoyo para el yen y pasaría a formar parte de un cambio monetario más profundo.

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