México debe priorizar el aprovechamiento del gas convencional y la reducción de su consumo antes de abrir la explotación de yacimientos no convencionales, concluyó el Comité Científico sobre Soberanía Energética. La ruta propuesta combina frenar la quema de gas en campos petroleros, elevar la producción convencional, expandir las renovables y aplicar eficiencia energética.
Dependencia estructural
El diagnóstico parte de una vulnerabilidad concreta: el país consume 9,100 millones de pies cúbicos diarios de gas natural y compra en Estados Unidos 75% del total utilizado. Cerca de 58% se destina a generar electricidad, actividad que produce alrededor de 70% de la energía eléctrica nacional. Esa concentración convierte cualquier alza de precios, interrupción logística o cambio regulatorio estadounidense en un riesgo para la economía mexicana.

Pemex tendría margen para sumar 2,400 millones de pies cúbicos diarios hacia 2030 mediante mayor actividad en campos convencionales y la eliminación de la quema en instalaciones petroleras. Con ello, la producción convencional nacional podría llegar a 4,700 millones de pies cúbicos diarios. Recuperar gas que hoy se desperdicia no sólo mejora la oferta: también reduce emisiones de metano y evita invertir de inmediato en una fuente con mayores controversias ambientales y sociales, como el shale gas.
La electricidad define el resultado
La oferta adicional, sin embargo, no resolverá por sí sola la dependencia. El comité estima que la eficiencia podría ahorrar 500 millones de pies cúbicos diarios, mientras que el aumento de generación limpia reduciría la presión sobre las plantas eléctricas alimentadas con gas. El plan oficial contempla añadir 90 terawatts hora de fuentes limpias y cogeneración para que su participación pase de 24% en 2024 a 38% en 2030, además de 22,000 megawatts renovables y 1,500 megawatts de cogeneración eficiente.
El mensaje central es que la soberanía energética requiere gestionar simultáneamente la producción y la demanda. Aun con estas medidas, México sólo disminuiría parcialmente sus importaciones, por lo que el análisis de los recursos no convencionales seguirá abierto. La prioridad inmediata será comprobar si Pemex y el gobierno pueden convertir metas técnicas en infraestructura, normas de eficiencia y proyectos eléctricos operativos.
