Fondos NEXO y CROCUS abren una nueva disputa por la inclusión y el desarrollo rural en Costa Rica

El Programa Semilla abrió una convocatoria que coloca dos problemas persistentes de la economía costarricense en un mismo escenario: las dificultades de las personas con discapacidad para acceder a financiamiento y la baja capacidad de muchos negocios rurales para transformar sus recursos locales en empresas sostenibles. A través de los fondos NEXO y CROCUS, financiados por el Sistema de Banca para el Desarrollo (SBD), cada emprendimiento seleccionado podrá recibir hasta ₡3,5 millones, unos USD 7.732, en recursos no reembolsables.

El dinero, sin embargo, no está diseñado para negocios en fase de idea. La convocatoria exige que los proyectos tengan entre uno y cuatro años de operación comprobable, un producto o servicio validado y primeras ventas. La lógica es intervenir en una etapa particularmente frágil: cuando una empresa ya demostró que puede vender, pero todavía carece de capital, procesos y capacidades para crecer. Las postulaciones estarán abiertas hasta el 13 de septiembre de 2026 y los resultados se anunciarán entre el 22 y el 24 de ese mes.

El dato decisivo no es el monto, sino el momento en que llega

La primera edición de la iniciativa recibió más de 100 propuestas y benefició a 34 emprendimientos. Esa relación permite dimensionar la competencia: aproximadamente uno de cada tres proyectos que presentaron una propuesta obtuvo apoyo, aunque la cifra no permite conocer cuántos cumplían todos los requisitos ni cómo se distribuyeron los recursos. También revela que existe una demanda considerable por instrumentos distintos al crédito tradicional.

El perfil de los beneficiarios añade una señal relevante. El 80% de las empresas participantes fueron lideradas por mujeres y al menos dos terceras partes operaban fuera de la Gran Área Metropolitana (GAM). No se trata únicamente de una característica demográfica. En Costa Rica, la distancia a los centros financieros, la menor densidad empresarial y la escasez de servicios especializados pueden elevar los costos de formalización, capacitación y comercialización. Un fondo de capital no reembolsable reduce una barrera, pero no elimina esas desventajas estructurales.

La primera conclusión es que el principal valor del programa puede estar en la combinación de capital y acompañamiento. Un aporte de ₡3,5 millones puede financiar equipo, empaques, adecuaciones, permisos, mercadeo o capital de trabajo, pero difícilmente transforma por sí solo una microempresa en una compañía con escala. La capacitación y la mentoría son decisivas porque convierten el dinero en decisiones: cuánto producir, a qué precio, con qué margen y bajo qué estándares.

Milena Arias, directora del Programa Semilla, sostiene que la convocatoria parte de los aprendizajes de la primera edición y responde a negocios con productos validados y primeras ventas que aún no consiguen recursos para profesionalizarse. Ese diagnóstico es consistente con una falla habitual del financiamiento para pequeñas empresas: los bancos suelen exigir historial, garantías y flujos estables, mientras que los emprendimientos todavía no pueden demostrar esas condiciones. El subsidio intenta cubrir precisamente el espacio entre la validación comercial y la bancabilidad.

NEXO: inclusión económica más allá de la cuota de propiedad

El Fondo NEXO tendrá alcance nacional y está dirigido a negocios de cualquier sector liderados por personas con discapacidad, así como a proyectos cuya actividad genere oportunidades de inclusión laboral y productiva para esta población. Cuando el solicitante sea una persona jurídica, la persona con discapacidad deberá poseer la mayoría de las cuotas o acciones que le permitan participar en la toma de decisiones.

La exigencia de control mayoritario busca evitar que la discapacidad sea utilizada únicamente como argumento para obtener fondos mientras el control real permanece en terceros. Es una salvaguarda razonable, pero también puede convertirse en una dificultad para proyectos que requieren alianzas con inversionistas, familiares o socios técnicos. Una persona puede liderar efectivamente un negocio sin tener la mayoría accionaria, especialmente cuando necesita aportar conocimiento y trabajo, pero no dispone del capital inicial. El diseño deberá distinguir entre una estructura abusiva y una asociación legítima.

