Euro en Uruguay: Volatilidad y riesgos latentes

El euro abrió el 10 de julio cotizando en promedio a 46,08 pesos uruguayos, un alza del 1,52 % frente al cierre previo de 45,39 pesos. Esta variación, aunque moderada en términos absolutos, se inscribe en un contexto donde la volatilidad del tipo de cambio alcanza el 16,29 %, por encima del nivel de referencia del 14,98 %. La pregunta que surge es qué factores estructurales sostienen esta inestabilidad y qué consecuencias reales acarrea para la economía uruguaya en el corto y mediano plazo.

Las proyecciones del Banco Central del Uruguay indican que el dólar podría llegar a 40,19 pesos a fines de 2026 y 41,46 pesos en 2027. Al mismo tiempo, el crecimiento del PBI se estima en torno al 1,87 % para este año, con una inflación que se acercaría al 4,40 %. Estas cifras, sin embargo, no capturan la interacción entre la apreciación reciente del euro y las expectativas de los agentes económicos locales.

¿Qué explica el repunte del euro frente al peso?

El avance semanal del 0,16 % y la tendencia alcista de dos jornadas consecutivas obedecen principalmente a la depreciación del dólar en los mercados internacionales y a la demanda estacional de divisas europeas por parte de importadores uruguayos. No obstante, la volatilidad superior al promedio sugiere que los flujos de capital especulativo también participan. Cuando el tipo de cambio presenta bandas de flotación amplias, cualquier ajuste en las tasas de interés externas genera movimientos amplificados en Uruguay.

Impacto diferenciado en exportadores e importadores

Los exportadores de carne y lácteos ven encarecerse sus productos en euros, lo que reduce márgenes si los contratos están denominados en esa moneda. Por el contrario, los importadores de maquinaria y bienes de capital europeos obtienen una ventaja temporal de precio. Esta asimetría genera tensiones dentro de la cadena productiva: mientras el sector agroexportador solicita coberturas cambiarias más accesibles, el sector industrial reclama estabilidad para planificar inversiones plurianuales.

Tres lecturas que el mercado aún no ha internalizado

La primera es que la volatilidad actual refleja una pérdida gradual de anclaje del peso frente a monedas no dolarizadas. Históricamente, Uruguay migró de bandas de flotación a flotación libre tras la crisis de 2002; sin embargo, la dependencia del dólar como moneda de referencia sigue siendo alta. Un segundo euro fuerte podría acelerar la diversificación de reservas de las empresas hacia euros, alterando la demanda estructural de dólares.

La segunda lectura apunta a que las proyecciones de inflación del BCU, centradas en 4,40 %, subestiman el efecto de segunda ronda que genera un euro más caro sobre los precios de bienes importados desde la zona euro. Si el 8 % de las importaciones uruguayas proviene de ese bloque, un alza sostenida del euro podría añadir entre 0,2 y 0,3 puntos porcentuales al IPC en 2026.

La tercera observación se refiere al crecimiento. El ajuste a la baja de las estimaciones de PBI (de 2,47 % a 1,87 %) coincide con un periodo en que la apreciación del euro encarece el turismo europeo hacia Uruguay. Menos visitantes con euros fuertes equivalen a menos ingresos en sectores vinculados a servicios, lo que podría amplificar la desaceleración prevista.

Posturas encontradas entre el sector financiero y el productivo

Los bancos y fondos de inversión valoran positivamente la mayor volatilidad porque amplía el volumen de operaciones de derivados. En cambio, las cámaras empresariales productivas insisten en que la inestabilidad dificulta la fijación de precios y la negociación de contratos a futuro. El BCU, por su parte, mantiene que el régimen de flotación independiente ha demostrado capacidad de absorción de shocks externos, aunque reconoce que la dispersión de pronósticos entre analistas (1,50 % a 2,30 % de crecimiento) evidencia incertidumbre persistente.

Riesgos que se acumulan hacia 2027

Si la volatilidad se mantiene por encima del 16 %, el costo de cobertura cambiaria para las empresas aumentará, reduciendo la rentabilidad de proyectos de inversión. Además, una convergencia de la inflación hacia 4,50 % combinada con crecimiento inferior al 2 % podría generar presiones salariales que el gobierno deberá gestionar sin comprometer la meta de inflación. El escenario más adverso contempla una reversión abrupta del flujo de capitales hacia economías desarrolladas, lo que presionaría al peso y encarecería aún más el euro.

La historia del peso uruguayo muestra que los periodos de apreciación posterior a la maxidevaluación de 2002 fueron seguidos por ajustes correctivos. Hoy, con una clase media que representa el 60 % de la población y bajos niveles de pobreza, cualquier deterioro del poder adquisitivo por efecto cambiario tendría consecuencias políticas inmediatas. Los analistas que proyectan un dólar a 41,46 pesos en 2027 deberían incorporar escenarios donde el euro mantenga su fortaleza relativa, obligando al BCU a calibrar intervenciones con mayor frecuencia.

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