El Ministerio de Agricultura ha estimado que la campaña de comercialización 2026/27 alcanzará más de 18,5 millones de toneladas de cereales sin arroz. Esta cifra se sitúa por debajo de la media de las cinco campañas anteriores, fijada en 19,47 millones. La superficie cultivada se mantiene estable en 5,43 millones de hectáreas, lo que indica que la reducción productiva no obedece a una contracción de la tierra dedicada al cultivo.
La cosecha récord de 2025/26 como punto de referencia
La campaña recién cerrada produjo más de 24 millones de toneladas, el mejor resultado desde 2020. Este volumen superó en un 20 % la cosecha anterior y en un 22 % la media de los últimos cinco años. Los rendimientos excepcionales se debieron a condiciones meteorológicas favorables durante el ciclo de invierno y primavera. Sin embargo, esa abundancia temporal no modifica la tendencia estructural de déficit que arrastra el mercado español desde hace más de una década.
El consumo interno se situó en 37,7 millones de toneladas durante 2025/26, de las cuales tres cuartas partes se destinaron a alimentación animal. La diferencia entre producción nacional y demanda obliga a importar el 43 % del grano consumido. Esta dependencia se mantiene constante independientemente de si la cosecha es buena o regular.

El maíz de regadío y la vulnerabilidad hídrica
Para el maíz se prevén 324.000 hectáreas cultivadas. Al tratarse mayoritariamente de regadío, el cultivo cuenta con reservas de agua acumuladas tras las lluvias de principios de año. No obstante, esta ventaja es frágil. Cualquier restricción en las dotaciones de riego durante el verano, derivada de sequías prolongadas o de decisiones de gestión de cuencas, puede reducir rápidamente los rendimientos esperados. La dependencia del agua convierte al maíz en un cultivo de alto riesgo climático a medio plazo.
Oleaginosas y leguminosas: crecimiento moderado sin resolver el déficit
La superficie de oleaginosas superará las 800.000 hectáreas, un 4 % más que la campaña anterior, aunque sigue por debajo de la media histórica. En leguminosas grano se alcanzarán 517.000 hectáreas, un 17 % por encima de la media de los últimos cinco años. Estos incrementos responden a incentivos de la PAC orientados a la rotación y a la reducción de importaciones de soja. Sin embargo, el volumen adicional sigue siendo insuficiente para cubrir la demanda de proteína vegetal de la industria cárnica española.
Perspectivas de los distintos actores del sector
Las organizaciones agrarias valoran positivamente la estabilidad de la superficie de cereales de invierno, pero alertan de que los márgenes por hectárea se estrecharán si los precios internacionales permanecen bajos debido a la elevada oferta mundial. La industria de alimentación animal, por su parte, considera que el déficit estructural es inevitable y defiende la necesidad de mantener canales de importación ágiles y diversificados. El Gobierno, a través del Ministerio, ha recordado el paquete de medidas de apoyo ya desplegado para amortiguar la volatilidad de precios, aunque no ha precisado nuevos instrumentos para la campaña que comienza.
Riesgos geopolíticos y de precios
Los mercados internacionales de materias primas agrícolas muestran actualmente una oferta mundial muy elevada. Esta situación presiona los precios a la baja y reduce la rentabilidad de los cultivos extensivos españoles. Al mismo tiempo, cualquier alteración en las rutas de suministro, ya sea por tensiones en el Mar Negro o por cambios en las políticas de exportación de grandes productores como Brasil o Estados Unidos, puede revertir rápidamente la tendencia. La alta dependencia de las importaciones de soja y maíz convierte a España en un país especialmente expuesto a estos choques externos.
Escenarios para los próximos tres años
Si se mantienen los rendimientos medios y no se producen restricciones graves de agua, la producción de cereales oscilará entre 18 y 19,5 millones de toneladas en las próximas campañas. Este rango confirma que España seguirá necesitando importar entre 18 y 20 millones de toneladas anuales para cubrir la demanda de alimentación animal. Una mayor integración de leguminosas en las rotaciones podría reducir ligeramente las importaciones de proteína, pero el efecto será gradual y limitado. La variable decisiva será la evolución de los precios internacionales y la capacidad de la industria para absorber fluctuaciones sin trasladar toda la presión a los productores nacionales.
