Los resultados de la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana del Inegi correspondientes a junio de 2026 muestran que la percepción de inseguridad en Hermosillo descendió hasta 43.2 por ciento, el nivel más bajo registrado en dos años. Este descenso se inscribe en un proceso que comenzó a perfilarse desde finales de 2021, cuando la misma medición alcanzaba 66.8 por ciento. La reducción acumulada de 23.6 puntos porcentuales sitúa a la capital sonorense como la ciudad que más ha mejorado entre todas las capitales estatales en ese lapso.
Trayectoria de la percepción ciudadana desde 2021
El punto de partida de esta evolución se ubica en septiembre de 2021, cuando la violencia asociada al crimen organizado en Sonora alcanzaba niveles que afectaban directamente la vida cotidiana de los habitantes de Hermosillo. Las cifras del Inegi reflejaban entonces un clima de temor generalizado, impulsado por enfrentamientos, extorsiones y robos que se concentraban en zonas urbanas y periféricas. A partir de ese momento, la coordinación entre la Fiscalía estatal, la Secretaría de Seguridad Pública municipal y elementos federales comenzó a traducirse en operativos sostenidos y en una mayor presencia policial en puntos estratégicos.
Los datos intermedios muestran altibajos: en junio de 2024 la percepción había bajado hasta 43.1 por ciento, pero un repunte la llevó a 50.3 por ciento un año después. El nuevo descenso observado en el segundo trimestre de 2026 indica que las políticas aplicadas lograron revertir ese retroceso temporal. El factor diferenciador parece residir en la continuidad de los programas de patrullaje y en la integración de información de inteligencia entre los tres niveles de gobierno, algo que no siempre se mantuvo con la misma intensidad en administraciones anteriores.

Comparación regional y posición nacional
Al contrastar los resultados de Hermosillo con los de otras ciudades del norte del país, la diferencia resulta notable. Mientras Ciudad Obregón registra 82.4 por ciento de percepción de inseguridad, Culiacán llega a 90.8 por ciento, Reynosa a 86.6 por ciento y Mazatlán a 78.4 por ciento, la capital sonorense se mantiene 16.6 puntos por debajo del promedio nacional de 59.8 por ciento. Esta brecha sugiere que las estrategias aplicadas en Hermosillo han logrado contener fenómenos que siguen afectando a municipios vecinos con características demográficas y económicas similares.
El caso de Culiacán ilustra cómo la persistencia de enfrentamientos entre grupos criminales puede mantener elevados los niveles de temor ciudadano aun cuando las autoridades reporten detenciones importantes. En Hermosillo, en cambio, la reducción de delitos de alto impacto como el homicidio doloso y la extorsión ha sido más consistente, según los reportes de incidencia delictiva que complementan la encuesta de percepción. Esta diferencia en los resultados concretos explica por qué la confianza ciudadana ha respondido de manera más favorable en la capital sonorense.
Efectos sobre la economía y la inversión
Una percepción de inseguridad más baja suele traducirse en mayor disposición de empresas para instalarse o expandirse. En los últimos dos años, Hermosillo ha registrado el arribo de nuevas plantas manufactureras en el sector automotriz y de energías renovables. Aunque los directivos de estas empresas citan principalmente la disponibilidad de mano de obra calificada y la cercanía con Estados Unidos como factores de decisión, varios de ellos han mencionado en entrevistas que la mejora en la imagen de seguridad fue un elemento que facilitó la aprobación interna de los proyectos.
El turismo regional también comienza a registrar variaciones positivas. Hoteles y restaurantes de Hermosillo reportan un incremento gradual en visitantes provenientes de otras entidades del norte, especialmente durante fines de semana largos. Aunque el flujo aún no alcanza los niveles previos a la pandemia, el cambio de tendencia coincide con la difusión de los resultados de la encuesta del Inegi, que han sido utilizados por el gobierno municipal para campañas de promoción.
Repercusiones en la confianza institucional y la cohesión social
La disminución sostenida de la percepción de inseguridad fortalece el vínculo entre la ciudadanía y las autoridades. Cuando los habitantes perciben que las condiciones de seguridad mejoran, aumenta la probabilidad de que denuncien delitos y colaboren con investigaciones. Este círculo virtuoso puede observarse ya en el incremento de reportes ciudadanos a través de aplicaciones municipales y en la mayor participación en programas de prevención del delito en colonias que antes mostraban altos índices de desconfianza.
Sin embargo, el margen de mejora sigue siendo amplio. El 43.2 por ciento de la población que aún considera insegura la ciudad representa un grupo significativo cuyas experiencias cotidianas no han cambiado al mismo ritmo que las estadísticas agregadas. Las zonas periféricas y algunos barrios del centro histórico continúan reportando problemas de iluminación deficiente y presencia de pandillas juveniles, factores que mantienen vivo el temor en sectores específicos de la población.
Perspectivas de largo plazo y desafíos pendientes
El mantenimiento de los niveles actuales de percepción dependerá de la capacidad de las autoridades para sostener los operativos y, sobre todo, para atacar las causas estructurales de la inseguridad. Programas de empleo juvenil, atención a adicciones y recuperación de espacios públicos han mostrado resultados en otras ciudades mexicanas cuando se aplican de manera integral y con financiamiento suficiente. En Hermosillo, estos componentes aún se encuentran en fase inicial y requerirán recursos adicionales para consolidarse.
La experiencia de Hermosillo ofrece un ejemplo de cómo la coordinación interinstitucional puede modificar trayectorias de percepción negativa, pero también recuerda que los avances no son irreversibles. Cualquier relajamiento en la presencia policial o en los mecanismos de inteligencia podría revertir los logros alcanzados en menos de un año, tal como ocurrió entre 2024 y 2025. El seguimiento continuo de los indicadores del Inegi permitirá evaluar si la tendencia observada en junio de 2026 se mantiene o si representa solo un punto de inflexión temporal.
