El mercado de vehículos eléctricos e híbridos en México sigue ganando terreno, impulsado por una oferta más amplia de modelos y por incentivos que reducen el costo total de propiedad. Banco Santander México ha identificado este segmento como una fuente relevante de expansión crediticia y proyecta que su cartera de financiamiento para unidades electrificadas aumente 35% durante 2026, tras haber colocado 26,000 operaciones por alrededor de 10,000 millones de pesos en 2025.
El director ejecutivo de automotriz de la institución, Alejandro Vázquez, señaló que el ritmo de originación observado hasta abril de este año permite anticipar ese incremento. El perfil de los clientes que adquieren estos vehículos —personas con disciplina financiera y sensibilidad ambiental— representa, según el banco, un riesgo crediticio atractivo que justifica condiciones preferenciales y alianzas con fabricantes.

Expansión del mercado y participación bancaria
Entre enero y abril de 2026 se vendieron aproximadamente 78,700 vehículos con algún grado de electrificación, equivalentes al 12.7% del total de unidades ligeras comercializadas en el país. La Electro Movilidad Asociación (EMA) reporta que las ventas de eléctricos e híbridos enchufables crecieron 262% entre 2022 y el primer trimestre de 2026. Este dinamismo coincide con la disponibilidad de más de 170 modelos eléctricos y 60 híbridos conectables, algunos con precios inferiores a 500,000 pesos, y con una red de recarga que aumenta a un ritmo anual del 26%.
Actualmente, cerca del 50% de las unidades sostenibles que se financian en México lo hacen a través de crédito bancario. Santander considera que este porcentaje puede elevarse si se amplían las condiciones especiales a regiones fuera de los principales centros urbanos. La institución estima que un mayor acceso al financiamiento podría impulsar hasta 20% las ventas de vehículos verdes en el mediano plazo.
Retos de infraestructura y alcance regional
El crecimiento sostenido del segmento enfrenta limitaciones estructurales. Aunque la infraestructura de carga avanza, su densidad sigue concentrada en zonas metropolitanas. La demanda ya comienza a observarse en otras entidades donde la red de recarga se expande, pero persiste la necesidad de extender el financiamiento verde más allá de Ciudad de México, Monterrey y Guadalajara. Santander indica que cuenta con información de primera mano de sus socios estratégicos para ajustar productos a estas nuevas geografías sin comprometer los estándares de riesgo.
El presidente de EMA, Eugenio Grandio, subraya que la consolidación de la electromovilidad requiere un ecosistema que combine oferta de modelos, infraestructura, información al consumidor y participación activa de la banca. En ausencia de cualquiera de estos elementos, la adopción podría desacelerarse en zonas con menor poder adquisitivo o con menor acceso a puntos de recarga.
Implicaciones para el sector financiero
El interés de Santander por este nicho refleja una tendencia más amplia dentro del sistema financiero mexicano. Los clientes de vehículos electrificados suelen presentar tasas de morosidad inferiores a la media del portafolio automotriz tradicional, lo que incentiva a las instituciones a diseñar tasas y plazos competitivos. Sin embargo, la rentabilidad del segmento depende también de la evolución de los precios de las baterías, de posibles cambios regulatorios en materia de importación de vehículos usados y de la estabilidad macroeconómica que determine el costo de fondeo.
Al mantener alianzas con fabricantes líderes, Santander busca asegurar un flujo constante de colocaciones mientras diversifica su exposición geográfica. La estrategia no se limita a capturar volumen; también persigue consolidar una cartera de menor riesgo que pueda servir de referencia para otros productos de financiamiento sostenible, como el crédito hipotecario verde o el financiamiento a flotillas corporativas.
El ritmo proyectado para 2026 dependerá de que se mantenga el actual nivel de incentivos fiscales y de que la infraestructura de recarga continúe expandiéndose fuera de las grandes ciudades. Si estos factores evolucionan favorablemente, la participación de la banca en la transición hacia la movilidad eléctrica podría consolidarse como un motor adicional de crecimiento para el sector automotriz mexicano.
