La reciente encuesta del Banco de México revela que la incertidumbre derivada del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá está alterando las expectativas de crecimiento. Cuarenta y un grupos de análisis consultados coinciden en que este factor externo se ha convertido en el principal obstáculo para la expansión económica, lo que ya se traduce en recortes a las proyecciones de empleo formal y de inversión extranjera directa para 2026 y 2027.
Más allá de los números agregados, el ajuste de pronósticos plantea interrogantes sobre cómo evolucionará la relación entre el sector privado y la política comercial regional en los próximos años. La percepción de que el momento actual no es propicio para invertir, compartida por más de la mitad de los especialistas, sugiere un posible enfriamiento gradual de los flujos de capital productivo hacia México.

Efectos en el empleo formal y la seguridad social
La reducción de 3,000 plazas proyectadas para 2026 y de 4,000 para 2027, aunque aparentemente modestas, adquiere relevancia cuando se observa en el contexto de un mercado laboral que aún no ha recuperado plenamente los niveles prepandemia en varios sectores manufactureros. Empresas que dependen de cadenas de suministro integradas bajo el T-MEC podrían postergar contrataciones o incluso reducir personal temporal ante la posibilidad de renegociaciones prolongadas o modificaciones arancelarias.
Este escenario afecta especialmente a trabajadores jóvenes y a regiones del norte del país donde la industria automotriz y electrónica concentra gran parte del empleo formal. Una menor creación de puestos asegurados ante el IMSS también implica menores ingresos para el sistema de pensiones y menor capacidad de consumo interno, generando un círculo que podría amplificar la desaceleración económica en el mediano plazo.
Riesgos para la atracción de capital extranjero
El recorte en la estimación de inversión extranjera directa para 2027, aunque de apenas 385 millones de dólares, refleja una cautela creciente entre inversionistas que evalúan México frente a otros destinos en América Latina o el sudeste asiático. La percepción de inseguridad jurídica y problemas de gobernanza mencionados en la encuesta añade un factor interno que se superpone a la incertidumbre comercial externa.
Sin embargo, también existen señales que limitan el pesimismo. La expectativa de que el T-MEC pueda fortalecerse tras una posible renegociación sugiere que ciertos sectores estratégicos, como el energético o el de semiconductores, podrían beneficiarse de mayor certidumbre una vez que se definan nuevas reglas. Empresas ya establecidas podrían incluso acelerar inversiones para consolidar su posición antes de eventuales cambios regulatorios.
Implicaciones para el crecimiento y la inflación
El mantenimiento del pronóstico de PIB en 1.1% para 2026 y 1.8% para 2027 indica que los analistas no anticipan una contracción severa, pero sí un crecimiento insuficiente para absorber el aumento de la fuerza laboral. La mejora en las expectativas de inflación, que bajaron a 4.20% para el cierre de este año, ofrece cierto margen de maniobra al Banco de México, aunque este alivio podría evaporarse si la depreciación del peso se acelera por salidas de capital.
Un crecimiento anémico combinado con menor IED también limita la capacidad del gobierno para financiar programas sociales o infraestructura sin aumentar el déficit fiscal, lo que a su vez podría elevar las primas de riesgo país y encarecer el financiamiento tanto público como privado.
Desafíos de gobernanza y factores estructurales
La encuesta identifica la inseguridad, la falta de Estado de derecho y la corrupción como limitantes persistentes que operan independientemente del T-MEC. Estos problemas estructurales reducen la efectividad de cualquier eventual mejora en las condiciones comerciales externas. Las empresas que evalúan proyectos de largo plazo necesitan garantías de que los contratos se respetarán y de que los activos no serán objeto de extorsión o disputas legales prolongadas.
Al mismo tiempo, la estabilidad relativa del pronóstico de crecimiento de Estados Unidos ofrece un contrapeso positivo. Si la economía estadounidense mantiene su ritmo, la demanda de exportaciones mexicanas podría compensar parcialmente la menor inversión interna, siempre que las cadenas de valor regionales no se fragmenten por decisiones políticas unilaterales.
Escenarios futuros y recomendaciones implícitas
Los analistas consultados por Banxico no modificaron sustancialmente sus previsiones para 2027 en varios rubros, lo que sugiere que esperan una resolución gradual de la incertidumbre comercial. Sin embargo, la posibilidad de que el cuarto trimestre de 2026 registre una mayor probabilidad de caída del PIB indica que el riesgo de un tropiezo puntual persiste.
Para mitigar estos riesgos, el sector privado y las autoridades mexicanas podrían priorizar la diversificación de mercados de exportación y el fortalecimiento de instituciones que garanticen el cumplimiento de contratos. La combinación de factores externos e internos exige una estrategia que vaya más allá de la defensa del tratado actual y busque mejorar la competitividad estructural del país.
