Empleo de calidad reduciría la pobreza en Costa Rica

Un estudio del Centro Internacional de Política Económica para el Desarrollo Sostenible de la Universidad Nacional (Cinpe-UNA) estima que acceder a un empleo de calidad podría reducir hasta en 55% la probabilidad de caer en pobreza en Costa Rica. La mejora, sin embargo, no depende únicamente de conseguir trabajo: exige completar la educación secundaria, contar con conocimientos instrumentales de inglés y desarrollar habilidades digitales intermedias.

Formación que cambia las probabilidades

La investigación, basada en la Encuesta Nacional de Hogares de 2023, señala que 286.000 familias viven en pobreza y 71.000 en pobreza extrema. Para las personas que ya se encuentran en esa situación, la probabilidad de permanecer en pobreza alcanza el 65,6%. Con la combinación de educación, segundo idioma y competencias tecnológicas, ese riesgo podría descender hasta el 9,01%.

El hallazgo coloca la calidad del empleo y la formación como piezas inseparables de la movilidad social. Aunque la población ocupada se mantuvo relativamente estable entre 2022 y 2026, al pasar de 2.154.064 a 2.168.918 personas, otras 314.801 quedaron fuera de la fuerza laboral. Además, más de 800.000 trabajadores permanecen en la informalidad, con menor acceso a salud, pensiones, salarios estables y protección frente a la pérdida de ingresos.

El problema también revela una contradicción del crecimiento económico: sectores como comercio, alojamiento, alimentación, agro, servicios profesionales, finanzas y manufactura aumentaron su actividad, pero redujeron puestos de trabajo. Esto sugiere que la expansión productiva no está generando suficientes oportunidades para absorber a la población vulnerable.

El Cinpe advierte que una menor inversión educativa puede ampliar esa brecha. La inversión pública ronda el 5% del PIB, por debajo del 8% establecido constitucionalmente, mientras persisten la deserción escolar y las desigualdades territoriales, especialmente en las regiones Huetar Caribe y Brunca. El estudio propone reforzar la enseñanza de idiomas y tecnología, alinear la formación técnica con la demanda empresarial y promover sectores vinculados con la tecnología y la transición energética. Sin esa articulación, las políticas de reactivación podrían elevar el empleo sin reducir de forma duradera la pobreza.

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