Nueva Delhi, 9 ago (EFE).- El primer ministro de India, Narendra Modi, mantuvo una conversación telefónica con el vicepresidente de Estados Unidos, J.D. Vance, en un momento marcado por la tensión comercial y por la entrada en vigor de nuevos aranceles estadounidenses sobre importaciones procedentes de 60 economías, incluida India. La llamada se produjo cuando ambas capitales siguen negociando un acuerdo bilateral de mayor alcance y buscó, según Nueva Delhi, sostener el tono político de una relación que continúa siendo estratégica para ambos gobiernos pese a las fricciones arancelarias.
El Ministerio de Asuntos Exteriores indio informó en un comunicado emitido la noche del sábado de que Modi y Vance revisaron “el progreso de la Asociación Estratégica Global Amplia” entre ambos países. Según esa nota, los dos dirigentes destacaron el “impulso sostenido” en los contactos de alto nivel y reiteraron su voluntad de reforzar la cooperación en comercio, defensa, tecnologías críticas y emergentes, seguridad energética y minerales críticos. La comunicación oficial también señaló que intercambiaron puntos de vista sobre asuntos regionales y globales de interés común.

La llamada llega en un momento delicado para la agenda económica entre Washington y Nueva Delhi. La administración estadounidense ha empezado a aplicar nuevos gravámenes de entre el 10 % y el 12,5 % a importaciones de decenas de países, después de que en julio expirara un arancel global temporal anterior. Ese giro se interpreta en India como una señal de presión negociadora, pero no como un cierre del diálogo. La simultaneidad entre medidas comerciales restrictivas y conversaciones diplomáticas refleja una dinámica habitual en la política comercial estadounidense, donde la presión tarifaria suele funcionar como palanca para acelerar concesiones en mesas bilaterales.
El Ejecutivo indio subrayó, además, el componente político de la conversación: Modi felicitó a Vance y a su esposa, Usha Vance, por el reciente nacimiento de su hijo. Más allá del gesto personal, Nueva Delhi busca proyectar continuidad en una relación que considera central para su estrategia exterior. En los últimos años, India ha intentado consolidarse como socio clave de Estados Unidos en la región indopacífica, tanto por razones de seguridad como por el reordenamiento de las cadenas de suministro y la competencia tecnológica con China.
Las negociaciones comerciales, sin embargo, siguen abiertas y no han alcanzado todavía un punto de cierre. El pasado 13 de julio, el Gobierno indio aseguró que las conversaciones continuaban sin “mayores obstáculos”, después de que el ministro de Comercio e Industria, Piyush Goyal, negara que Nueva Delhi hubiera rechazado un acuerdo interino. Goyal afirmó entonces que ambas partes seguían comprometidas con un pacto “equilibrado, comercialmente viable y que genere beneficios tangibles”, tras las reuniones mantenidas en junio en Nueva Delhi con el representante comercial de EE.UU., Jamieson Greer.
La parte india ha defendido que la demora responde a la necesidad de ajustar una “nueva arquitectura de tasas” que permita a sus exportadores conservar una ventaja comparativa frente a otros competidores asiáticos. Esa formulación revela el principal punto de fricción: India no quiere un acuerdo que solo reduzca barreras de forma parcial, sino uno que preserve su competitividad exportadora en un escenario regional cada vez más exigente. Para Washington, en cambio, los nuevos aranceles amplían el margen de presión sobre sus socios mientras trata de redefinir su política comercial con criterios más transaccionales.
