Los errores al usar la tarjeta

El uso incorrecto de la tarjeta de crédito sigue erosionando el ingreso disponible de miles de familias en México, en especial durante la quincena, cuando buena parte del sueldo termina absorbida por intereses, comisiones y pagos mínimos. La práctica no solo reduce la liquidez inmediata, también prolonga el endeudamiento y compromete decisiones financieras de mayor alcance, como solicitar un crédito hipotecario o automotriz.

La raíz del problema es conocida por especialistas y organismos de defensa del consumidor: muchas personas siguen tratando el límite de crédito como si fuera dinero adicional, cuando en realidad se trata de financiamiento que debe devolverse con costo. Ese error de origen suele desencadenar una cadena de decisiones que, mes tras mes, deja menos margen para cubrir gastos básicos y más presión sobre el presupuesto familiar.

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El pago mínimo, la trampa más costosa

Entre los errores más dañinos destaca liquidar únicamente el mínimo señalado en el estado de cuenta. Aunque esa opción evita un atraso inmediato, en la práctica solo mantiene viva la deuda y deja intacta gran parte del capital. El resultado es una carga que puede extenderse durante años, porque cada mes se acumulan intereses ordinarios y, en caso de demora, cargos moratorios.

Otro descuido frecuente es pasar por alto el Costo Anual Total, o CAT, al contratar una tarjeta. Ese indicador, supervisado por el Banco de México, reúne el costo real del financiamiento al incorporar tasas, comisiones y anualidades. Ignorarlo suele llevar a comparaciones incompletas entre productos que, en apariencia, ofrecen condiciones similares, pero que en el uso cotidiano terminan encareciendo de forma distinta cada compra.

Fechas, efectivo y línea saturada

Los atrasos también pesan. Olvidar la fecha de corte o la de pago puede activar recargos automáticos que alteran el presupuesto del siguiente periodo quincenal. Un retraso de apenas un día basta para generar penalizaciones que, acumuladas, hacen más difícil recuperar el control de la deuda. En un entorno de ingresos ajustados, ese tipo de errores pequeños suele tener efectos desproporcionados.

La situación empeora cuando la tarjeta se usa para disponer de efectivo en cajeros automáticos. Esa operación suele implicar comisiones elevadas y una tasa de interés más alta que la de una compra convencional, por lo que se convierte en una de las formas más caras de financiamiento. A ello se suma el hábito de llevar el saldo al tope de la línea de crédito, una señal que afecta la calificación crediticia y alerta a futuros prestamistas sobre una posible dependencia del endeudamiento.

El impacto en el historial y las salidas posibles

Todo ese comportamiento queda registrado en el Buró de Crédito, donde se evalúa la forma en que cada usuario cumple con sus pagos. Un historial deteriorado limita el acceso a productos financieros de mayor valor y puede cerrar la puerta a oportunidades que requieren disciplina previa, desde un crédito para vivienda hasta uno para vehículo. Por eso, la Condusef insiste en que las tarjetas no deben usarse como extensión del ingreso para cubrir despensa, servicios o gastos habituales.

Las recomendaciones de los especialistas apuntan a corregir la lógica de uso antes que a depender de soluciones de emergencia. Consolidar deudas en una sola cuenta con menor tasa de interés puede simplificar el manejo mensual, siempre que no se convierta en una vía para seguir acumulando saldos. También ayuda fijar un presupuesto estricto, priorizar la liquidación de adeudos y domiciliar el pago a una cuenta de nómina con fondos suficientes para evitar olvidos. En un contexto donde la tarjeta suele convertirse en sustituto del efectivo, la disciplina sigue siendo la única defensa sólida para que la quincena no se esfume al instante.

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