Repunte en molienda y divisas: efectos y desafíos

La mejora registrada en junio por la agroindustria exportadora argentina en el ingreso de divisas y en los niveles de molienda plantea un escenario complejo que combina señales de recuperación con limitaciones estructurales. El aumento mensual del 12 % en la liquidación de divisas hasta alcanzar los 3.008 millones de dólares permite aliviar parcialmente la presión sobre las reservas del Banco Central, aunque el acumulado semestral sigue un 13 % por debajo del año anterior. Esta situación obliga a evaluar tanto las oportunidades que abre el mayor uso de la capacidad instalada como los riesgos que persisten en la cadena comercial y logística.

Recuperación de la capacidad instalada y su impacto sectorial

El salto de la molienda de soja a 4,189 millones de toneladas en mayo, con un incremento del 20,2 % respecto de abril, y el sostenido procesamiento de girasol en 548.000 toneladas reflejan una reactivación industrial que elevó la utilización de la capacidad del 76 % al 90 %. Este mayor ritmo de actividad genera efectos directos sobre el empleo en las plantas aceiteras y sobre la demanda de servicios de transporte y almacenaje. Al mismo tiempo, el incremento de las exportaciones de aceite de soja y harina de soja, junto con el récord histórico en el acumulado de aceite de girasol, mejora los márgenes de las empresas exportadoras y refuerza la posición del país en mercados internacionales donde la demanda de subproductos proteicos sigue elevada.

Dependencia de importaciones y vulnerabilidades logísticas

El procesamiento de 1,019 millones de toneladas de soja importada de Paraguay, aunque temporal, introduce una dependencia externa que puede volverse problemática si se alteran las condiciones de abastecimiento o los precios en el país vecino. Esta situación reduce el incentivo para que los productores locales aceleren sus ventas, ya que la industria cuenta con materia prima alternativa. La caída del 60 % en el ingreso de camiones con soja y del 36 % en los de maíz durante junio evidencia un cuello de botella logístico que, de prolongarse, podría limitar el aprovechamiento de la capacidad instalada en los meses siguientes y encarecer los costos de acopio.

Repunte en molienda y divisas: efectos y desafíos

Comercialización lenta y señales de incertidumbre entre productores

El retraso en las ventas de los productores, con solo 3,401 millones de toneladas de soja comercializadas al 24 de junio y un 64 % de la producción estimada aún sin precio, refleja una estrategia defensiva frente a expectativas de mejora en los valores o a la espera de definiciones macroeconómicas. Este comportamiento reduce la liquidez inmediata del sector primario y afecta la programación de siembras futuras, ya que los productores disponen de menor capital de trabajo. En el caso del maíz, el menor volumen de ventas de los últimos 13 meses y el 43 % del saldo exportable sin precio agregado generan dudas sobre el cumplimiento de los compromisos de exportación ya pactados para el segundo semestre.

Consecuencias para las reservas y la balanza comercial

El mayor ingreso mensual de divisas contribuye a estabilizar el tipo de cambio y a financiar importaciones esenciales, pero el acumulado semestral inferior al de 2025 limita la capacidad de acumular reservas netas. Si la brecha entre liquidaciones y compromisos de importación se amplía, podría generarse presión adicional sobre las cuentas externas. Por otro lado, el aumento de las exportaciones de aceite y harina de soja mejora el saldo comercial del complejo oleaginoso, aunque la caída del 19 % en los envíos de maíz en mayo compensa parcialmente ese avance y mantiene la dependencia del sector respecto de un solo producto principal.

Escenarios de riesgo para el segundo semestre

La combinación de una comercialización lenta, una logística debilitada y la necesidad de seguir importando soja plantea tres riesgos principales. Primero, una posible reducción del flujo de granos hacia las terminales si los productores mantienen su postura de retención ante expectativas de precios más altos. Segundo, un deterioro de los márgenes industriales si el costo de la soja importada se eleva por variaciones cambiarias o de oferta en Paraguay. Tercero, una menor generación de empleo y actividad en el interior si la molienda no logra sostenerse en los niveles de mayo y junio. Cada uno de estos escenarios depende de variables externas como la evolución de los precios internacionales y las condiciones climáticas de la próxima campaña.

Observaciones sobre la sostenibilidad del repunte

El repunte industrial observado en mayo y junio ofrece una ventana de oportunidad para consolidar mercados de exportación y mejorar la utilización de la infraestructura existente. Sin embargo, la persistencia de bajos niveles de comercialización por parte de los productores y la dependencia parcial de importaciones sugieren que la recuperación podría ser frágil. Las decisiones que tomen los actores del sector en los próximos meses determinarán si el incremento de la molienda se traduce en un ciclo virtuoso de mayor liquidez y empleo o si se limita a un repunte temporal sin efectos duraderos sobre la cadena agroindustrial.

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