Fernando Carro reclama un cambio en la FIFA y desafía la continuidad de Infantino

Fernando Carro, director general del Bayer Leverkusen, elevó el tono de la disputa política en torno a la FIFA al afirmar que el fútbol europeo está “luchando contra Infantino” y que debe ganar esa batalla. En declaraciones concedidas a Sport Bild, el directivo español sostuvo que la organización necesita una transformación en su dirección y consideró que la continuidad de Gianni Infantino como presidente representaría “el peor resultado posible”.

“La FIFA necesita un cambio, un liderazgo fiable y unas elecciones presidenciales auténticas el próximo mes de marzo”, declaró Carro. Su intervención no se limitó a cuestionar determinadas decisiones del organismo: planteó abiertamente la necesidad de sustituir a su actual presidente y vinculó el futuro de la FIFA con la celebración de unos comicios que, a su juicio, deben ser verdaderamente competitivos.

Una crítica que apunta directamente al liderazgo

El mensaje del ejecutivo del Leverkusen contiene dos niveles de presión. Por un lado, reclama un cambio institucional y una dirección que genere confianza. Por otro, presenta la próxima elección presidencial como el escenario decisivo para intentar impedir la continuidad de Infantino. “No veo posible que Infantino continúe en el cargo; ese sería el peor resultado posible”, afirmó Carro, de 62 años.

La dureza de sus palabras adquiere mayor relevancia porque no proceden de un dirigente ocasional, sino de un responsable de uno de los clubes más importantes de Alemania. Carro, de origen catalán, no habló únicamente en nombre de su entidad, pero su posición refleja el malestar existente en sectores del fútbol europeo ante la manera en que la FIFA está planteando la expansión comercial de sus grandes competiciones.

El directivo dejó claro, sin embargo, que la oposición a Infantino todavía no se ha traducido en el respaldo a una alternativa concreta. Reconoció que encontrar un candidato capaz de competir con garantías será “sin duda, un reto”. Esa dificultad muestra que la batalla no depende solo de cuestionar al presidente actual: también exige construir una coalición internacional suficientemente amplia para disputar el control político de la organización.

El candidato que imagina Europa

Carro evitó pronunciarse sobre nombres, pero sí definió el perfil que considera necesario. El próximo presidente, según su planteamiento, debería ser alguien capaz de convencer también a las federaciones y representantes situados fuera de Europa, además de reunir mayorías suficientes en el proceso electoral. Para él, el respaldo europeo por sí solo no sería bastante.

“Mi impresión es que, al final, será un candidato no europeo, pero que cuente con el apoyo de Europa”, explicó. La observación parte de una realidad política esencial: la FIFA agrupa a federaciones de todos los continentes y la elección presidencial se decide mediante una aritmética global. Por eso, una candidatura identificada exclusivamente con los intereses europeos podría tener dificultades para alcanzar una mayoría internacional.

La fórmula que propone Carro combina, en consecuencia, dos elementos que no siempre avanzan juntos: un candidato con legitimidad fuera de Europa y una base de apoyo europea capaz de impulsar su candidatura. El reto consistirá en convertir el descontento con Infantino en un proyecto común, evitando que las diferencias entre clubes, ligas, confederaciones y federaciones nacionales fragmenten la oposición.

El origen de la tensión: los derechos del Mundial

Las críticas contra Infantino se intensificaron después de que se conocieran planes valorados en miles de millones para vender a inversores privados los derechos del Mundial posterior al torneo de este año, celebrado en Estados Unidos, México y Canadá. La propuesta abrió un debate sobre quién debe controlar el valor económico de la principal competición de selecciones y sobre el grado de influencia que pueden adquirir los capitales privados en la gestión del fútbol mundial.

El proyecto provocó una reacción especialmente fuerte en Europa. La UEFA llegó a amenazar con boicotear el Mundial, una advertencia que mostró hasta qué punto el conflicto había dejado de ser una discrepancia comercial para convertirse en una disputa de poder. Ante las protestas, Infantino retiró la iniciativa.

La retirada alivió la confrontación inmediata, pero no eliminó sus causas. Para los sectores críticos, el episodio evidenció una forma de gobernanza en la que las decisiones económicas de enorme alcance pueden anunciarse antes de que exista un consenso suficiente entre los principales actores. Para la FIFA, en cambio, la búsqueda de nuevas vías de financiación responde a la dimensión cada vez mayor de sus torneos y a la necesidad de aumentar sus ingresos.

Más que una pelea personal

El enfrentamiento descrito por Carro no parece reducirse a una rivalidad personal entre dirigentes. En el fondo se discute el modelo de crecimiento del fútbol internacional: cuánto poder debe concentrar la FIFA, qué papel deben desempeñar las confederaciones y los clubes, y hasta dónde puede llegar la comercialización de los derechos de las competiciones.

La cuestión electoral de marzo será, por tanto, una prueba para ambas partes. Infantino necesitará demostrar que conserva una base internacional sólida después de la controversia, mientras que sus opositores tendrán que presentar una alternativa capaz de superar las fronteras europeas. La exigencia de Carro de celebrar “elecciones presidenciales auténticas” apunta precisamente a ese punto: no basta con expresar rechazo, también será necesario organizar una candidatura, reunir apoyos y ofrecer un programa de gobierno creíble.

Si la oposición logra articular ese frente, la elección podría convertirse en una revisión del rumbo adoptado por la FIFA. Si no lo consigue, el episodio servirá para confirmar que el malestar europeo, aun siendo visible y capaz de bloquear propuestas concretas, todavía no equivale a una mayoría global. Esa es la dimensión estratégica de la advertencia de Carro: la disputa por la presidencia no se ganará únicamente con críticas, sino con una coalición internacional capaz de transformar la protesta en poder electoral.

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