El Atlético de Madrid ha oficializado el traspaso de Nahuel Molina a la AS Roma, una salida que puede reportar hasta 17 millones de euros, variables incluidas. El acuerdo pone fin a cuatro temporadas del lateral argentino en el Metropolitano y refuerza la estrategia rojiblanca de generar recursos antes de abordar nuevos movimientos en el mercado.

Una venta funcional
Molina llegó desde el Udinese en 2022 y acumuló 181 partidos, nueve goles y 17 asistencias. Su continuidad bajo Diego Simeone confirma que fue una pieza útil, especialmente por su recorrido ofensivo y disponibilidad. Sin embargo, nunca consolidó la regularidad defensiva esperada ni una conexión estable con la grada, condicionada por errores puntuales y actuaciones desiguales.
La operación tiene un valor deportivo y financiero. El Atlético convierte en ingreso relevante a un jugador con protagonismo, pero sin condición de indiscutible, y libera espacio en una defensa en plena reconfiguración. La próxima oficialización de la venta de Matteo Ruggeri al Aston Villa, por 25 millones de euros, elevará todavía más la capacidad del club para intervenir en el mercado.
El principal objetivo es Cristian “Cuti” Romero. La salida de Molina no financia por sí sola una operación de esa magnitud, pero forma parte de una secuencia coherente: reducir piezas, aumentar liquidez y reformar una línea defensiva que el Atlético considera prioritaria. Roma, por su parte, incorpora experiencia internacional y un lateral de proyección ofensiva, asumiendo el reto de darle la estabilidad que no terminó de encontrar en Madrid.
