Panamá mantiene para 2026 un escenario de estabilidad monetaria, respaldado por la paridad histórica de un balboa con el dólar estadounidense. La información publicada el 3 de agosto no precisa una cifra concreta para la cotización de apertura del euro, por lo que el dato central no permite establecer un valor exacto frente al balboa. En la práctica, cualquier variación del euro respecto al dólar determina también su equivalente en la moneda panameña.
Las previsiones apuntan a un crecimiento del producto interno bruto cercano al 4%, impulsado por la logística, la banca, el turismo, la construcción y la actividad del Canal. La economía dolarizada elimina el riesgo cambiario interno y ofrece una protección relativa frente a presiones inflacionarias regionales, un factor que sigue sosteniendo la posición de Panamá como centro internacional de servicios.

El atractivo financiero convive con riesgos
El entorno externo mejora por la menor volatilidad comercial, condiciones de financiamiento más favorables y la disminución del impacto de la sequía y de la suspensión temporal de la mina de cobre. En 2025, los bonos panameños denominados en dólares registraron un rendimiento superior al 24%, por encima de otros activos emergentes, según UBS. Para 2026, el atractivo permanece, aunque con una perspectiva menos extraordinaria.
El principal foco de atención está en las cuentas públicas. Un deterioro fiscal, el aumento de la deuda y una eventual amenaza al grado de inversión podrían encarecer el financiamiento y reducir la ventaja de Panamá frente a otros mercados. También pesan los desafíos de gobernabilidad, los litigios contractuales y la incertidumbre política, factores capaces de afectar la confianza inversora pese a la estabilidad cambiaria.
El balboa no funciona como una divisa independiente: los billetes utilizados son dólares estadounidenses, mientras el país emite monedas propias equivalentes. Esa estructura limita la volatilidad del tipo de cambio, pero no blinda a Panamá frente a choques globales, cambios en la política comercial de Estados Unidos o una menor demanda de servicios. La estabilidad monetaria es, por tanto, una fortaleza decisiva, aunque insuficiente por sí sola para neutralizar los riesgos fiscales y externos.
