Las exportaciones peruanas de legumbres superaron los 117 millones de dólares en 2025 y alcanzaron más de 50 mercados internacionales. El dato, difundido por el MIDAGRI, confirma una trayectoria ascendente iniciada en 1990, cuando las ventas apenas rozaban el millón de dólares. Detrás de esta cifra se encuentran variedades como pallares, frijoles, garbanzos y tarwi, cultivadas principalmente en Cusco, Cajamarca y La Libertad. El crecimiento refleja tanto la demanda mundial de proteínas vegetales como la capacidad de la agricultura familiar para responder a estándares de calidad exigentes.
De 1 millón a 117 millones: tres hitos que explican el salto
El primer hito fue la apertura comercial de los años noventa, que permitió a pequeños productores acceder a compradores en Estados Unidos y Europa. El segundo coincidió con la creación del Día Nacional de las Legumbres en 2016, que impulsó campañas de promoción interna y mejoró la visibilidad del sector. El tercero se registró entre 2020 y 2025, cuando la preferencia global por alimentos saludables elevó los volúmenes exportados a ritmo constante. Estos tres momentos no fueron lineales: cada uno requirió ajustes en variedades, certificaciones y logística que hoy sostienen la presencia en destinos tan distintos como Emiratos Árabes Unidos, Egipto y Corea del Sur.
140 mil familias y 82 % de tierra familiar: la base social del éxito
El cultivo de legumbres involucra directamente a más de 140 mil familias y genera 12,6 millones de jornales anuales. El 82 % de las 93 mil hectáreas cosechadas en 2025 corresponde a agricultura familiar, lo que explica por qué el sector se percibe como herramienta de inclusión rural. Sin embargo, esta misma estructura fragmentada limita la adopción de tecnologías de riego o mecanización que podrían elevar rendimientos. Los productores más pequeños dependen de intermediarios para llegar a puertos, lo que reduce márgenes y expone el modelo a fluctuaciones de precio internacional.

El consumo interno sigue lejos de la meta de la OMS
Las campañas del MIDAGRI elevaron el consumo per cápita de 2,5 a 7,5 kilogramos anuales, pero la Organización Mundial de la Salud recomienda al menos 9 kilogramos. Esta brecha de 1,5 kilogramos representa un mercado potencial de más de 50 mil toneladas adicionales solo dentro del país. El tarwi, con entre 45 % y 50 % de proteína por cada 100 gramos, sigue siendo poco conocido fuera de las zonas andinas, mientras que variedades más comunes aportan entre 22 % y 28 %. Cerrar esa distancia requeriría estrategias de precio y distribución que actualmente no forman parte de la agenda exportadora.
Perú entre los 25 mayores exportadores: ¿ventaja competitiva sostenible?
El país comparte el grupo de grandes productores con Canadá, Australia, India, Turquía, Egipto y Brasil. La diferenciación peruana radica en la diversidad de altitudes y microclimas que permiten ofrecer legumbres de temporada casi todo el año. Esta ventaja, sin embargo, depende de la estabilidad hídrica en las cuencas andinas. Cualquier alteración prolongada de patrones de lluvia podría desplazar a Perú del grupo de proveedores confiables, especialmente frente a competidores que ya invierten en variedades resistentes al estrés hídrico.
Tres tensiones que marcarán los próximos cinco años
La primera tensión enfrenta la presión por aumentar volúmenes exportados con la necesidad de preservar suelos frágiles. La segunda surge entre el interés de grandes agroexportadoras por estandarizar variedades y la resistencia de agricultores familiares a abandonar cultivos ancestrales como el tarwi. La tercera se produce entre el discurso de seguridad alimentaria nacional y la realidad de que más del 70 % de la producción de calidad se destina al exterior. Resolver estas tensiones simultáneamente exige políticas que hasta ahora han operado de forma separada.
Riesgos climáticos y de mercado que no aparecen en las cifras de 2025
El tarwi, insignia nutricional peruana, es especialmente sensible a cambios de temperatura por encima de los 2 800 metros. Modelos climáticos regionales proyectan incrementos de hasta 1,8 °C en zonas productoras hacia 2035, lo que podría reducir rendimientos entre 15 % y 25 % si no se introducen variedades mejoradas. En paralelo, la concentración de envíos en pocos mercados (Estados Unidos e Inglaterra representan más del 40 % del valor) expone al sector a posibles barreras sanitarias o arancelarias repentinas. La diversificación hacia Asia y África sigue siendo incipiente y requiere certificaciones adicionales que muchos productores familiares no pueden costear solos.
Perspectivas de actores públicos, privados y comunitarios
El MIDAGRI enfatiza el aporte a la Agenda 2030 y la generación de divisas. Los exportadores privados destacan la calidad y la trazabilidad como factores de diferenciación. Las organizaciones de agricultores familiares, en cambio, señalan que los precios pagados en finca apenas cubren costos de producción en años de baja cotización internacional. Esta divergencia de intereses explica por qué las políticas de promoción de consumo interno avanzan más lento que las de exportación: cada actor prioriza el segmento que le reporta mayor rentabilidad o visibilidad.
El balance entre 117 millones de dólares en ventas externas y una meta interna aún no alcanzada define el próximo capítulo del sector. La capacidad de Perú para mantener su posición dependerá tanto de la adaptación climática de sus cultivos ancestrales como de políticas que integren, en un mismo marco, los objetivos de exportación y el fortalecimiento del consumo nacional.
