Latinoamérica crecerá 2,2% en 2026

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) confirmó este jueves que la economía regional mantendrá en 2026 un crecimiento promedio de 2,2 %, el mismo cálculo que había anticipado en abril. La proyección llega después de una expansión de 2,4 % en 2025 y contempla una recuperación parcial hasta 2,5 % en 2027, un ritmo que, según el organismo, sigue siendo insuficiente para modificar de manera sostenida la trayectoria social y productiva de la región.

En su informe Estudio Económico de América Latina y el Caribe, 2026, la CEPAL advierte que, de confirmarse estas cifras, la región completaría cinco años con un crecimiento promedio cercano al 2,3 %. Ese desempeño, subraya, no alcanzaría para elevar de forma duradera el ingreso por habitante, cerrar brechas de desarrollo ni ampliar el margen de acción de las políticas públicas. El diagnóstico mantiene una línea de continuidad con los reportes previos del organismo: el problema no es solo la desaceleración coyuntural, sino la incapacidad estructural de varios países para sostener tasas de expansión más altas.

Dentro del cuadro regional, las estimaciones vuelven a mostrar fuertes diferencias entre economías. Guyana encabezaría el crecimiento en 2026 con una expansión de 16,2 %, muy por encima del resto de la región. Le seguiría Venezuela, para la que la CEPAL prevé un avance de 6,5 % tras el doblete sísmico de junio, que dejó severas consecuencias humanitarias y materiales. Nicaragua se ubicaría en tercer lugar con 4,5 %, seguida por Panamá con 4,4 % y Paraguay con 4,3 %.

El grupo de mayor dinamismo proyectado se completa con Guatemala y República Dominicana, ambas con 4 %; El Salvador, con 3,9 %; Costa Rica, con 3,7 %; y Honduras, Antigua y Barbuda, Granada y Surinam, con 3,5 %. Argentina figura también entre las economías que crecerían por encima del promedio regional, con una previsión de 3,3 %. La dispersión confirma que la región no se mueve como un bloque homogéneo: los resultados dependen de la exposición de cada país a materias primas, inversión, reconstrucción, demanda interna y estabilidad macroeconómica.

La CEPAL atribuye parte de la desaceleración prevista para 2026 al deterioro del entorno internacional, marcado por un menor crecimiento mundial, mayores tensiones geopolíticas, volatilidad financiera y presiones en los mercados energéticos. Ese escenario externo afecta el comercio, la financiación y las expectativas de inversión, en especial en economías con menor espacio fiscal o mayor dependencia de capitales externos. Sin embargo, el organismo insiste en que el freno principal está dentro de la propia región.

Según el informe, la limitación más persistente es de carácter estructural: bajos niveles de inversión, débil aumento de la productividad, menor dinamismo en la creación de empleo formal y una informalidad laboral alta y sostenida. En otras palabras, incluso cuando el contexto internacional acompaña, buena parte de América Latina sigue sin acumular las capacidades necesarias para transformar crecimiento en desarrollo. La CEPAL sostiene que la estabilidad macroeconómica alcanzada en varios países debe funcionar como base para una fase distinta, orientada a invertir más, producir mejor y generar empleo de calidad.

El secretario ejecutivo de la CEPAL, José Manuel Salazar-Xirinachs, afirmó que la región ha preservado avances importantes en estabilidad macroeconómica, pero advirtió que esa condición debe convertirse en una plataforma para crecer más y mejor. También planteó que superar la baja capacidad de crecimiento exige elevar la inversión y la productividad, además de avanzar hacia una formalización productiva que fortalezca a personas y empresas, amplíe la protección social y cree más puestos formales. La advertencia resume el tono del informe: América Latina enfrenta una mejora moderada en sus cifras, pero todavía no un cambio de tendencia suficiente para cerrar sus brechas de desarrollo.

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