CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Miguel Mancera Aguayo, quien encabezó por primera vez al Banco de México (Banxico) bajo el régimen de autonomía, falleció a los 93 años, informó la exministra Olga Sánchez Cordero. Su trayectoria quedó vinculada a la transformación institucional del banco central y a la crisis económica que estalló en diciembre de 1994, uno de los episodios financieros más severos de la historia contemporánea de México.
Sánchez Cordero dio a conocer la noticia mediante una publicación en la red social X, antes Twitter. En el mensaje describió a Mancera Aguayo como una figura relevante para la estabilidad económica del país y destacó su desempeño durante la modernización monetaria nacional.
“Despedimos, a sus 93 años, a Don Miguel Mancera Aguayo, pieza clave en la estabilidad económica de nuestro país”, escribió la exministra. También resaltó su “rigor técnico, institucionalidad y vocación de servicio”, así como su influencia en el servicio público y en la academia, particularmente en el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM).

Una carrera ligada al banco central
De acuerdo con información del ITAM, Mancera Aguayo estudió la licenciatura en Economía en esa institución y posteriormente obtuvo una maestría en Economía por la Universidad de Yale, en Estados Unidos. Antes de consolidar su carrera dentro del sector público, trabajó entre 1953 y 1955 en el Banco de Comercio, actualmente BBVA México, y ejerció como profesor en el propio ITAM.
Su incorporación a la conducción de Banxico ocurrió en 1982, cuando el presidente Miguel de la Madrid lo nombró director general de la institución. En ese momento, el banco central formaba parte de la estructura del gobierno federal y sus decisiones se desenvolvían dentro de un marco institucional distinto al vigente en la actualidad.
La reforma que otorgó autonomía al Banco de México modificó esa relación. A partir de los cambios constitucionales y legales aprobados en la primera mitad de la década de 1990, la institución adquirió la responsabilidad prioritaria de procurar la estabilidad del poder adquisitivo de la moneda. Mancera Aguayo asumió entonces como el primer gobernador de Banxico bajo la nueva figura.
El desafío de diciembre de 1994
Su gestión estuvo marcada por la crisis económica que comenzó en diciembre de 1994, después del cambio de administración presidencial. El episodio incluyó una fuerte presión sobre el peso, una salida significativa de capitales, el ajuste del régimen cambiario y una contracción económica que afectó a empresas, trabajadores y familias.
La crisis tuvo múltiples causas y consecuencias. Entre los factores asociados al deterioro financiero estuvieron la acumulación de desequilibrios externos, la vulnerabilidad de instrumentos de deuda de corto plazo y la pérdida de confianza de los inversionistas. La posterior devaluación del peso incrementó el costo de las obligaciones denominadas en dólares y elevó las tasas de interés, lo que agravó los problemas de pago y el deterioro del crédito.
El impacto social fue amplio. Millones de mexicanos enfrentaron desempleo, reducción de ingresos, aumento de deudas y dificultades para mantener sus viviendas o negocios. El gobierno federal puso en marcha mecanismos de apoyo al sistema financiero y a los deudores, mientras que la economía atravesó una de las caídas más profundas de las últimas décadas.
La responsabilidad de Mancera Aguayo debe entenderse dentro de ese contexto institucional. Como gobernador del banco central, dirigió Banxico en un periodo en el que la autonomía todavía era reciente y sus atribuciones debían ejercerse en medio de una emergencia financiera. Su presencia en ese momento lo convirtió en uno de los funcionarios más identificados con la transición hacia un banco central con mayor independencia operativa, aunque las decisiones de política económica correspondieron a un conjunto más amplio de autoridades y circunstancias.
Autonomía y estabilidad monetaria
La autonomía de Banxico buscó separar las decisiones monetarias de los ciclos políticos y establecer un mandato centrado en la estabilidad de precios. El cambio pretendía limitar el financiamiento inflacionario del gasto público y fortalecer la credibilidad de la política monetaria. La transformación no eliminó las tensiones entre crecimiento, empleo, estabilidad cambiaria y control de la inflación, pero sí redefinió el papel del banco central dentro del Estado mexicano.
El periodo posterior a la crisis reforzó la importancia de esa función. Las autoridades monetarias tuvieron que enfrentar los efectos de la depreciación cambiaria, las presiones inflacionarias y la fragilidad del sistema financiero, al tiempo que buscaban recuperar la confianza en la moneda y en las instituciones. La experiencia de 1994 se convirtió en un referente para la evolución de los mecanismos de supervisión, comunicación y toma de decisiones económicas en el país.
Mancera Aguayo dejó la gubernatura de Banxico en 1998. Después se retiró de las actividades públicas, aunque mantuvo reconocimiento en ámbitos académicos y económicos. Su paso por el banco central coincidió con una etapa de cambios profundos: la consolidación de la autonomía institucional y la crisis que puso a prueba sus alcances desde el inicio.
Reconocimiento académico y debate público
El ITAM destacó su formación, su labor docente y su contribución a la vida institucional del país. La referencia de Sánchez Cordero a esa universidad también reabrió, de manera indirecta, una discusión política recurrente sobre el papel de las instituciones académicas en la formación de economistas y servidores públicos. El expresidente Andrés Manuel López Obrador criticó en distintos momentos al ITAM, al que señaló como un espacio asociado con los tecnócratas y con funcionarios del periodo neoliberal.
Más allá de esas disputas políticas, la trayectoria de Mancera Aguayo se desarrolló en una etapa en la que la política económica mexicana transitó de un modelo de mayor conducción directa del gobierno hacia instituciones con mandatos técnicos específicos. Su legado queda ligado a esa transformación y a la gestión de uno de los momentos más difíciles para las finanzas nacionales, mientras Banxico continúa desempeñando un papel central en la estabilidad monetaria del país.
