La industria mexicana requiere ampliar su base productiva y reducir su dependencia del mercado estadounidense, que concentra casi el 80 por ciento de sus exportaciones. El investigador Raúl Vázquez López, del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM, advirtió que esta concentración genera una vulnerabilidad estructural ante cualquier choque externo.

Para mitigar el riesgo, el especialista propone una política económica transversal que fomente economías de escala y extienda los vínculos productivos hacia América Latina, Europa y Asia. La diversificación sectorial, más allá de la automotriz y aeroespacial, permitiría generar mayor valor agregado y estabilidad frente a fluctuaciones globales.
El desarrollo de capacidades en inteligencia artificial, computación e ingeniería constituye otro pilar clave. Estas competencias transversales facilitan la movilidad laboral entre industrias y elevan el contenido tecnológico de la producción, como demuestran los casos de Alemania y China. Además, ofrecen a los trabajadores mexicanos la posibilidad de acceder a empleos mejor remunerados, tanto dentro como fuera del país.
En economías de tamaño medio como la mexicana, la capacidad de competir con potencias y empresas trasnacionales dependerá de la rapidez con que se implementen estas transformaciones productivas y formativas.
