El peso mexicano inició julio de 2026 con una depreciación moderada frente al dólar, ubicándose en 17.5232 unidades por divisa estadounidense según el tipo de cambio spot. Este nivel representa una pérdida de 2.46 centavos respecto al cierre oficial de Banxico del día anterior, equivalente a una variación de 0.14 por ciento. El Índice Dólar avanzó 0.07 por ciento hasta 101.25 unidades, mientras el rango intradía osciló entre 17.4938 y 17.5626. El movimiento responde principalmente a la expectativa de anuncios sobre la revisión del T-MEC y al contexto de tensiones geopolíticas en Oriente Medio.
Efectos directos sobre la integración comercial norteamericana
La posibilidad de que Estados Unidos decida no prorrogar el acuerdo comercial activa un mecanismo de salida de diez años que alteraría las cadenas de suministro regionales. Empresas automotrices y de electrónica con operaciones en los tres países enfrentarían incrementos en costos logísticos y arancelarios una vez concluido el periodo de transición. Datos de la Secretaría de Economía mexicana muestran que 78 por ciento de las exportaciones manufactureras hacia Estados Unidos dependen de insumos originarios de la región, por lo que cualquier modificación sustancial en las reglas de origen impactaría directamente los márgenes de utilidad de más de 4 200 plantas maquiladoras.

Los sectores más expuestos incluyen el automotriz, donde la integración de componentes transfronterizos supera el 60 por ciento del valor de los vehículos ensamblados en México. Una renegociación dura podría elevar los requisitos de contenido regional y desplazar parte de la inversión hacia proveedores estadounidenses, reduciendo el flujo de divisas que actualmente sostiene el superávit comercial mexicano con su principal socio.
Perspectivas de los tres gobiernos involucrados
Desde la óptica mexicana, la prioridad radica en preservar el acceso preferencial al mercado estadounidense sin concesiones excesivas en materia laboral o ambiental. Autoridades de la Secretaría de Relaciones Exteriores han señalado que cualquier renegociación debe mantener el equilibrio alcanzado en 2020. En contraste, funcionarios estadounidenses han enfatizado la necesidad de corregir desequilibrios comerciales persistentes, especialmente en el déficit bilateral de bienes. Canadá, por su parte, busca evitar que las disputas bilaterales entre México y Estados Unidos debiliten el marco trilateral que protege sus exportaciones de energía y automóviles.
Los inversionistas institucionales interpretan estas posiciones divergentes como un factor estructural de volatilidad. Reportes de Banorte y Banco Base coinciden en que la resistencia técnica en 17.55 podría ceder hacia 17.68 si las negociaciones se prolongan sin señales claras de continuidad del acuerdo.
Riesgos macroeconómicos y escenarios futuros
Un escenario de disolución gradual del T-MEC introduciría presiones inflacionarias en México por el encarecimiento de importaciones intermedias, obligando a Banxico a mantener una postura restrictiva por más tiempo. El tipo de cambio oscilaría en un rango ampliado entre 17.48 y 17.80 durante los próximos trimestres, según estimaciones internas de instituciones financieras locales. Al mismo tiempo, la incertidumbre reduciría la llegada de inversión extranjera directa en sectores manufactureros, afectando el crecimiento potencial del PIB en 0.4 a 0.7 puntos porcentuales anuales a partir de 2028.
Para las empresas exportadoras, la estrategia más inmediata consiste en diversificar destinos de venta hacia Europa y Asia, aunque los costos de adaptación logística limitan esta opción en el corto plazo. Los hogares mexicanos con deudas denominadas en dólares enfrentarían mayores pagos mensuales, mientras que los ahorradores en moneda extranjera obtendrían rendimientos adicionales por la depreciación.
La trayectoria del peso dependerá en última instancia de la capacidad de los tres gobiernos para alcanzar compromisos específicos antes de que expire el periodo de revisión. Si las negociaciones derivan en ajustes marginales y no en una renegociación integral, la volatilidad cambiaria podría moderarse hacia finales de 2026; en caso contrario, el tipo de cambio enfrentaría presiones estructurales sostenidas que modificarían el perfil de riesgo de toda la economía norteamericana.
