Familia de Guadalupe Elizabeth exige justicia tras seis años

Tijuana, Baja California. El 5 de julio de 2020 Guadalupe Elizabeth Puga, de 25 años, fue vista por última vez en la colonia Otay Constituyentes. Seis años después, su familia sigue sin respuestas concretas sobre su paradero y ha reiterado la necesidad de que las autoridades retomen con rigor las líneas de investigación que quedaron pendientes desde el principio.

El domingo 5 de julio de 2026, familiares y amigos se reunieron en la parroquia Nuestra Señora de Guadalupe, en el bulevar Díaz Ordaz, para una misa conmemorativa. La madre de la joven, Alejandra Vega, recordó que su hija había invertido varios años en formarse como cosmetóloga con el objetivo de abrir su propio salón. Esa meta, señaló, hacía improbable que hubiera abandonado voluntariamente su entorno sin llevar documentos ni pertenencias esenciales.

Circunstancias del día de la desaparición

Según el relato familiar, lo único que faltaba en la habitación de Guadalupe Elizabeth eran las cobijas de la cama. Ella jamás habría salido sin su cartera ni sin avisar, insistió Vega. Las señas particulares de la joven —un tatuaje de Harley Quinn en un hombro, una cabeza de lobo en el antebrazo, el rostro de una mujer, una cicatriz de cirugía en la cabeza y un lunar entre el labio superior y la nariz— fueron difundidas desde el primer momento, aunque hasta ahora no han permitido avanzar de manera decisiva en su localización.

El contexto de Tijuana, una ciudad con altos índices de desapariciones, añade complejidad al caso. Organismos estatales y federales han documentado que miles de personas permanecen sin localizar en Baja California, muchas de ellas en circunstancias similares: ausencia de cámaras revisadas a tiempo, falta de entrevistas tempranas a vecinos y escasa coordinación entre dependencias. Estos patrones, observados en múltiples expedientes, explican en parte por qué ciertos casos quedan estancados durante años.

Limitaciones en las primeras diligencias

Alejandra Vega ha señalado que, en las primeras horas posteriores a la desaparición, no se realizó peritaje a las cámaras de vigilancia ubicadas a dos casas de distancia. Considera que una revisión inmediata de esas grabaciones y entrevistas oportunas a vecinos habrían permitido reconstruir los movimientos de su hija. Aunque reconoce que el trato del personal especializado ha mejorado con el paso del tiempo, insiste en que la sensibilidad hacia las familias debe traducirse en acciones concretas desde el primer momento.

La experiencia de esta familia refleja un problema estructural más amplio: la importancia de las primeras 72 horas en cualquier investigación de desaparición. Cuando ese periodo crítico transcurre sin que se aseguren pruebas periciales ni se entreviste a posibles testigos, las probabilidades de resolución disminuyen drásticamente. En el caso de Guadalupe Elizabeth, la ausencia de esas diligencias iniciales sigue siendo el principal reclamo de sus parientes.

El impacto en las familias y el llamado a la empatía

Vega describió cómo cada reunión con las autoridades revive el dolor de toda la familia. “Vienen a desaparecidos donde hay hermanas, hermanos, esposas e hijos; los sentimientos están a flor de piel”, declaró. Este testimonio pone de relieve la necesidad de que los protocolos de atención incluyan no solo aspectos técnicos, sino también un acompañamiento que reconozca el estado de vulnerabilidad de quienes buscan a sus seres queridos.

El caso de Guadalupe Elizabeth Puga no es aislado. En Tijuana y en todo México, numerosas familias enfrentan procesos similares donde la falta de avances genera desconfianza institucional. La exigencia de mayor transparencia y de informes periódicos sobre el estado de las investigaciones constituye un reclamo recurrente que, de atenderse, podría contribuir a restaurar la credibilidad de las instancias responsables.

Seis años después, la familia mantiene la esperanza de que las autoridades retomen las líneas de investigación pendientes y apliquen los recursos necesarios para esclarecer qué ocurrió con Guadalupe Elizabeth. Mientras tanto, la misa del domingo sirvió como recordatorio público de que cada persona desaparecida deja un vacío que solo la verdad puede llenar.

Artículos relacionados

Últimos artículos