Euro y peso colombiano: contexto y proyecciones 2026

El cierre del 13 de julio de 2026 situó al euro en 3.693,03 pesos colombianos, un descenso del 0,29% frente al día anterior. Esta variación, aunque modesta, se inscribe en una secuencia más amplia de movimientos que reflejan tanto factores globales como decisiones de política interna en Colombia. Durante la última semana el euro avanzó un 0,4%, pero en términos interanuales acumula una caída del 18,45%. La volatilidad actual del 11,82%, inferior al promedio de referencia del 18,27%, indica un momento de menor incertidumbre inmediata, aunque no elimina los riesgos estructurales que enfrenta la economía colombiana.

Orígenes de la fortaleza relativa del peso

La apreciación del peso colombiano desde 2025, cuando ganó un 14% frente al dólar, respondió principalmente a la debilidad generalizada del dólar estadounidense. La Reserva Federal redujo su tasa al rango de 3,50%-3,75%, mientras el Banco de la República mantuvo la suya en 9,25%. Este diferencial favoreció estrategias de carry trade que canalizaron flujos de capital hacia activos colombianos. Al mismo tiempo, las remesas mantuvieron un ritmo sostenido y la caída del índice DXY en un 9% amplificó la ventaja competitiva del peso. Estos elementos configuraron un escenario en el que la moneda local resistió presiones externas que en otros periodos habrían provocado depreciaciones más pronunciadas.

El Grupo Cibest de Bancolombia proyecta que el dólar promediará 3.878 pesos durante 2026. Esta estimación descansa en la continuidad de la debilidad global del dólar, el ingreso constante de remesas y la expectativa de posibles alzas en las tasas locales vinculadas al ajuste del salario mínimo. Sin embargo, el mismo informe identifica riesgos fiscales y electorales que podrían alterar este equilibrio.

Canales de transmisión hacia el comercio exterior

Una tasa de cambio relativamente estable y favorable al peso reduce el costo de las importaciones de bienes de capital y tecnología, lo que beneficia a sectores como la industria manufacturera y la agroindustria orientada a la modernización. Empresas que importan maquinaria para procesar café o flores ven disminuidos sus costos en pesos, lo que puede traducirse en mayores márgenes o en precios más competitivos en mercados externos. No obstante, esta misma dinámica encarece las exportaciones tradicionales cuando se miden en dólares, afectando márgenes de sectores como el petróleo y el carbón, cuyas cotizaciones internacionales no siempre compensan la apreciación local.

Euro y peso colombiano: contexto y proyecciones 2026

El caso de los exportadores de manufacturas livianas ilustra el dilema. Varias firmas de la región andina que venden textiles y confecciones a Estados Unidos reportaron en 2025 que la apreciación del peso erosionó entre 8% y 12% sus márgenes en dólares, obligándolas a renegociar contratos o a absorber parte de la pérdida. Al mismo tiempo, importadores de insumos intermedios lograron reducir costos y ampliar volúmenes, generando un efecto neto mixto sobre el empleo industrial que depende de la composición sectorial de cada región.

Impactos en la política monetaria y las finanzas públicas

El diferencial de tasas que sostiene el carry trade también influye en las decisiones del Banco de la República. Un peso más fuerte contiene presiones inflacionarias importadas, pero limita el margen para recortar tasas sin arriesgar salidas de capital. Si el mercado anticipa incrementos adicionales en el salario mínimo, el banco podría verse obligado a endurecer su postura para evitar que la depreciación fiscal se traslade a precios internos. Esta tensión se acentúa cuando se considera el reciente recorte en la calificación soberana de Colombia, que eleva el costo de financiamiento externo y reduce el colchón disponible ante choques externos.

En el ámbito fiscal, la incertidumbre electoral añade otra capa de complejidad. Periodos preelectorales suelen coincidir con mayor volatilidad cambiaria, ya que los agentes ajustan posiciones ante posibles cambios de rumbo en la política económica. Si las presiones alcistas sobre el dólar se materializan, el Gobierno enfrentaría mayores costos para servir deuda denominada en moneda extranjera y menores ingresos reales por exportaciones petroleras, complicando el cumplimiento de metas de déficit.

Dimensiones sociales y de largo plazo

La estabilidad relativa del tipo de cambio también tiene efectos sobre el poder adquisitivo de los hogares. Un peso más fuerte abarata los viajes al exterior y ciertos productos importados de consumo final, beneficiando principalmente a sectores de ingresos medios y altos. Sin embargo, los hogares de menores ingresos, cuya canasta depende más de alimentos y servicios locales, perciben menos directamente esta ventaja y pueden verse afectados si la apreciación reduce la competitividad de sectores exportadores intensivos en mano de obra. El equilibrio entre estos efectos determina en gran medida la percepción social de la fortaleza cambiaria.

De cara a 2026 y años siguientes, la trayectoria del peso dependerá de la capacidad del país para mantener flujos de remesas, gestionar el riesgo fiscal y preservar diferenciales de tasa atractivos sin generar distorsiones excesivas. Un escenario de mayor integración comercial con bloques distintos al estadounidense podría diversificar las fuentes de demanda por pesos y reducir la dependencia de las condiciones monetarias en Washington. La evolución de estos factores definirá si la relativa estabilidad observada a mediados de 2026 se consolida como tendencia o representa solo un interludio antes de nuevos ajustes.

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