Euro en Chile: cotización y perspectivas económicas

El euro abrió el 28 de julio cotizado a 1.067,59 pesos chilenos, una baja del 0,08 por ciento frente al cierre previo. Esta variación, aunque mínima, se inscribe en una tendencia semanal negativa del 0,01 por ciento y en una caída interanual del 4,67 por ciento. El dato adquiere relevancia porque llega tras dos jornadas consecutivas de retroceso y en un contexto donde la volatilidad del par se ubica en 9,14 por ciento, por debajo del promedio de referencia del 9,61 por ciento.

El peso chileno y su trayectoria institucional

Desde su instauración como moneda decimal en 1851, el peso ha pasado por múltiples rediseños monetarios que reflejan tanto la evolución económica del país como las decisiones políticas sobre el circulante. La eliminación progresiva de las monedas de 1 y 5 pesos en 2017, sumada al retiro de las piezas de 100 pesos emitidas entre 1981 y 2000, muestra una estrategia deliberada del Banco Central por simplificar el efectivo en circulación y reducir costos de producción. Estas medidas, sin embargo, conviven con una economía que aún depende fuertemente del comercio exterior y de los flujos de capitales.

La respuesta fiscal de 2021 permitió que Chile registrara un crecimiento del 11,7 por ciento, una de las recuperaciones más rápidas tras la pandemia. Ese impulso se sustentó en retiros de fondos de pensiones y transferencias directas que elevaron el consumo, pero también generaron presiones inflacionarias y una deuda pública que alcanzó el 37 por ciento del PIB, el nivel más alto en tres décadas.

Euro en Chile: cotización y perspectivas económicas

¿Qué significa la baja para los distintos actores?

Para los importadores de bienes europeos, una cotización más baja del euro reduce el costo de adquisición de maquinaria, componentes y productos de consumo. Empresas del sector automotriz y de tecnología han señalado que cada centésimo de peso que se abarata el euro representa un ahorro directo en sus márgenes. En cambio, los exportadores de cobre y productos agrícolas ven un euro más débil como un factor que encarece relativamente sus ventas hacia Europa, aunque el principal destino sigue siendo Asia.

El turismo chileno hacia el viejo continente también se beneficia: un euro más accesible incentiva viajes de estudios y vacaciones. Sin embargo, el sector turístico receptor en Chile observa con cautela, porque un peso más fuerte frente al euro puede desincentivar la llegada de visitantes europeos, cuyo gasto promedio por día supera al de otros mercados.

Tres variables que explican el comportamiento actual

La primera variable es la evolución de las tasas de interés en la zona euro frente a las expectativas del Banco Central de Chile. Si el Banco Central Europeo mantiene una postura más restrictiva que la chilena, el diferencial de tasas tiende a debilitar al euro. La segunda variable radica en los precios del cobre: una caída sostenida reduce los ingresos fiscales y presiona al peso chileno, pero también puede limitar la apreciación del euro si los inversores perciben menor demanda global. La tercera variable es la inflación importada: aunque el euro baje, el encarecimiento de commodities energéticos y alimentos sigue transmitiéndose a los precios internos.

Estas tres fuerzas no operan de manera aislada. Un análisis de las últimas dos décadas muestra que cuando el precio del cobre supera los cuatro dólares por libra, el peso chileno tiende a apreciarse frente al euro en un plazo de tres a seis meses, independientemente de la política monetaria europea.

Riesgos latentes y escenarios de mediano plazo

El principal riesgo radica en la combinación de deuda pública elevada y recuperación laboral lenta. Si el consumo interno se desacelera más de lo previsto, el Banco Central podría verse obligado a ajustar tasas de manera más agresiva, lo que alteraría el diferencial con Europa y podría revertir la actual tendencia de debilidad del euro. Otro riesgo proviene de interrupciones en cadenas de suministro globales: cualquier nuevo choque podría elevar la volatilidad del par por encima del 12 por ciento, nivel que históricamente ha coincidido con episodios de estrés cambiario en Chile.

En el escenario base, se espera que el euro oscile entre 1.050 y 1.090 pesos durante los próximos seis meses, siempre que el precio del cobre se mantenga por encima de 3,80 dólares. Un escenario adverso, con cobre por debajo de 3,50 dólares y presiones inflacionarias persistentes, podría llevar la cotización por debajo de 1.000 pesos, nivel que no se registra desde 2020.

Lecciones para la política cambiaria

La experiencia de los últimos años indica que la intervención directa del Banco Central en el mercado cambiario ha sido efectiva solo cuando se combina con señales claras de política fiscal. Los intentos de estabilizar el tipo de cambio sin anclar expectativas de inflación han resultado costosos y de corta duración. Por ello, cualquier estrategia futura deberá priorizar la coordinación entre la autoridad monetaria y el Ministerio de Hacienda para evitar que la volatilidad del euro se traduzca en mayor incertidumbre para las empresas que operan con Europa.

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