Las jubilaciones, pensiones y asignaciones familiares administradas por la Anses aumentarán 2,1% en septiembre de 2026, en línea con la inflación de julio informada este jueves por el Indec. El dato confirma el mecanismo de movilidad mensual fijado por el Decreto 274/2024, que ajusta los haberes dos meses después de cada medición del índice de precios y vuelve a trasladar la variación de precios al sistema previsional con rezago acotado.
Ese porcentaje impactará sobre jubilados, pensionados y titulares de prestaciones no contributivas, en un contexto en el que el índice general retomó una aceleración leve respecto de junio. La suba de julio cortó tres meses consecutivos de desaceleración y dejó un escenario de actualización algo más alta para septiembre, aunque todavía dentro de un rango que el mercado privado venía anticipando como moderado.

Los nuevos haberes
Con la actualización, la jubilación mínima pasará a $428.591,11 y ascenderá a $498.591,11 con el bono. La PUAM quedará en $342.872,88, o $414.349,88 con refuerzo; las pensiones no contributivas llegarán a $300.015,36 y $371.492,36 con bono; y la pensión Madre de 7 Hijos se ubicará en $428.591,11, o $500.068,11 con bono. En asignaciones, la AUH será de $154.011,11 y la AUH por discapacidad de $501.473,96.
La referencia no es menor: para buena parte de los beneficiarios de menores ingresos, el bono sigue funcionando como complemento decisivo del ingreso mensual. Sin ese adicional, el aumento por movilidad refleja con más crudeza la trayectoria de la inflación reciente; con él, la mejora nominal amortigua parcialmente la pérdida de poder adquisitivo, aunque no la elimina por completo en un esquema donde los haberes siguen corriendo detrás de los precios.
Qué mostró el IPC de julio
El IPC de julio marcó 2,1%, una décima por encima del 1,9% de junio y 0,2 puntos más que el mes previo. En la comparación interanual, el alza fue de 33,8%, mientras que en los primeros siete meses de 2026 acumuló 19,3%. Dentro del índice, el componente núcleo avanzó 1,8%, los precios estacionales treparon 4,5% y los regulados subieron 2,1%. El dato deja en claro que la desinflación no fue lineal y que todavía conviven presiones en servicios, tarifas y rubros estacionales.
El detalle por categorías ayuda a explicar la cifra. Hubo aumentos en alquileres, servicios culturales, transporte público, prepagas y electricidad, mientras que la baja en expensas contuvo parcialmente el resultado final. En alimentos, el salto de verduras y otros estacionales también aportó al índice. Esa composición importa para la movilidad previsional porque muestra que el traslado a haberes no responde a una sola variable sino a una canasta de precios heterogénea, con impacto desigual sobre distintos consumos.
Lectura oficial y señales del mercado
Antes de que el Indec publicara el número, el ministro de Economía, Luis Caputo, sostuvo que la estrategia fiscal y monetaria apuntaba a llevar la inflación hacia niveles internacionales con el paso del tiempo. La lectura oficial insiste en que la disciplina fiscal y el control de la emisión son las condiciones para sostener la desinflación. En paralelo, las proyecciones privadas habían ubicado julio cerca del 2%: C&T estimó 1,9%, mientras que Analytica, EconViews y Eco Go trabajaron con un rango de 2% a 2,1%.
También hubo una señal previa desde la Ciudad de Buenos Aires, donde el IPC porteño marcó 2,9% en julio. Aunque no es comparable de manera directa con el índice nacional por diferencias metodológicas y de ponderación, el dato de la ciudad había anticipado una leve reaceleración. Para los meses siguientes, el REM del Banco Central proyecta una desaceleración gradual, con variaciones en torno de 1,8% en agosto y septiembre, 1,7% en octubre y noviembre, un leve rebote a 1,8% en diciembre y una nueva baja a 1,7% en enero de 2027.
