Los datos de la Encuesta de Población Activa del segundo trimestre de 2026 confirman que España ha superado los 22,78 millones de personas ocupadas, una cifra que coincide con la recuperación del turismo estival y con un proceso extraordinario de regularización de trabajadores extranjeros. La tasa de paro ha descendido hasta el 9,87 %, el nivel más bajo desde 2008, mientras la población activa alcanza un máximo de 25,27 millones. Detrás de estos números hay un crecimiento neto de 486.000 empleos en tres meses, impulsado principalmente por el sector servicios y por el aumento de 240.000 ocupados extranjeros.
El sector servicios aportó 394.000 nuevos ocupados, la construcción sumó 60.000 y la industria 38.200, mientras la agricultura perdió 6.200. El empleo privado superó por primera vez los 19 millones de personas y el número de mujeres ocupadas llegó a 10,6 millones. Estos hitos reflejan tanto la fortaleza coyuntural del mercado laboral como cambios estructurales que conviene examinar con mayor detenimiento.

Regularización y empleo extranjero: ¿efecto temporal o estructural?
El proceso extraordinario de regularización ha coincidido con el mayor incremento de ocupados extranjeros registrado en un trimestre. Aunque la EPA no desglosa cuántos de estos 240.000 trabajadores son resultado directo de la regularización, el dato sugiere que parte del aumento de la población activa obedece a la incorporación formal de personas que ya trabajaban de manera irregular. Esta incorporación eleva la base de cotizantes y reduce la tasa de paro sin que necesariamente se haya creado nuevo empleo neto. A medio plazo, el efecto depende de si estas personas mantienen sus contratos una vez finalizado el periodo de regularización y de si las empresas consolidan las plazas abiertas durante la campaña turística.
El empleo privado supera los 19 millones por primera vez
El hecho de que el empleo privado haya rebasado los 19 millones de personas indica un cambio en la composición del mercado laboral español. Históricamente, los periodos de expansión del empleo público han alternado con fases de ajuste, mientras que el sector privado mostraba mayor volatilidad. Ahora, el sector privado no solo recupera terreno perdido tras la pandemia, sino que lo hace con una proporción creciente de contratos indefinidos, que alcanzan los 16,63 millones. Este dato reduce la precariedad media, aunque persiste una elevada tasa de parcialidad: 3,12 millones de personas trabajan a tiempo parcial, cifra también récord. La parcialidad puede responder tanto a preferencias de conciliación como a la imposibilidad de encontrar jornadas completas, por lo que su evolución futura servirá como termómetro de la calidad del empleo creado.
Brecha regional y dependencia del turismo
El análisis territorial revela contrastes significativos. Cataluña lideró el crecimiento con 130.800 nuevos ocupados, mientras Canarias perdió 25.100. Baleares registró la tasa de paro más baja del país (6,11 %) y Andalucía la más alta (14,56 %). Estas diferencias apuntan a una recuperación muy ligada al ciclo turístico y a la capacidad de cada comunidad para diversificar su base productiva. Las regiones con mayor peso del sector servicios y de la construcción han captado la mayor parte del empleo estacional, mientras que las economías más industriales o agrarias muestran menor dinamismo. Si el ciclo turístico se debilita por factores externos, el riesgo de destrucción de puestos de trabajo se concentrará precisamente en las comunidades que hoy celebran los mejores datos.
Perspectiva de las empresas y de los trabajadores
Desde el punto de vista empresarial, el aumento de contratos indefinidos reduce la rotación y los costes de formación, pero también eleva la rigidez ante posibles ajustes futuros. Las organizaciones que operan en sectores de baja productividad pueden ver comprometida su competitividad si no acompañan la estabilidad contractual con mejoras de productividad. Para los trabajadores, el descenso de la tasa de paro femenina hasta el 11,02 % representa un avance tangible, aunque la brecha con la tasa masculina (8,84 %) sigue siendo considerable. Los hogares con todos sus miembros trabajando han alcanzado un récord de 12,27 millones, lo que mejora la capacidad de consumo y reduce la vulnerabilidad ante shocks de ingresos, pero también concentra el riesgo en aquellos hogares donde todos los miembros dependen de sectores estacionales.
Riesgos de sostenibilidad y escenarios futuros
La dependencia del empleo respecto al sector servicios y, dentro de este, del turismo plantea interrogantes sobre la resiliencia del actual modelo. Un encarecimiento de la energía, una nueva ola de inflación o una ralentización del consumo europeo podrían frenar la creación de empleo ya en 2027. Además, el envejecimiento de la población activa exige que el incremento de ocupados mayores de 55 años (ya en cinco millones) vaya acompañado de políticas de recualificación que eviten la salida prematura del mercado laboral. Si la productividad no crece al mismo ritmo que el empleo, el aumento de la población activa podría traducirse en menor renta per cápita y en presiones sobre las cuentas públicas por el lado del gasto en prestaciones.
El escenario más probable para los próximos trimestres apunta a una desaceleración del ritmo de creación de empleo, aunque sin retorno inmediato a tasas de paro superiores al 12 %. La capacidad de España para mantener el liderazgo en generación de puestos de trabajo dentro de la Unión Europea dependerá de que el empleo creado en 2026 se consolide más allá de la temporada turística y de que las reformas en formación y en simplificación administrativa sigan avanzando. De lo contrario, el récord actual podría convertirse en un máximo temporal antes que en el inicio de una nueva etapa de convergencia con los países de mayor renta per cápita.
