La economía estadounidense acaba de entrar en una etapa que históricamente ha favorecido a los mercados de riesgo. El PMI manufacturero del ISM subió a 55,6 en julio, superó las previsiones y acumuló siete meses consecutivos de expansión. El índice alcanzó además su nivel más alto en cuatro años, una señal de que el repunte industrial podría estar dejando atrás la debilidad observada entre 2022 y 2025.
Industria fuerte, beneficios menos sólidos
La mejora manufacturera suele anticipar un ciclo económico más amplio: aumenta los pedidos, impulsa a proveedores y empresas logísticas, sostiene el empleo y amplía los márgenes. Japón confirmó una tendencia similar, con un PMI de 54,5 y el crecimiento fabril más rápido desde 2014. La sincronización entre ambas economías refuerza la posibilidad de una recuperación industrial global, aunque todavía no garantiza una expansión duradera.

El panorama de resultados es menos contundente de lo que sugieren los titulares. Goldman Sachs estima que el crecimiento real de las ganancias por acción del S&P 500 ronda el 26% interanual, frente al 45% publicado, porque las grandes tecnológicas están contabilizando como ingresos la revalorización de sus propias inversiones. El ajuste no elimina la fortaleza empresarial, pero revela una dependencia significativa de beneficios contables y de las megacapitalizadas.
El mayor riesgo se concentra en la inteligencia artificial. Los cinco principales hiperescaladores han comprometido más de 2,6 billones de dólares en centros de datos, chips y electricidad. Alphabet acumula obligaciones por 811.000 millones, en gran parte descritas en notas financieras. El aumento del costo de asegurar esa deuda sugiere que el mercado crediticio empieza a exigir una prima por un gasto cuya rentabilidad aún debe demostrarse.
La cautela también se extiende a la temporada bursátil: agosto y septiembre registran históricamente rendimientos medios negativos para el S&P 500, aunque las caídas suelen preceder rebotes en el cuarto trimestre. Mientras tanto, China importó en junio más oro del que producen juntos en un mes los diez mayores países mineros. La magnitud apunta a una acumulación estratégica de reservas, posiblemente vinculada a la diversificación frente al dólar y a un sistema financiero internacional más fragmentado.