El alcance de NEXO también plantea una cuestión de medición. Apoyar a una empresa liderada por una persona con discapacidad puede mejorar sus ingresos y autonomía, pero el impacto inclusivo será mayor si el emprendimiento crea empleos accesibles, adapta puestos de trabajo o incorpora a proveedores de esa población. Por eso, las metas no deberían limitarse a ventas o unidades producidas. Sería pertinente evaluar permanencia del empleo, accesibilidad, participación en la toma de decisiones y continuidad del negocio después de terminado el acompañamiento.

Para las personas con discapacidad, el obstáculo no suele ser únicamente la falta de una idea empresarial. También pesan las barreras de movilidad, conectividad, educación financiera, acceso a redes comerciales y prejuicios sobre su capacidad productiva. Si la mentoría se ofrece con formatos no accesibles o se concentra en sesiones presenciales en ciudades principales, el programa podría reproducir parte de la exclusión que pretende corregir. La accesibilidad debe formar parte de la ejecución, no quedar como una condición implícita.

CROCUS apuesta por convertir la identidad culinaria en margen comercial

El Fondo CROCUS se dirige a emprendimientos gastronómicos ubicados en zonas rurales, pero su definición es más específica de lo que su nombre podría sugerir. Incluye actividades de producción, transformación, conservación y comercialización de alimentos empacados y otros productos transformados con valor agregado. Quedan fuera restaurantes, sodas, cafeterías y servicios de catering.

La exclusión es significativa. Los restaurantes suelen ser una de las primeras formas de emprendimiento gastronómico en territorios turísticos y rurales, pero también enfrentan costos altos, baja productividad y fuerte dependencia del consumo local. CROCUS opta por otra ruta: productos que puedan conservarse, transportarse y venderse fuera de la comunidad. Esa decisión favorece negocios con posibilidades de distribución regional o nacional, en lugar de concentrar el apoyo en establecimientos cuyo ingreso depende de la atención diaria al público.

El fondo estará disponible en Ciudad Quesada, Palmares, Liberia, Nicoya, Santa Cruz, Guácimo, Limón, Talamanca, Garabito, Monteverde, Puntarenas, Quepos y Pérez Zeledón. La selección reúne territorios con identidades productivas y turísticas diferentes. Un producto de cacao o fruta procesada en Limón enfrenta condiciones de abastecimiento y mercado distintas de las de una conserva tradicional en Nicoya o un alimento dirigido al turismo de Monteverde. El acompañamiento deberá ser territorial; una receta empresarial uniforme puede ser tan ineficaz como la falta de financiamiento.

La segunda conclusión es que CROCUS puede elevar el valor capturado por las comunidades rurales si conecta tres eslabones que a menudo permanecen separados: productores de materias primas, empresas transformadoras y canales de comercialización. Vender un insumo sin procesar deja una parte importante del margen fuera del territorio. Transformarlo, empacarlo con estándares adecuados y posicionarlo como producto de origen permite capturar más valor, aunque exige permisos sanitarios, consistencia de calidad, logística y una estrategia de marca.

La promesa de aprovechar ingredientes locales y tradiciones culinarias es atractiva, pero no debe confundirse con una garantía de mercado. La identidad territorial puede diferenciar un producto, pero el consumidor también exige precio competitivo, disponibilidad constante, inocuidad y presentación profesional. El riesgo consiste en romantizar lo local y subestimar los costos de producir a escala. Un producto tradicional puede ser culturalmente valioso y, al mismo tiempo, comercialmente inviable si no se calculan correctamente los costos de empaque, transporte, desperdicio y distribución.

