El Fondo Monetario Internacional ha modificado de forma sustancial sus proyecciones regionales tras el cierre prolongado del estrecho de Ormuz. La nueva estimación sitúa la contracción media de las economías de Oriente Medio y el Norte de África en un 0,5 % para 2026, una revisión a la baja de 1,6 puntos respecto al informe de abril. Este ajuste refleja la interrupción directa de las cadenas de suministro energético que dependen de esa vía marítima crítica.
La magnitud del cambio evidencia cómo un solo punto de estrangulamiento puede alterar las expectativas de crecimiento de toda una región en cuestión de meses. Los datos de abril ya incorporaban tensiones, pero el escenario base actualizado no pudo incluir las últimas declaraciones del presidente Trump sobre el fin del alto el fuego, lo que añade incertidumbre adicional a las cifras publicadas.
El repunte proyectado para 2027
Frente a la caída de 2026, el FMI anticipa una expansión del 7,3 % en 2027, casi tres puntos por encima de la previsión anterior. Este rebote se explica por la normalización gradual de las rutas de exportación y por la reactivación de la producción petrolera una vez superada la fase más aguda del conflicto. Los analistas del organismo subrayan que la recuperación no será lineal y dependerá de la velocidad con que se restablezcan los flujos comerciales.
El contraste entre ambos años ilustra la volatilidad inherente a economías muy expuestas a un solo factor geopolítico. Mientras 2026 se presenta como un ejercicio de ajuste doloroso, 2027 aparece como el momento en que la región podría recuperar parte del terreno perdido, siempre que no se produzcan nuevos episodios de escalada militar.

Contracciones y recuperaciones por país
Irak, Kuwait y Catar encabezan la lista de economías que sufrirán contracciones más severas en 2026, seguidas de expansiones de dos dígitos al año siguiente. La dependencia casi exclusiva de estas naciones de los mercados que transitan por Ormuz explica la amplitud de la oscilación. Sus presupuestos públicos y sus planes de inversión quedan directamente expuestos a cualquier interrupción prolongada del tráfico marítimo.
Arabia Saudí, en cambio, registra una previsión más moderada: un crecimiento del 1,7 % en 2026 y del 5,5 % en 2027. La diversificación de sus rutas de exportación hacia puertos del mar Rojo y el golfo de Adén le otorga mayor margen de maniobra frente a la crisis actual. Esta diferencia de comportamiento dentro del mismo grupo de exportadores pone de relieve cómo la geografía comercial puede amortiguar o amplificar los efectos de un mismo choque externo.
Resistencia de los importadores netos
Los países importadores de energía y alimentos de la región muestran una relativa capacidad de resistencia. El FMI señala que el encarecimiento de los precios de la energía y los alimentos no ha provocado hasta ahora desequilibrios graves en sus balanzas de pagos. Esta mayor solidez se atribuye a reservas de divisas más holgadas y a políticas de diversificación económica iniciadas en años anteriores.
Aun así, esa resistencia tiene límites. Un prolongamiento del conflicto podría erosionar los colchones fiscales y obligar a recortes en gasto social o en programas de inversión pública. El informe destaca que la evolución de estos países dependerá en buena medida de la duración del cierre del estrecho y de la disponibilidad de fuentes alternativas de suministro.
La revisión al alza de la previsión para Irán, que pasa de una contracción del 6,1 % a una del 5,4 %, añade un matiz adicional. El organismo atribuye esta mejora a los mejores resultados de las exportaciones de petróleo en marzo y abril y a una cierta relajación temporal de las restricciones. Este dato sugiere que incluso dentro de las economías más afectadas existen márgenes de adaptación que el análisis macroeconómico debe incorporar.
