La inflación española se situó en el 3,6% interanual en julio, su nivel más alto desde mayo de 2024, según los datos definitivos publicados este jueves por el Instituto Nacional de Estadística (INE). La tasa supera en una décima la estimación adelantada difundida a finales de julio y aumenta cuatro décimas respecto al registro de junio. Con este resultado, los precios encadenan cinco meses consecutivos por encima del 3%, en un contexto marcado por el encarecimiento de la energía y los carburantes.
El principal factor detrás del repunte fue la vivienda, grupo que recoge el gasto de los hogares en electricidad, gas y otros combustibles domésticos. La subida de la factura eléctrica tuvo el mayor peso, mientras que el gas y los combustibles líquidos también contribuyeron, aunque en menor medida. El transporte añadió presión al índice general debido al aumento del coste de los carburantes, una evolución que traslada al consumo cotidiano parte de la volatilidad registrada en los mercados energéticos.

Una corrección al alza sobre el dato adelantado
La revisión de una décima confirma que el avance de los precios fue algo más intenso de lo calculado inicialmente. El INE elabora primero una estimación rápida y, posteriormente, publica el dato definitivo tras incorporar información más completa sobre los componentes de la cesta de consumo. En esta ocasión, la corrección no modifica el diagnóstico general, pero refuerza la señal de que la inflación ha vuelto a acelerarse durante el verano.
La evolución resulta relevante porque el alza procede en buena parte de partidas con un efecto inmediato sobre el presupuesto de los hogares. La electricidad se refleja directamente en los recibos mensuales, y los carburantes afectan tanto a quienes utilizan vehículo privado como a los costes de transporte de mercancías. Aunque un aumento energético no siempre se traslada íntegramente al resto de bienes y servicios, una persistencia prolongada puede elevar costes empresariales y dificultar una moderación más amplia de los precios.
El gasóleo activa la cláusula de salvaguarda
El Ministerio de Economía precisó que el precio del gasóleo registró en julio una variación interanual del 15,7%. Ese incremento supera el umbral del 15% previsto en el decreto de medidas destinado a contener las consecuencias económicas de la guerra en Irán. Al rebasarse esa referencia, se activa la cláusula de salvaguarda incluida en el plan de respuesta del Gobierno.
La medida supondrá que la rebaja del Impuesto sobre Hidrocarburos aplicable al gasóleo pase en septiembre de 5 a 20 céntimos por litro. El alivio fiscal cuadruplica el previsto inicialmente para ese mes y busca amortiguar el impacto de la subida sobre conductores, transportistas y actividades dependientes del combustible. La activación está vinculada a un indicador objetivo de precios, por lo que responde al cumplimiento del umbral fijado en la norma y no a una decisión discrecional posterior.
Alivio fiscal y efecto sobre los precios
Una rebaja de 20 céntimos por litro puede reducir de forma apreciable el coste de repostar, aunque su efecto final dependerá de la evolución previa del precio antes de impuestos, de los márgenes de distribución y de la cotización internacional del petróleo. Para los hogares, el impacto será desigual según el uso del vehículo y la dependencia del gasóleo. Para el transporte profesional, donde el carburante representa una parte relevante de los costes operativos, la medida puede contener presiones sobre tarifas y cadenas de suministro.
Al mismo tiempo, la intervención fiscal no elimina la causa del repunte inflacionista: la energía sigue expuesta a factores geopolíticos, a la evolución de la demanda mundial y a las condiciones de los mercados mayoristas. La bonificación puede suavizar la factura de septiembre y limitar efectos de segunda vuelta, pero su alcance dependerá de si la tensión en los precios energéticos se modera o se prolonga durante los próximos meses.
La atención se centra en la persistencia
El dato de julio sitúa el debate económico en la duración del episodio inflacionista. Un repunte concentrado en energía puede revertirse con rapidez si bajan la electricidad y los combustibles; sin embargo, cinco meses con tasas superiores al 3% elevan el riesgo de que la presión se extienda a otros componentes de la cesta. Los próximos registros permitirán comprobar si el aumento responde a un shock transitorio o si consolida una inflación más resistente.
La respuesta pública combina en este caso el seguimiento estadístico del INE con un mecanismo automático de apoyo al combustible. El reto será equilibrar la protección de los consumidores y sectores más expuestos con la necesidad de mantener unas cuentas públicas sostenibles. La evolución de la energía, más que la de los componentes menos volátiles, volverá a ser decisiva para determinar la trayectoria de los precios tras el verano.
