Los resultados económicos reportados por la Secretaría de Hacienda para la primera mitad de 2026 no surgieron de manera aislada. Su origen se remonta a la combinación de decisiones adoptadas desde finales de la administración anterior y reforzadas por la actual presidencia de Claudia Sheinbaum. El control de precios de combustibles y productos básicos, impulsado como respuesta directa al conflicto en Medio Oriente, permitió que la inflación descendiera hasta 3.6 por ciento en junio, el nivel más bajo registrado en el periodo reciente. Esta trayectoria se explica por una política que priorizó la estabilidad de insumos estratégicos antes que la aplicación de ajustes monetarios más agresivos.
La captación de 41 mil millones de dólares en inversión extranjera directa durante 2025 situó a México entre los diez países más atractivos del mundo para el capital productivo. Este flujo respondió tanto a la cercanía geográfica con Estados Unidos como a la continuidad de reglas fiscales predecibles que se mantuvieron a pesar de las tensiones comerciales globales. El intercambio bilateral con ese país alcanzó 839 mil millones de dólares, cifra que refleja la profundización de las cadenas de suministro establecidas tras la entrada en vigor del T-MEC.

Continuidad de políticas fiscales y respuesta internacional
El incremento sostenido del salario mínimo, que colocó a México por encima de otros países de la región en términos de poder adquisitivo real, actuó como ancla para el consumo interno. Hasta abril de 2026 este rubro mostró un crecimiento anual de 2.1 por ciento, impulsado por la recuperación del empleo formal y la ausencia de presiones inflacionarias significativas sobre la canasta básica. La tasa de desempleo más baja entre los miembros de la OCDE, compartida únicamente con Japón, confirma que la demanda laboral se mantuvo sólida incluso en un entorno de enfriamiento manufacturero global.
La actividad industrial registró un avance de 2.1 por ciento y alcanzó su mejor nivel desde octubre de 2024. Este comportamiento se vincula directamente con la relocalización de plantas automotrices y de equipo médico que habían iniciado su traslado desde Asia años atrás. Las exportaciones acumuladas hasta mayo, por 723 mil millones de dólares, evidencian que la integración productiva con el mercado estadounidense compensó la debilidad observada en otras regiones.
Repercusiones sectoriales y en el tejido social
El crecimiento de la inversión fija bruta en 5.9 por ciento anual se concentró en sectores como energía renovable y logística. Empresas que ya operaban en el norte del país ampliaron sus instalaciones para atender pedidos adicionales de componentes electrónicos, lo que generó empleos directos en estados como Nuevo León y Chihuahua. Esta expansión redujo la presión migratoria interna hacia las zonas metropolitanas y permitió que municipios medianos retuvieran población joven con salarios formales.
El control de la inflación también tuvo efectos redistributivos. Al mantenerse dentro del rango objetivo del Banco de México, los hogares de menores ingresos evitaron la erosión que históricamente sufrían cuando los precios de alimentos subían por encima del promedio. Programas de apoyo al campo y subsidios focalizados a fertilizantes contribuyeron a estabilizar el precio del jitomate y otros productos básicos, evitando el efecto dominó que se observó en economías europeas durante el mismo periodo.
Trayectoria de largo plazo y riesgos latentes
La posición de México como socio comercial privilegiado de Estados Unidos abre la posibilidad de atraer proyectos de mayor valor agregado en semiconductores y baterías para vehículos eléctricos. Sin embargo, esta misma dependencia exige mantener la competitividad en logística y certidumbre jurídica. Cualquier deterioro en la percepción de estabilidad institucional podría desplazar flujos hacia otros destinos de América del Norte que compiten por los mismos capitales.
El consumo de las familias, que mantiene una tendencia positiva, dependerá en los próximos trimestres de la evolución del empleo en la industria exportadora. Si las tensiones comerciales entre Estados Unidos y China se intensifican, las órdenes de producción podrían ajustarse a la baja y afectar la capacidad de gasto de los trabajadores del sector manufacturero. Las autoridades han señalado que los incentivos para estabilizar precios de energía seguirán vigentes, pero su costo fiscal requerirá vigilancia para no comprometer otras prioridades presupuestales.
La combinación de baja inflación, récord exportador y atracción de capital extranjero configura un escenario favorable para la planeación de mediano plazo. No obstante, la sostenibilidad de estos indicadores dependerá de la capacidad para traducir el superávit comercial en mejoras estructurales de productividad y en una distribución más equilibrada de los beneficios entre regiones y grupos de ingreso.
