La reserva de agua que sostiene al Canal de Panamá

Ciudad de Panamá, 21 ago (EFE).- Los lagos artificiales de Gatún y Alhajuela concentran la reserva de agua dulce que permite operar al Canal de Panamá y abastecer a cerca de la mitad de la población del país. La disponibilidad de este recurso determina el número de buques que pueden cruzar la vía, el calado autorizado para sus cargas y el suministro de agua potable a ocho plantas potabilizadoras.

La dimensión de esa reserva puede observarse al navegar por Gatún. En medio de una extensa masa de agua verde oscuro aparecen pequeñas islas cubiertas de vegetación tropical, mientras grandes portacontenedores y buques gasíferos avanzan lentamente por el canal de navegación. El lago, creado en 1913, tiene una superficie aproximada de 436 kilómetros cuadrados y durante varios años fue considerado el mayor lago artificial del mundo.

Una infraestructura con dos usos esenciales

“Dentro del embalse Gatún está el canal de navegación por donde transitan los buques y están las esclusas”, explicó a EFE Nelson Guerra, supervisor hidrólogo del Canal de Panamá. La vía, operativa desde 1914 y ampliada en 2016, conecta los océanos Atlántico y Pacífico y por ella circula entre el 3 % y el 5 % del comercio mundial.

El Canal funciona con agua dulce porque cada tránsito por las esclusas requiere liberar grandes volúmenes del embalse para elevar y descender las naves. Esa misma agua, sin embargo, es utilizada para el consumo humano. El sistema enfrenta así una doble obligación: mantener una profundidad suficiente para atender al transporte marítimo y conservar reservas para las ciudades y comunidades que dependen de la cuenca.

Alhajuela, construido en 1935 y con una superficie cercana a 50 kilómetros cuadrados, cumple una función complementaria. El embalse aporta agua a Gatún y también abastece a una planta generadora de electricidad. En conjunto, ambos lagos suministran el recurso necesario para ocho potabilizadoras que atienden a algo más de dos millones de personas.

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La “cuenta de ahorros” del sistema

Guerra comparó los embalses con una cuenta de ahorros: el agua acumulada debe administrarse para cubrir distintos usos durante el año. En Gatún, el volumen útil almacenado cuando el lago alcanza su nivel máximo operativo, situado en 89 pies o 26,21 metros, ronda los 1.200 hectómetros cúbicos.

En Alhajuela, el nivel máximo operativo es de 252 pies, equivalentes a 76,8 metros, y el volumen útil alcanza aproximadamente 500 hectómetros cúbicos. La suma se acerca a 1.700 hectómetros cúbicos de agua almacenada. Cada hectómetro cúbico equivale a un millón de metros cúbicos, una magnitud que muestra la escala del sistema, pero también la cantidad de agua que puede perderse cuando las lluvias disminuyen durante varios meses.

El nivel de Gatún promediaba poco más de 84 pies, o 25,60 metros, el miércoles anterior a la visita de EFE a la estación limnigráfica Las Raíces. Es una de las tres estaciones encargadas de medir el nivel del lago. Aunque la cifra permite mantener las operaciones, se encuentra por debajo de los 89 pies que ofrecen al Canal su margen máximo para autorizar un calado de 50 pies, equivalente a 15,24 metros, en las esclusas de la ampliación.

Menos tránsitos ante un escenario seco

La reducción del nivel ha llevado al Canal a aplicar medidas de ahorro. El promedio de 36 tránsitos diarios bajará a 34 desde el 3 de septiembre y a 32 desde el 15 de septiembre. Además, el calado máximo se reducirá a 47,5 pies, o 14,48 metros, a partir del 1 de octubre.

Estas limitaciones tienen un efecto directo sobre la logística marítima. Un menor calado puede obligar a ciertos buques a reducir su carga para evitar que la parte sumergida de la embarcación supere la profundidad autorizada. La reducción de tránsitos, por su parte, disminuye la capacidad diaria de la vía y puede alterar la planificación de las navieras, aunque permite preservar agua para los meses de menor disponibilidad.

Las previsiones apuntan a una temporada lluviosa, que normalmente se extiende de mayo a diciembre, debilitada por un episodio fuerte de El Niño. El fenómeno podría prolongarse hasta el verano de 2027, entre enero y abril, según la información citada por el Canal. La incertidumbre climática dificulta fijar con mucha antelación un calendario operativo estable, porque las decisiones dependen de la evolución de los embalses y de los aportes de los ríos.

El precedente de 2016 y 2023

El Canal ya ha enfrentado situaciones similares. En mayo de 2016, Gatún registró su nivel histórico más bajo, de 78,27 pies o 23,85 metros. Un mes después fue inaugurada la ampliación, pero con un calado inicial reducido a 41 pies, equivalentes a 12,5 metros.

En 2023, la escasez de lluvias también obligó a limitar el calado y el número de tránsitos diarios. Las restricciones se prolongaron durante un año y pusieron de manifiesto que los efectos de un déficit hídrico pueden extenderse mucho más allá de una temporada seca. La experiencia reforzó la importancia de contar con reservas adicionales y de administrar el agua con criterios que incluyan tanto el comercio internacional como el abastecimiento interno.

El proyecto del río Indio

Para reducir esa vulnerabilidad, el Canal proyecta construir un nuevo embalse en el río Indio, que espera poner en operación hacia 2032. La iniciativa busca garantizar durante 50 años el agua necesaria para la navegación y para la población. Su relevancia está vinculada a la creciente presión sobre la cuenca, donde las necesidades urbanas y la actividad marítima compiten por un recurso condicionado por el clima.

Mientras se define ese proyecto, el Canal utiliza una red de vigilancia hidrológica para ajustar sus decisiones. Tres estaciones limnigráficas registran el nivel de Gatún y 58 estaciones hidrometeorológicas distribuidas por la cuenca miden las precipitaciones, los niveles de los principales ríos tributarios y las mareas, entre otros indicadores.

Todos los puntos están conectados mediante un sistema de telemetría en tiempo real. Los datos permiten anticipar cambios en la disponibilidad y decidir sobre el tránsito de los buques, el calado y el llamado cargo de agua dulce cobrado a los usuarios. La gestión de la vía depende, por tanto, de una reserva física limitada y de una medición constante: cuando el agua desciende, la operación comercial y el suministro urbano deben ajustarse a la misma cuenta.

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