Euro cierra al alza en Colombia

El cierre del 13 de agosto dejó una señal clara en el mercado cambiario colombiano: el euro terminó en 3.593,72 pesos, con un salto diario de 2,84% frente al precio previo de 3.494,6 pesos. El dato importa menos por su variación aislada que por el contexto en el que ocurre. En la última semana, la moneda europea avanzó 1,63% y, aun así, mantiene una caída interanual de 19,96%. Esa combinación revela un mercado que corrige al alza en el corto plazo, pero que sigue atrapado en una tendencia estructural más favorable al peso que hace un año.

La lectura técnica también merece atención: una volatilidad de 38,01%, muy por encima de la referencia de 20,24%, sugiere un entorno de precios más errático de lo normal. En un mercado con esa amplitud de oscilaciones, el movimiento de cierre no solo afecta a quienes compran o venden divisas; también altera decisiones de importadores, exportadores, operadores turísticos, tesorerías corporativas y hogares con compromisos en moneda extranjera. La moneda deja de ser una referencia contable y se convierte en una variable que obliga a ajustar márgenes, calendarios y coberturas.

Hay un primer punto que suele quedar diluido en la cobertura diaria: el comportamiento del euro en Colombia no depende solo de la fortaleza o debilidad de la moneda europea, sino de la relación entre tres fuerzas simultáneas. La primera es la trayectoria del dólar global, porque el peso colombiano continúa reaccionando más a la referencia estadounidense que al propio euro. La segunda es la percepción sobre riesgo local, que condiciona la entrada o salida de capitales. La tercera es el diferencial de tasas, que hoy sigue inclinando el interés de algunos inversionistas hacia estrategias de carry trade. Cuando esas tres variables se mueven a la vez, la cotización del euro puede subir incluso en un escenario donde la economía colombiana conserve un sesgo de apreciación del peso frente al dólar.

La comparación con el dólar es imprescindible para entender la fotografía completa. Bancolombia, a través de su Grupo Cibest, proyecta que la divisa estadounidense promediará $3.878 en 2026, apoyada en una menor fortaleza global del dólar, el flujo de remesas y la expectativa de ajustes al alza en las tasas locales. Ese pronóstico no habla directamente del euro, pero sí delimita el campo de juego: si el peso sigue relativamente firme frente al dólar, el euro puede seguir exhibiendo una trayectoria menos lineal, dependiendo de cómo se comporte la paridad EUR/USD en los mercados internacionales. En otras palabras, el euro en Colombia no solo cotiza contra el peso; también importa el pulso entre Fráncfort y Washington.

La debilidad relativa del dólar durante 2025 ayuda a explicar por qué el peso colombiano logró apreciarse 14% frente a esa moneda. Bancolombia atribuye esa dinámica a la volatilidad de la política comercial estadounidense y a una caída de 9% en el índice DXY. Ese dato no es menor: cuando el dólar pierde tracción a escala global, las monedas emergentes reciben alivio, pero no de manera uniforme. Colombia obtiene cierto colchón por remesas, por la persistencia de tasas altas y por flujos financieros de corto plazo, aunque ese colchón no elimina la vulnerabilidad ante episodios de aversión al riesgo. Por eso, el mercado puede mostrar simultáneamente un peso fuerte y un euro más caro en pesos, si el cruce internacional entre ambas monedas se reacomoda.

El segundo ángulo de lectura está en la política monetaria. La Reserva Federal bajó su tasa al rango de 3,50% – 3,75%, mientras el Banco de la República mantuvo la suya en 9,25%. Ese diferencial sigue siendo amplio y, en condiciones normales, favorece entradas de capital en busca de rendimiento. Pero esa lógica tiene una fragilidad conocida: depende de que el apetito global por riesgo permanezca estable y de que el mercado local no perciba un deterioro fiscal mayor. Si alguno de esos elementos cambia, el atractivo del carry trade puede reducirse con rapidez, y el costo para el peso se reflejaría primero en la cesta de monedas duras, incluido el euro.

Para importadores colombianos con pagos en euros, el mensaje es incómodo. La subida diaria del 2,84% no borra la caída anual, pero sí encarece la cobertura de corto plazo y complica la planificación de compras. Empresas de maquinaria, farmacéuticas, automotrices y sectores vinculados a bienes de capital tienen menos margen para absorber sobresaltos cuando la volatilidad supera con holgura su referencia histórica. En sentido inverso, exportadores con ingresos en euros pueden encontrar una mejora táctica en sus conversiones a pesos, aunque ese beneficio depende de si la subida obedece a una corrección momentánea o a un cambio más profundo del cruce cambiario.

La discusión fiscal introduce una capa adicional de incertidumbre. La rebaja en la calificación soberana de Colombia por parte de una agencia global no solo daña la narrativa de estabilidad; también puede elevar la prima de riesgo y presionar la tasa de cambio en los próximos meses. A eso se suma el proceso electoral, que suele endurecer el comportamiento de los mercados cuando los inversores empiezan a descontar cambios en reglas tributarias, disciplina de gasto o relación con el sector productivo. La señal para el euro, en ese escenario, es indirecta pero potente: más ruido fiscal y político suele traducirse en mayor cobertura cambiaria y en una demanda más defensiva de divisas fuertes.

También hay una tensión entre el diagnóstico oficial y la experiencia de los agentes privados. El Gobierno ha tomado medidas para evitar una depreciación más severa del peso, pero esas herramientas operan sobre expectativas, no sobre realidades estructurales. Mientras el ingreso de divisas por remesas y la tasa local sostengan al peso, el alivio puede durar; si el entorno externo se complica o si el mercado interpreta que la consolidación fiscal se debilita, la reacción puede ser abrupta. En ese sentido, la cotización del euro funciona como un termómetro útil: no siempre marca el origen del problema, pero sí deja ver cuándo la temperatura del sistema cambia de verdad.

Hay una tercera lectura menos visible y más relevante para la economía real: la del poder de compra. Un euro más fuerte en pesos afecta los precios de bienes y servicios vinculados a Europa, desde tecnología y repuestos hasta educación, viajes y consumos corporativos especializados. En un país donde las familias y las empresas ya operan con presupuestos ajustados, el traspaso cambiario puede erosionar decisiones de gasto incluso antes de que el incremento se vea en inflación general. Ese es el tipo de impacto que no siempre aparece en la primera página de los reportes financieros, pero sí en la caja de las compañías y en la cotidianidad de los hogares.

Las perspectivas para lo que resta del año dependen de un equilibrio inestable. Si persiste la debilidad del dólar, si el Banco de la República conserva tasas altas por más tiempo y si las remesas mantienen su flujo, el peso podría seguir resistiendo y limitar el avance del euro en términos locales. Si, en cambio, se profundiza la incertidumbre fiscal o se ensancha la cautela global frente a activos emergentes, la presión alcista sobre la divisa europea puede reaparecer con rapidez. El mercado ya dejó una advertencia clara: la volatilidad está por encima de su nivel de referencia, y en ese terreno no conviene leer un solo cierre como tendencia definitiva. El problema de fondo no es un valor puntual del euro, sino la fragilidad del marco que lo está moviendo.

Artículos relacionados

Últimos artículos