La carne brasileña encuentra una salida en Estados Unidos mientras la Unión Europea cierra su mercado

La industria cárnica brasileña ha quedado atrapada entre dos decisiones comerciales de signo contrario. Mientras la Unión Europea puso en vigor este jueves la prohibición de importar carne de res de Brasil por dudas sobre el uso de antimicrobianos y las garantías de seguridad alimentaria, Estados Unidos abrió una vía temporal para recibir grandes volúmenes de carne sin aranceles. La coincidencia beneficia especialmente a Joesley Batista, copropietario de JBS, el mayor procesador de carne del mundo, quien habría presionado directamente al presidente Donald Trump para conseguir el alivio fiscal.

Una ventana estadounidense para un excedente urgente

La medida de Washington contempla la entrada, durante tres meses, de hasta 300.000 toneladas de carne de res sin pagar aranceles. El mecanismo permite importar hasta 100.000 toneladas métricas mensuales de recortes de carne magra por orden de llegada, una condición que favorece a los productores con mayor capacidad industrial, inventario disponible y logística exportadora preparada. Brasil reúne precisamente esas características.

El gobierno estadounidense no ha precisado de qué países procederá la carne. Sin embargo, la norma puede aplicarse a las naciones incluidas en la categoría legal de “otros países o áreas”, entre ellas Brasil, Paraguay, Japón, Irlanda y varios miembros de la Unión Europea. La oportunidad es particularmente valiosa para los exportadores brasileños porque el país suele agotar en las primeras semanas del año su cuota anual de aproximadamente 52.000 toneladas para el mercado estadounidense.

El cálculo detrás de la reunión en el Despacho Oval

Una vez superada la cuota, la carne brasileña enviada a Estados Unidos queda sujeta a un arancel fuera de cuota del 26,4%. La suspensión temporal de ese gravamen cambia de forma radical la ecuación: convierte al mercado estadounidense en una alternativa inmediata para un producto que, tras el veto europeo, corre el riesgo de acumularse en plantas y almacenes brasileños.

La secuencia de los acontecimientos refuerza la conexión entre ambas decisiones. Trump se reunió con Batista a puerta cerrada en el Despacho Oval y, un día después, anunció el plan para reforzar el suministro de carne estadounidense mediante importaciones exentas. La reunión ocurrió después de que la Unión Europea comunicara su intención de detener las compras brasileñas, lo que dejó a los empacadores ante un excedente potencial y un cuello de botella exportador. Según el Wall Street Journal, Batista pidió específicamente levantar el impuesto estadounidense del 26% que afectaba a la carne de su país.

El vínculo empresarial también es relevante. JBS USA es el mayor proveedor y procesador de carne de res en Estados Unidos, de modo que una mayor disponibilidad de carne brasileña puede beneficiar a la compañía tanto por sus operaciones de suministro como por su posición dentro de la cadena de distribución. La exención no está reservada formalmente a JBS, pero la escala de la empresa y su capacidad para movilizar producto le otorgan una ventaja práctica frente a competidores más pequeños.

Por qué Bruselas decidió cerrar la puerta

La Unión Europea había anunciado en mayo que suspendería las importaciones brasileñas porque no consideraba demostrado que los productores cumplieran su exigencia de no utilizar antimicrobianos destinados al crecimiento animal. Bruselas reclamó garantías que cubrieran todo el ciclo de vida del ganado, desde la crianza hasta el sacrificio, pero Brasil no presentó la documentación considerada suficiente. La prohibición entró en vigor este jueves.

La preocupación europea no se limita a una diferencia administrativa. La Unión Europea prohíbe administrar a los animales ciertos antimicrobianos utilizados también para tratar enfermedades humanas, debido al riesgo de que su uso excesivo contribuya a la aparición de bacterias resistentes. Esas bacterias pueden transmitirse a través de los alimentos, el contacto o el medioambiente, y complicar el tratamiento de infecciones. La disputa, por tanto, enfrenta dos prioridades: la necesidad brasileña de colocar rápidamente un excedente exportable y el enfoque preventivo europeo sobre la resistencia a los antibióticos.

Brasil fue en 2025 el segundo mayor proveedor de carne de res de la Unión Europea, solo por detrás de Francia. La prohibición representa así algo más que la pérdida de un comprador: afecta una ruta comercial consolidada y pone en cuestión la capacidad de los frigoríficos brasileños para demostrar trazabilidad y control sanitario ante mercados de alto valor.

La influencia de Batista amplía el alcance del acuerdo

El acceso preferencial a Estados Unidos se produce en un contexto de estrecha relación política entre Batista y Trump. Pilgrim’s Pride, filial avícola estadounidense de JBS, aportó cinco millones de dólares al comité inaugural del presidente, la mayor contribución individual registrada para ese fondo. Organismos reguladores del sector describieron el donativo como parte de un esfuerzo corporativo más amplio para obtener decisiones favorables en Washington.

Batista también ha actuado como intermediario entre Brasil y Estados Unidos después de que Trump impusiera un arancel del 50% a las importaciones brasileñas y exigiera la salida del presidente Luiz Inácio Lula da Silva. Más tarde viajó a Caracas en una misión privada para intentar convencer a Nicolás Maduro de dimitir, tras un ultimátum de Trump, ejerciendo de enviado no oficial de la Casa Blanca. Esa combinación de poder empresarial y acceso político ayuda a explicar por qué una disputa sectorial terminó vinculada a decisiones de alto nivel.

Un alivio comercial con costos políticos y regulatorios

La apertura estadounidense ofrece a Brasil una salida rápida, pero no resuelve el problema que originó el excedente. Si los productores no corrigen las objeciones europeas, el país dependerá de mercados capaces de absorber grandes volúmenes y dispuestos a aceptar estándares diferentes. Esa dependencia puede aumentar la presión sobre los precios y concentrar todavía más poder en los grandes frigoríficos.

También queda abierta una cuestión de política pública en Estados Unidos. La importación libre de aranceles se presenta como una herramienta para reforzar el suministro, pero sus beneficios pueden distribuirse de manera desigual entre consumidores, ganaderos y procesadores. Al mismo tiempo, el respaldo a Batista expone a la administración Trump a críticas sobre favoritismo, especialmente por el historial legal de los hermanos Batista. En 2017, Joesley y Wesley fueron arrestados durante una investigación brasileña por sobornos; posteriormente admitieron haber pagado a más de 1.800 políticos y aceptaron una multa de 3.200 millones de dólares. En 2020, el Departamento de Justicia y la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos sancionaron a JBS y a los empresarios por infracciones relacionadas con sobornos en el extranjero.

Joesley y Wesley Batista figuran entre las 1.000 personas más ricas del mundo, con una fortuna estimada en 4.400 millones de dólares cada uno. Su ascenso, desde una pequeña carnicería fundada por su padre hasta un imperio global, ilustra la escala del negocio. La disputa actual muestra también su vulnerabilidad: cuando un mercado endurece sus controles, la capacidad de influencia política y la dimensión industrial pueden abrir una salida temporal, pero no sustituyen las garantías sanitarias que exigen los compradores más rigurosos.

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