La brecha entre recibir fondos y construir una empresa resistente

El carácter no reembolsable de los recursos reduce el riesgo financiero para emprendimientos vulnerables, pero crea un desafío de gestión pública: demostrar que el subsidio generó capacidades duraderas y no solo una expansión temporal. El plan de inversión aprobado y el cumplimiento de metas serán determinantes. Si las metas se enfocan exclusivamente en ejecutar el presupuesto, el programa podría premiar el gasto ordenado sin comprobar la sostenibilidad empresarial.

En CROCUS existe además una cuota de ₡150.000, aproximadamente USD 331, que solo deben pagar las personas seleccionadas por concepto de inscripción y acompañamiento inicial. Para un emprendimiento que recibe hasta ₡3,5 millones, representa cerca del 4,3% del monto máximo, pero la proporción puede ser mucho mayor para quienes reciban una asignación inferior. El cobro puede contribuir a cubrir costos del programa y comprometer al beneficiario, aunque también puede excluir a negocios con liquidez muy limitada. NEXO, en cambio, no tiene costo de inscripción.

La transparencia en la selección será otro elemento sensible. Más de 100 propuestas en la primera edición y solo 34 beneficiarios muestran que la escasez de recursos obliga a priorizar. Los postulantes necesitarán claridad sobre los criterios de evaluación, la ponderación del impacto social, la viabilidad financiera y la ubicación territorial. Sin información suficiente, los resultados pueden ser percibidos como discrecionales, incluso si el proceso cumple formalmente las reglas.

Desde la perspectiva del SBD, la apuesta ofrece una forma de cumplir una función de desarrollo que el sistema financiero convencional no suele asumir: financiar proyectos con potencial, pero sin garantías suficientes. Para el Programa Semilla, el acompañamiento puede ampliar su impacto y fortalecer su modelo. Para los beneficiarios, la relación implica también obligaciones: reportar avances, aceptar ajustes al plan y demostrar que las decisiones de inversión responden a una estrategia, no a necesidades inmediatas desconectadas del mercado.

Qué puede cambiar en los próximos dos años

Si la convocatoria mantiene una participación elevada, es probable que aumente la presión para ampliar fondos especializados y replicar el esquema en otros sectores rurales. La experiencia podría generar una base de datos útil sobre supervivencia, ventas, empleos creados, formalización y acceso posterior a crédito. Esa evidencia será más valiosa que el número inicial de proyectos apoyados, porque permitirá saber si el subsidio funciona como puente hacia una empresa más sólida o como ayuda aislada.

Un escenario favorable sería que algunos beneficiarios utilicen el capital para cumplir requisitos sanitarios, mejorar empaques, ingresar a plataformas de comercio electrónico y establecer acuerdos con hoteles, supermercados o compradores institucionales. En el caso de NEXO, el avance se mediría también por la incorporación de trabajadores con discapacidad y la reducción de la dependencia económica de sus propietarios. En CROCUS, por el porcentaje de insumos comprados localmente y la capacidad de vender fuera del cantón sin perder rentabilidad.

El escenario adverso es menos visible: negocios que compran equipo sin demanda suficiente, elevan su producción sin resolver la distribución o dependen de una sola feria, cliente o temporada turística. La inflación de costos, las dificultades de transporte, la conectividad irregular y los requisitos regulatorios pueden consumir rápidamente el beneficio. También existe riesgo de que el acompañamiento termine al mismo tiempo que el desembolso, justo cuando aparecen los problemas de flujo de caja y comercialización.

La sostenibilidad exigirá seguimiento posterior, acceso gradual a crédito y redes de compradores. Un fondo no reembolsable puede ser la primera estación, pero no sustituye la infraestructura económica que necesitan los territorios rurales ni resuelve por sí solo la discriminación que enfrentan las personas con discapacidad. La convocatoria es importante porque reconoce esas fallas y dirige recursos a poblaciones que suelen quedar fuera del crédito. Su verdadero resultado, no obstante, se definirá cuando los emprendimientos dejen de ser proyectos beneficiarios y puedan sostenerse con ventas, empleo y capacidad de decisión propia.

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