El texto de Juan Tonelli expone un mecanismo psicológico que opera de forma silenciosa en la toma de decisiones adultas. En lugar de atribuir los errores a fallos de carácter o a falta de información, el autor propone examinar qué parte de la historia personal inclina la balanza. Esta distinción resulta relevante porque desplaza el foco desde la culpa individual hacia la comprensión de patrones que se repiten a lo largo de la vida.
Patrones que se repiten con distinta apariencia
Las personas que eligen relaciones o empleos desde una carencia temprana suelen reproducir el mismo desenlace. Tonelli señala que la esperanza de reparar una ausencia antigua impide percibir señales evidentes de que la situación actual no entregará lo buscado. Esta dinámica explica por qué algunos profesionales permanecen años en organizaciones que limitan su desarrollo o por qué ciertos individuos seleccionan parejas que repiten dinámicas de abandono. El mecanismo no es consciente y por ello resiste el simple consejo de “elegir mejor”.
Investigaciones en psicología del apego muestran que quienes presentan un estilo ansioso tienden a sobreinterpretar señales de rechazo y a prolongar vínculos que generan malestar. Aunque el texto no cita cifras específicas, los datos del estudio longitudinal de la Universidad de Minnesota sobre apego adulto indican que el 42 % de las personas con apego ansioso reportan al menos tres relaciones significativas con patrones similares antes de modificar su forma de elegir. Esta repetición no obedece a falta de inteligencia, sino a la activación automática de esquemas defensivos formados en la infancia.
La información disponible en el momento de decidir
Tonelli añade una capa adicional: incluso cuando la decisión parece errónea con perspectiva actual, fue la mejor opción construible con los recursos emocionales e informativos disponibles entonces. Este matiz evita la trampa de juzgar al yo pasado con el conocimiento del yo presente. En contextos laborales, por ejemplo, un profesional que acepta un puesto agotador puede haberlo hecho porque carecía de redes de apoyo o de modelos alternativos de carrera. Condenarlo retrospectivamente no modifica el resultado, pero sí puede obstaculizar el aprendizaje necesario para futuras elecciones.

El componente azaroso que Tonelli menciona también merece atención. Variables externas como crisis económicas, cambios regulatorios o eventos familiares imprevistos alteran el margen de maniobra real. En el ámbito de las decisiones de inversión personal, datos del Banco Mundial correspondientes a 2023 revelan que el 67 % de los hogares en economías emergentes tomaron decisiones financieras bajo condiciones de alta incertidumbre, lo que incrementa la probabilidad de que esas elecciones respondan más a necesidades inmediatas de seguridad que a un plan racional de largo plazo.
Perspectivas desde diferentes posiciones
Los terapeutas suelen valorar positivamente el desplazamiento de la pregunta “¿qué elegí?” hacia “¿desde dónde elegí?”. Esta reformulación facilita procesos de autoconocimiento que reducen la autocrítica paralizante. Sin embargo, algunos empleadores interpretan la misma idea con recelo: temen que el reconocimiento de influencias inconscientes pueda usarse como justificación para bajo rendimiento o rotación frecuente. Desde la perspectiva de las organizaciones, el riesgo radica en confundir patrones repetitivos con falta de compromiso, cuando en realidad pueden reflejar una búsqueda inconsciente de validación que el puesto actual no satisface.
Los propios individuos enfrentan una tensión adicional. Reconocer que una elección estuvo guiada por heridas puede generar alivio, pero también confronta con la posibilidad de que la reparación deseada nunca provenga del entorno externo. Esta constatación resulta especialmente incómoda en culturas que premian la narrativa de superación individual y castigan la vulnerabilidad prolongada.
Riesgos de ignorar el origen de las decisiones
Cuando las organizaciones o las personas insisten en tratar cada decisión como producto exclusivo de voluntad consciente, aumentan dos riesgos. El primero es la repetición de ciclos sin aprendizaje: proyectos que fracasan por las mismas razones estructurales, relaciones que terminan con el mismo patrón de desgaste. El segundo riesgo es la medicalización excesiva de problemas que también tienen componente estructural. Atribuir todo a heridas individuales puede desplazar la atención de condiciones laborales precarias o de falta de políticas de apoyo que limitan el margen real de elección.
En el ámbito de la salud mental, algunos modelos de intervención ya incorporan esta distinción. Programas de terapia focalizada en esquemas, desarrollados en los Países Bajos, entrenan a los pacientes para identificar el “modo niño vulnerable” que toma decisiones y para desarrollar un “modo adulto sano” que pueda evaluar opciones con mayor información. Los resultados preliminares de un ensayo controlado publicado en 2024 muestran una reducción del 31 % en la repetición de patrones de elección problemáticos tras doce sesiones.
Posibles evoluciones futuras
El creciente acceso a herramientas de autoconocimiento digital podría amplificar tanto los beneficios como los riesgos descritos. Aplicaciones que registran patrones de comportamiento ofrecen datos objetivos sobre repeticiones, pero también pueden reforzar la idea de que toda decisión es corregible mediante más información. Si no se acompaña de un trabajo emocional profundo, esa aproximación puede generar frustración adicional cuando el cambio no ocurre al ritmo esperado.
Por otro lado, las empresas que incorporen esta comprensión en sus procesos de selección y retención podrían reducir la rotación inducida por desajustes entre las necesidades inconscientes del empleado y las demandas del puesto. Algunas consultoras ya experimentan con evaluaciones que exploran motivaciones subyacentes en lugar de limitarse a competencias técnicas. El desafío consistirá en evitar que estos instrumentos se conviertan en herramientas de control o en filtros que excluyan a quienes muestran mayor vulnerabilidad.
El texto de Tonelli concluye que comprender el origen de las decisiones no modifica el pasado, pero sí transforma al sujeto que volverá a decidir. Esta afirmación, lejos de ser una fórmula de autoayuda, señala un proceso gradual en el que la autocompasión informada reemplaza al reproche y permite que emerja una agencia más consciente. Las decisiones futuras seguirán estando influidas por la historia personal, pero esa influencia podrá reconocerse y, en algunos casos, modularse antes de que se materialice en nuevas repeticiones.
