A un año del inicio de la prueba piloto para incorporar al IMSS a quienes trabajan mediante plataformas digitales, apenas 15.5% de las personas registradas ha superado el umbral de ingresos requerido para obtener seguridad social plena. El dato revela que la afiliación formal no equivale, por sí sola, a acceso efectivo a todas las prestaciones.
Ingresos irregulares, cobertura limitada
El modelo condiciona la protección completa a un nivel mínimo de percepción salarial. Para la amplia mayoría que no lo alcanza de manera sostenida, la volatilidad de los pedidos, las comisiones, los costos de operación y la competencia entre repartidores reducen la posibilidad de consolidar una relación contributiva comparable con la de un empleo tradicional.

La brecha también tiene un componente de género. Las repartidoras ganan, en promedio, 8% menos que sus compañeros hombres, según la información difundida. Esa diferencia vuelve más difícil que las mujeres rebasen el umbral de cotización y amplía la desigualdad en el acceso a servicios médicos, incapacidades y ahorro para el retiro.
El resultado plantea un reto para la etapa siguiente de la regulación: medir el éxito por el número de cuentas inscritas puede ocultar una cobertura fragmentada. La prueba piloto ha abierto una vía institucional para un sector históricamente informal, pero sus cifras sugieren que el diseño debe responder mejor a ingresos variables y a brechas persistentes. De otro modo, la protección social seguirá concentrada en una minoría de quienes dependen diariamente de las aplicaciones para trabajar.
