Los precios del gas natural en Europa prolongaron este martes una racha de cinco sesiones al alza, impulsados por la escalada militar en el Golfo Pérsico y por la interrupción total del tránsito de buques cisterna en el Estrecho de Ormuz, un corredor clave para el suministro mundial de energía. La referencia holandesa para el mes próximo subió 1.8% hasta 62.8 euros por megavatio-hora, mientras que el contrato británico equivalente avanzó 1.2% hasta 154.4 peniques por termia.
Ambos indicadores marcaron su secuencia alcista diaria más larga desde finales de julio, en una señal de que el mercado está incorporando un riesgo geopolítico que, por ahora, pesa más que la moderación habitual de la demanda estival. El movimiento refleja una reacción inmediata a la paralización del tráfico marítimo, pero también a la fragilidad previa del sistema europeo de almacenamiento, que ya venía mostrando niveles inferiores a los de años recientes.

Reuters informó que, citando a funcionarios iraníes, Teherán adoptó una postura militar completamente ofensiva tras el colapso de los esfuerzos diplomáticos para un acuerdo de paz permanente y después de que Washington descartara extender un alto el fuego temporal. La tensión aumentó durante el fin de semana, cuando el presidente estadounidense, Donald Trump, amenazó con un bloqueo naval estricto o con acciones militares contra las interferencias al tránsito regional.
Para el mercado del gas, el centro del problema no es solo la retórica, sino la logística. El cierre efectivo del paso por Ormuz dejó varados cargamentos de gas natural licuado de Qatar y retrasó entregas spot que debían llegar a terminales europeas. En un sistema cada vez más dependiente del GNL para compensar el menor peso del gas ruso por tubería, cualquier demora en rutas marítimas tiene un efecto inmediato sobre los precios y sobre la percepción de disponibilidad para el invierno.
Las comercializadoras europeas compiten además con compradores asiáticos, que también están elevando sus pujas por cargamentos spot para reforzar inventarios de cara a la temporada fría. Esa competencia global tiende a endurecer el mercado incluso cuando no hay una escasez física inmediata en Europa. Si la disrupción persiste, los cargadores más flexibles podrían redirigirse hacia las regiones dispuestas a pagar más, dejando a los importadores europeos con menos margen de maniobra.
Los datos de Gas Infrastructure Europe muestran que las reservas subterráneas de la Unión Europea están algo por encima del 60% de su capacidad, un nivel considerado históricamente bajo para mediados de agosto. El patrón responde a dos factores que se acumularon durante el verano: olas de calor persistentes, que elevaron el consumo eléctrico para refrigeración, y entradas de GNL más bajas de lo habitual, que frenaron el ritmo de inyección estacional. En conjunto, el bloque afronta el final del verano con menos colchón del que normalmente se busca antes de iniciar la temporada de calefacción.
La lectura de fondo para las mesas de negociación es clara: el mercado europeo está reaccionando menos a una crisis de oferta ya materializada que al riesgo de que una crisis de oferta se consolide en las próximas semanas. Por eso la prima geopolítica volvió a entrar con fuerza en los precios. Si el tránsito marítimo se normaliza, parte del avance podría moderarse; si no ocurre, la presión sobre los almacenamientos y sobre la curva de invierno seguirá aumentando.
