El presidente José Raúl Mulino anunció el 1 de julio que empresarios dominicanos se suman a inversionistas europeos interesados en desarrollar infraestructura hotelera en la Costa Arriba de la provincia de Colón. La declaración, hecha durante su discurso a la nación, coincide con el crecimiento del 17% registrado por el sector turístico en el primer trimestre de 2026 y con un aumento del 16,4% en la llegada de visitantes internacionales entre enero y abril respecto al mismo período de 2025.
Estas cifras, suministradas por la Autoridad de Turismo de Panamá, reflejan que el país ya recibió un millón de turistas internacionales en los primeros cuatro meses del año y generó ingresos por 2.637 millones de dólares. El mandatario adelantó además que presentará ante la Asamblea Nacional una Ley de Incentivos Turísticos para enviar “una señal clara de confianza” a quienes deseen invertir y generar empleo.

El informe “Más visitantes, menos brechas”, elaborado por la consultora Indesa para el Foro de Turismo 2026 de la Apede, aporta contexto estructural: el 83% de la actividad económica nacional se concentra en Panamá, Panamá Oeste y Colón, mientras que las provincias del interior enfrentan menores oportunidades de empleo formal. El documento destaca que el turismo es una de las pocas actividades capaces de llevar demanda directamente a los territorios y generar encadenamientos productivos locales.
Efectos multiplicadores y distribución territorial
Cada 100 dólares generados en hoteles y restaurantes producen aproximadamente 60 dólares adicionales en otros sectores, según el estudio. Asimismo, cada millón de dólares en ventas turísticas genera más de 42 empleos directos e indirectos. Estas cifras sugieren que, si una porción significativa de los visitantes llegara a la Costa Arriba de Colón, el efecto sobre el empleo local podría ser considerable, especialmente en comunidades que hoy dependen de actividades informales o de baja productividad.
Sin embargo, el informe señala que el principal obstáculo no es la atracción de visitantes, sino su distribución geográfica. Más del 83% de los turistas internacionales ingresan por el Aeropuerto de Tocumen y, para muchos, desplazarse hacia destinos del interior implica trayectos superiores a tres horas. Esta concentración limita la capacidad del sector para reducir las desigualdades territoriales que el propio Mulino ha identificado como prioridad.
Perspectivas de los actores involucrados
Desde la visión gubernamental, la llegada de capital dominicano y europeo representa una oportunidad para diversificar la matriz turística más allá del Canal y la capital. La Ley de Incentivos Turísticos, aún sin detalles públicos, busca reducir barreras regulatorias y fiscales para proyectos en zonas con menor desarrollo previo. Para los inversionistas, la combinación de incentivos fiscales y la cercanía relativa a rutas marítimas y aéreas existentes puede mejorar la rentabilidad de proyectos hoteleros de mediana escala.
Organismos empresariales como la Apede, a través de su expresidenta Giulia De Sanctis, enfatizan que el turismo genera oportunidades para productores locales, transportistas, artesanos y emprendedores. No obstante, líderes comunitarios de la Costa Arriba han manifestado en foros previos su preocupación por posibles desplazamientos de población y presión sobre recursos hídricos y costeros si los proyectos carecen de mecanismos de participación local.
El sector hotelero panameño tradicional, concentrado principalmente en Ciudad de Panamá y Bocas del Toro, observa con atención la posible competencia por mercados de origen europeo y caribeño. Algunos operadores temen una saturación de oferta en el Caribe panameño si los nuevos desarrollos no logran diferenciarse mediante productos de mayor valor agregado.
Riesgos y tensiones latentes
Uno de los riesgos identificados es la concentración de beneficios en cadenas de valor controladas por inversionistas externos, con escasa transferencia tecnológica o de gestión hacia comunidades locales. Experiencias en otras regiones del Caribe muestran que, sin cláusulas de contenido local en licencias hoteleras, el empleo generado puede limitarse a puestos de baja calificación y alta rotación.
Otro factor a considerar es la vulnerabilidad climática de la Costa Arriba. Proyectos de infraestructura costera enfrentan riesgos crecientes por erosión, aumento del nivel del mar y eventos meteorológicos extremos. La ausencia de estudios de impacto ambiental detallados en la fase inicial de negociación podría generar conflictos posteriores con organismos reguladores y organizaciones ambientales.
Escenarios futuros y condiciones de éxito
Si la Ley de Incentivos Turísticos incorpora requisitos de contratación local, transferencia de capacidades y estándares de sostenibilidad verificables, el flujo de capital hacia Colón podría contribuir a reducir las brechas identificadas por Indesa. Un escenario alternativo contempla que los proyectos se desarrollen principalmente como enclaves aislados, replicando patrones observados en otras zonas del istmo donde el turismo de alto estándar coexiste con economías locales de subsistencia.
El éxito dependerá también de mejoras en conectividad terrestre y marítima que reduzcan los tiempos de traslado desde Tocumen. Sin inversiones complementarias en infraestructura vial y transporte regional, el potencial multiplicador del turismo en el interior seguirá limitado por la geografía y la logística actual.
El anuncio de Mulino marca un punto de inflexión en la narrativa oficial sobre desarrollo territorial, pero su traducción en resultados dependerá de la calidad de la regulación que se presente a la Asamblea y de la capacidad del Estado para articular intereses públicos y privados en torno a objetivos de inclusión productiva.
