Alemania cerró el primer semestre de 2026 con un déficit comercial con China de unos 55 mil millones de euros, un salto frente a los 40 mil millones del mismo periodo de 2025. La señal es más que contable: el mercado chino compra cada vez menos industria alemana, mientras Alemania absorbe más bienes fabricados en China.

Las exportaciones alemanas a China cayeron más de 12% y bajaron a poco menos de 37 mil millones de euros, hasta desplazar al país asiático al noveno puesto entre sus destinos. El retroceso refleja una China con menor demanda externa, más producción propia y menos dependencia de proveedores europeos. Al mismo tiempo, las importaciones desde China subieron 8.9% y alcanzaron 91 mil 800 millones de euros.
El cambio golpea al núcleo industrial alemán. Con presión de los aranceles de Estados Unidos y competencia china más sólida, sectores como el automotriz enfrentan un ajuste doble: venden menos fuera y compiten más dentro. Para Berlín, el reto ya no es solo exportar más, sino sostener su peso en cadenas globales donde China fabrica cada vez más de lo que antes compraba.
